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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:35 h.

Martes, 24 de Enero de 2012 / 08:38 h

La voz de la academia y la voz de las pistolas

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Carlos Giron S.

Todo el mundo sensato y de consciencia viva ha dado su aprobación al perdón pedido por el presidente Mauricio Funes, en nombre del pueblo salvadoreño y del Estado, por las víctimas y deudos de la masacre perpetrada por el ejército, en diciembre de 1981, contra las comunidades de El Mozote, donde, como se ha repetido hasta la saciedad, fueron brutalmente asesinados más de 1,000 campesinos, incluidos numerosos niños y niñas de corta edad. El genocidio fue perpetrado con lujo de crueldad y barbarie:   encerraron a una parte de ellos en la iglesia y le prendieron fuego…  y a otros fue como que los pusieran en el paredón y los fusilaron… a sangre fria…  Espeluznante.


Con todo acierto, el padre José M. Tojeira, pasado rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, ha comparado tales horrendos hechos con los masivos exterminios de los nazis en los campos de concentración de Dachau y Auschwitz, en Polonia y Alemania, donde miles de judíos fueron asesinados enviándolos a las cámaras de gas.


En las columnas de La Prensa Gráfica el amigo Don David Hernández ha recordado que, en 1970, sin el menor rubor, el canciller alemán Willy Brand tuvo un gesto como el de Funes, llegando a Varsovia a pedir perdón ante el mundo por aquellas atrocidades de los nazis y como un desagravio a las víctimas y sus familiares.


Así lo ha hecho Funes en un gesto hidalgo, y a nombre de todos los salvadoreños, pues es quien legítimamente –por ser Presidente constitucional— nos representa, no sólo internamente, sino también afuera, ante la comunidad mundial. Querer regatearle, escamonearle o negarle ese derecho es simplemente tonto. Y estupidez es, además, el retarlo públicamente, faltándole así el respeto que merece. Esa, esa es la voz sorda y estentórea de las pistolas, acostumbradas a imponerse cuartelariamente “¡porque así lo digo y quiero yo!” .


Qué distinta la voz de la academia, que habla con mesura y razón, como cuando dice: “A las víctimas del Mozote les gustó el discurso de Mauricio Funes. Es suficiente para decir que es bueno”.


Sobre el respeto que merece el gobernante, el propio Ministro de Defensa José Atilio Benítez ha recordado a esos mandones el respeto que se debe profesar al Presidente de la República, Mauricio Funes, como igualmente a cualquier otro precisamente por su condición y más aún porque es el Comandante General de las Fuerzas Armadas, guste o no guste. Y, a propósito, si Funes tuviera alguna levadura de dictador, en esta su otra condición perfectamente podría mandar a que su retador causara alta y ser enjuiciado o por lo menos darle un jalón de orejas.


Algo que tampoco ha gustado a quienes se sienten culpables de los excesos abominables que cometieron durante el conflicto armado, es la orden dada por el Comandante General de la FAES para que se haga una revisión histórica de la institución armada, lo que significa, entre otras cosas, no seguir rindiendo honor como “héroes” a algunos de los que estuvieron involucrados en aquellos crímenes repugnantes, como fue el caso del coronel Domingo Monterrosa, José Azmitia, y otros, a quienes Funes mencionó por su nombre, tal como aparecen consignados en el documento de la Comisión de la Verdad, relativo al conflicto. Se comenzará sin duda por desmontar todo un museo en el cuartel del Zapote dedicado a Monterrosa, así como quitarle su nombre a la 3ª. Brigada de Infantería de San Miguel. Y esto se hará por ser una orden del más alto jefe del ejército salvadoreño en la actualidad.


Sin duda, la acción del Presidente Funes en el Mozote es un hecho histórico que dignifica al pueblo salvadoreño por ser su representante, pues éste, el pueblo, se conmovió hasta el tuétano cuando se enteró de los hechos macabros cometidos en aquel lugar y en aquel tiempo, hechos que habían mantenido sepultado los anteriores gobiernos de los 20 años, lo que en cierto modo los volvería cómplices pasivos de aquellas tragedias.


Nuestro comentario no es querer quemar incienso ante el gobernante, sencillamente porque no lo necesita. Simplemente él ha cumplido con un mandato de conciencia tanto personal como colectiva. Por ello el pueblo honesto le aplaude, le agradece y le respalda.


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