Sigfrido Reyes, presidente de la Asamblea Legislativa . Foto Diario Co Latino / Ricardo Chicas Segura
Zoraya Urbina
Redacción Diario Co Latino
Sigfrido Reyes, Presidente de la Asamblea Legislativa, considera que en el contexto de la celebración del Vigésimo Aniversario de Los Acuerdos de Paz, se debe seguir un proceso de reconciliación basado en la verdad y la justicia, y a partir de eso vendrá el verdadero perdón.
El legislador conversó con Diario Co Latino y ofreció una sucinta reflexión sobre la reciente conmemoración, en la que el Presidente de la República, Mauricio Funes, ofreció un acto desagravio in situ para las víctimas de la masacre de El Mozote, Morazán.
-¿Qué opina de la conmemoración de los Acuerdos de Paz?
Creo que el estado salvadoreño, en sus diversas ramas, y la sociedad salvadoreña, hemos hecho una celebración digna de esa fecha. Creo que se han hecho actos necesarios de justicia, de desagravio, de pedir perdón y de demanda de que pongamos fin a la impunidad y que eso constituya la base para que como sociedad podamos ver hacia el futuro, sobre una base firme de verdad que abra paso a una auténtica reconciliación de la sociedad salvadoreña. Creo que eso es lo que tenemos que hacer, tenemos que sentarnos de una manera seria en una reflexión muy profunda sobre el futuro de este país y buscar nuevos acuerdos, nuevos entendimientos, pero no se puede lograr esa unificación de la sociedad salvadoreña, sin antes haber saldado las cuentas con el pasado y haber superado esa herida que todavía sangra en la sociedad salvadoreña producto de la impunidad.
Yo espero que los mensajes que se dieron el pasado lunes sean motivo de una reflexión, que den lugar a una discusión colectiva y finalmente a la toma de decisiones, aquí todos tenemos que tomar decisiones, incluyendo el Ejecutivo, las Fuerzas Armadas, el sistema de justicia, la Asamblea Legislativa, los sectores claves de este país y creo que ese es el gran mensaje que queda de las celebraciones del Vigésimo Aniversario.
- ¿Qué opinión le merece el discurso del Presidente Funes y las reacciones que ha provocado, como el caso del Coronel Sigifrido Ochoa Pérez, que ha dicho que el Presidente no tiene por qué pedir perdón y debería también pedir perdón por los crímenes que cometió el FMLN?
Mire, que bueno que ahora, el señor Ochoa Pérez, a quien el Presidente Funes lo dejó de Embajador por varios meses, en Tegucigalpa, Honduras, cuando el señor Ochoa Pérez se vestía con piel de oveja y en aquel tiempo decía representar orgullosamente al Gobierno del Presidente Funes, parece que ya se le olvidó que él fue representante de este Presidente, nombrado por este Presidente, parece que la memoria del señor Coronel Ochoa Pérez es muy corta, eso como un comentario al margen de la esencia de sus palabras.
Yo creo que el Presidente Funes no es jefe de ningún partido, y entiendo que no quiere serlo, él es Jefe de Estado, en virtud de la Constitución, él ha pedido perdón por las atrocidades cometidas por el Estado salvadoreño a través de brazos armados del Estado como era la Fuerza Armada de aquel entonces, los mal llamados cuerpos de “seguridad”, bajo la protección del estado, él ha pedido perdón porque se cometieron crímenes detestables contra la vida, contra la dignidad de seres humanos indefensos, por parte de agentes del Estado y es lo correcto; lo ha hecho, no sólo cumpliendo con un mandato de una corte internacional, como es la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sino también porque cualquier Jefe de Estado que pretenda tener autoridad moral sobre la sociedad que lo ha puesto ahí, está obligado a pedir perdón por esos crímenes, que no se cometieron evidentemente durante su gestión, pero el Estado salvadoreño tiene una continuidad histórica, no hay varios estados salvadoreños hay un solo estado que surge desde nuestra Independencia patria y, que se mantiene por ya casi 200 años y en cualquier momento que un Jefe de Estado habla, en nombre de ese Estado, no de un gobierno; un gobierno se elige para cinco años, el Estado es permanente y me parece que el acto de pedido de perdón, el acto de reparación y, espero yo también, que el discurso vaya mas allá de la reflexión.
- A partir de las declaraciones del Coronel Ochoa Pérez, que decía que representa a una buena parte de la derecha salvadoreña, ¿cree que hay algún peligro de desestabilización para el Gobierno?
No, yo pienso que el señor Ochoa Pérez representa a un sector trasnochado de la derecha, a un sector muy asociado al pasado, a ese pasado de sangre y de impunidad, a ese pasado asociado con la represión, con las peores violaciones a los Derechos Humanos, a ese pasado a que El Salvador nunca va a volver, a pesar de los deseos de mentes trasnochadas, antihistóricas.
Yo pienso que la sociedad salvadoreña de manera global nunca va a desear volver a ese pasado, yo creo que estamos viendo hacia adelante, sin dejar de reconocer que para avanzar, tenemos que saldar cuentas con la historia y no como un acto de revanchismo, de venganza, sino simplemente reconociendo lo que sucedió, documentado todo esto por una comisión imparcial de la Organización de las Naciones Unidas, surgida de Los Acuerdos de Paz y, que lo que se esta demandando es que haya justicia y se ponga fin a la impunidad. A mi particularmente no me interesa ver a ningún represor metido en Mariona o en Zacatraz, suficiente con que la sociedad sepa la responsabilidad de “X o Y” individuo en la comisión de gravísimos crímenes de lesa humanidad, contra personas indefensas, contra niños, contra ancianos, contra mujeres, que se reconozca que aquí se practicó la tortura, las desapariciones forzosas, el asesinato político, el exterminio masivo de opositores y que los que tuvieron responsabilidad personal sean claramente identificados para que nuestra juventud, y nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones sepan que en este país hubo un momento tenebroso, donde todo esto se hizo y, se hizo en nombre del Estado; no nos interesa ver gente presa, no creo que ese sea el ánimo, es simplemente que para que generemos un auténtico proceso de reconciliación, la base sea la verdad y la justicia y a partir de eso el auténtico perdón en el más genuino y cristiano sentido de la palabra.



