*Lic. Jaime Calderón
Tomándole el pulso al comportamiento de los políticos de nuestra nación y poniéndolos a tono con el pánico impuesto por alguien que lejos de entender los escritos mayas, ha mal interpretado las cuentas hechas hace muchos años por nuestros ancestros, sin pensar que habría iluminados del siglo veintiuno que llevados a saber por qué intereses, provocarían que muchos habitantes de la tierra ahora crean que en el 2012 se va a acabar el mundo.
Pero en esta guanaxia imberbe, poblada por mucha gente que se niega a salir de la oscuridad, las actitudes de algunos políticos muestran que a algunos que pertenecen a esta clase privilegiada, les valga un pepino cualquier predicción y siguen haciéndose los “Juan Vendemela” mostrando que no creen ni siquiera en el Dios de Israel y mucho menos van a creer en algo que tenga que ver con nuestros genuinos dioses.
Así vemos que en la suciedad que nos toca vivir todos los días y el relajo que tenemos que soportar en el centro histérico de la capital, en donde hasta el que vende su alma al diablo tiene alto parlantes y las ordenanzas municipales no se aplican, las tales predicciones no calan, ya que el municipio que ahora es gobernado por un partido tricolor (azul, amarillo y blanco) se niega a cumplir sus promesas de bóvedas y metrobuses, porque los muy pícaros decidieron guardarse el pisto por aquello de las dudas y solo invierten en pintar una cuneta, encementar una acera, y después de que los votantes criollos y centroamericanos los creyeron salvadores de la gran ciudad, ahora los ven simplemente como los timadores peluqueros salvatruchas, porque pelonean cuanto parque se les ocurre, timando a la mapachada con el slogan de San Salvador es tu casa, sembrando palmeras donde había ceibas y almendros de río, lapidando con cemento tanta área verde que servía de filtro de aguas lluvias, para que la gran capital en algunos años sea la nueva caldera del diablo.
Mientras tanto los votantes que eligieron a los falsos metrobuseros y señores de las monumentales bóvedas, tienen que ingeniárselas todos los días para sortear los grandes baches que adornan las calles capitalinas, y hasta los trasnochadores se quejan del mal alumbrado público en muchas calles que ahora generan más inseguridad.
Ahora los capitalinos y capitalinas sufren más por los cientos de vendedores ambulantes que nacieron a la luz de los despidos de mas de ochocientos empleados municipales, quienes de forma ingenua e inofensiva, sin que ningún partido político los defendiera de jugadas sucias, se tuvieron que enfrentar solitos, a la corrupción de algunos jueces de lo laboral que utilizando las leyes en contra de los pobres, manosearon los casos dándole la razón y los beneficios a la municipalidad, dejándolos sin ninguna compensación y mucho menos sin derecho a las indemnizaciones que por ley debió dárseles.
Y que decir de la gran cantidad de delincuentes que tuvieron que originarse desde los fatídicos desalojos al estilo escuadronero, implementados por las luminarias políticas del gran concejo municipal, que con acciones violentas e inhumanas, mandaron a miles de pequeños comerciantes a comerse las uñas, después que los quitaron de donde vendían un poquito para hacer sus vidas menos dolorosas y que vieran ellos como sobremorían en medio de tanta inseguridad y pobreza generada por casi doscientos años de mandos derechistas.
El panorama del gran San Salvador es penoso, porque el peluquero salvatrucha que ahora se cree también la ley en asuntos electorales, en vez de aplicar las ordenanzas municipales contra el ruido y levantar tanto taller mecánico que se ha posesionado de las maltrechas aceras, inventa ordenanzas para quitar propaganda exclusivamente roja, violentando las leyes electorales, apelando a la ignorancia de la población que de forma entusiasta se conforma con que le pinten las cunetas, le peloneen los parques, le encementen las áreas verdes y le regalen delantales chabela, vasos plásticos y otras tonteritas al estilo de los españoles que se bajaron nuestras joyas y preseas a cambio de los espejitos que les dieron a nuestros ancestros.
Bien se ve que quienes gobiernan la capital, no creen en pajaritos preñados ni predicciones mayas, porque si creyeran aunque sea un poquito, para resarcirse de sus errores y que las leyes divinas les salven de las supuestas catástrofes inventadas por los terroristas apocalípticos, hubieran invertido el gran capital obtenido de los criminales impuestos y tasas municipales en las obras que prometieron, en vez de andar sembrando muerte por todos lados con sus monumentales torres receptoras y transmisoras de señal energética de gran peligro para quienes por fuerza tienen que convivir con esa amenaza de contaminación a la salud pública, beneficiando a las transnacionales de la telefonía que se sirve en la caperuza que tampoco creen en los falsos profetas que trastocan la cultura maya.
*ocurrente colaborador



