Eduardo Badía Serra
No sólo los sabios aconsejan. Muchas veces, de la persona más sencilla puede recibirse el mejor consejo, sobre todo si esta es ya una persona mayor, sabia no por la erudición sino por la vida misma. También hay hombres que sin ser sabios promueven la sabiduría. Nosotros tuvimos uno de estos en Don Alberto Masferrer, el maestro nacido en Tecapa, hoy Alegría, en 1868, y fallecido en el exilio, (¡fíjese usted, un hombre como Masferrer exiliado de su propia patria!), en 1932, año nefasto y crudo para el país. Masferrer no era un santón de las letras, como Gavidia, pero sí alguien que buscó borrar las desigualdades sociales sin llegar a los extremos a los que nos quieren llevar ahora tanto aquellos dinosaurios de derecha convertidos en izquierdistas democráticos, como aquellos radicales de izquierda vueltos ahora hacia la derecha progresista. Masferrer era práctico y realista, aunque por supuesto, tales intenciones como las suyas suelen terminar en utopías irrealizables. Si alguien aconsejó a su pueblo, y sobre todo a sus gobernantes, en su momento, fue él. Mucho tenemos que aprender de lo que dijo, si quisiéramos. Por ello, y como de esto se trata ahora, yo, ¡cedo la palabra! a Don Alberto Masferrer, el maestro, el político, el filósofo, el sociólogo, el diplomático, que afirmaba que había que “defender antes que nada la libertad ajena para poder después defender la propia”.
Extrae don Luis Alonso Aparicio, pedagogo también, en su libro “Alberto Masferrer, pedagogo-político”, de los propios escritos de Masferrer, algunos de sus ideales: “Dame lo real donde me baste para conservarme humilde, para no volverme loco, para no dejarme aprisionar por la soberbia, para no ultrajar a la naturaleza; pero no me cortes las alas, no impidas que mire hacia arriba…..Gloria de ser útiles, gloria de limpiar conciencias, gloria de ser caballeros de la justicia, castigadores de lo negro, es gloria excelsa que nos lleva a la diestra de Dios Padre…..La vida del varón justo; las proezas del batallador humilde: las del guerrero que no lleva en el pecho un hervidero de bajas ambiciones; las del sabio, las del artista, las del poeta, encaminadas al bienestar de sus semejantes, serán nuestra enseña, el libro en que aprendamos el evangelio de la libertad…..Seamos nobles, hombres, demos nuestro tiempo, nuestra energía, nuestras ideas, nuestro dinero y salgamos de la condición de ostras…..Tal como la vida se halla organizada en nuestro tiempo, un pueblo analfabeto será, sin remedio, el esclavo de un grupo de perversos de su propio suelo….”.
¿Actual la doctrina y el pensamiento, vistos como reclamo, de Don Alberto Masferrer? ¡Por supuesto que sí! ¿O acaso no hay ahora mismo hombres que no tienen más que una mera condición de ostras, ahogados en su propio afán de acumular a costa del sufrimiento de sus prójimos?; ¿o acaso no hay quienes abandonan su condición de humildad y se vuelven locos al caer presos de su soberbia?; ¿o acaso no nos encontramos saturados de guerreros que no llevan en sus pechos otra cosa más que un hervidero de bajas ambiciones?; ¿o acaso no ignoramos a aquellos que tratan de que aprendamos el evangelio de la libertad, esto es, nuestros sabios, nuestros artistas, nuestros poetas, que los tenemos, aunque ignorados y desamparados?; ¿o acaso no somos esclavos de un grupo de perversos de nuestro propio suelo? Vea usted lo que decía Masferrer en La Misión de América, obra en la que se advierte alguna influencia, o al menos algún paralelismo, con José Vasconcelos y con José Ingenieros, muy positivos por cierto: “Desvanecida para siempre la ilusión de que la inteligencia proviene de la casta, de la sangre, del dinero, de la fuerza física, del gremio o del número; y siendo la función de conducir y regir los pueblos la que requiere más inteligencia, más conocimiento, más prudencia, más juicio y más bondad, no veo de dónde si no es de las universidades pueden salir las clases dirigentes que se necesitan para definir y organizar la Nueva Cultura”. ¿No es acaso lo anterior, entre otras cosas, un llamado de atención a estas instituciones para que cumplan su misión y no retuercen sus propios objetivos y sus propios deberes?
Ha pasado casi un siglo desde que Don Alberto Masferrer escribió su Mínimum Vital. “Cuáles, decía entonces, son, reducidas al mínimum esas necesidades primordiales, vitales, supremas, sin cuya satisfacción no hay más que debilidad, degeneración y aniquilamiento? Tal como las comprendemos nosotros, son estas: 1. Trabajo higiénico, honrado y remunerado con justicia; 2. Alimentación suficiente, variada, nutritiva y saludable; 3. Habitación amplia, seca, soleada y airada; 4. Agua buena y bastante; 5. Vestido limpio, correcto, y buen abrigo; 6. Asistencia médica y sanitaria; 7. Justicia pronta, fácil e igualmente accesible a todos; 8. Educación primaria y complementaria eficaz, que forme hombres cordiales, trabajadores expertos, y jefes de familia conscientes; 9. Descanso y recreo suficientes y adecuados para restaurar las fuerzas del cuerpo y del ánimo”. ¡Qué terrible! A casi un siglo de que eso fue escrito, y luego de matanzas, guerras, revueltas, exilios, represión y política, ¡sí!, ¡mucha política!, ¿Qué de ese mínimum hemos logrado?
Cuando algunos le insinuaron que se proclamara candidato a la presidencia de la República, Masferrer, antes de aceptar, quiso consultar con el pueblo, exponiéndole lo que podría ser su programa. Entiendo que al final no aceptó. Pero dijo algo que es realmente un mensaje vivo y sonoro: “ Dice Goethe, hablando de los anhelos del hombre, que sale temprano por la mañana en busca de una golondrina, y gracias a eso regresa por la tarde con una lagartija. Yo me resignaría a no coger la golondrina, y me conformaría con otro pájaro cualquiera, ‘que volara de veras’. Para volver con una lagartija, mejor no salir.
He cedido la palabra. Esta vez, a Don Alberto Masferrer. Mucho nos ha dicho y mucho debiéramos con ello de reflexionar. Pero bien, quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga razón para entender, que entienda.
Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.



