Wiliam Martínez realiza una plegaria en el monumento en homenaje a las víctimas.
Gabriela Castellón Fajardo
Redacción Diario Co Latino
“¡Bienvenido/a a El Mozote!”, dice Antonio Castro, de 67 años, cada vez que alguna persona cruza la mirada con la de él. Este 16 de enero de 2012 ha venido a presenciar el acto oficial del Gobierno de El Salvador, en el marco de la conmemoración de la Firma de los Acuerdos de Paz.
Antonio es muy sonriente, y con su mirada le exige una sonrisa de regreso a todo el que pasa frente a él. Viene de Meanguera, hace casi 31 años, un diciembre de 1981, perdió a su familia en el Cerro Pando, en la masacre más grande ejecutada durante el conflicto armado, conocida como la de El Mozote.
Este día caluroso de enero, en Morazán, 20 años después de la firma de los Acuerdos de Paz, Antonio escucha con mucho interés el discurso del Presidente de la República, Mauricio Funes. Escucha, frunce el ceño, hace un puchero que refleja tristeza y, finalmente, sonríe. Sonríe y aplaude.
La razón por la que Antonio aplaude es el mensaje del presidente de izquierda, quien también es el primer Presidente de la República en llegar a esa tierra teñida de sangre durante el conflicto. Funes acaba de pedir perdón y acaba de reconocer, como Estado salvadoreño, que allí hubo una masacre que dejó casi mil fallecidos, de los cuales aproximadamente 450 eran niños.
“Este pedido de perdón no pretende borrar el dolor”, dice el mandatario. Antonio calla. Él tiene mucho dolor.
En 1981, él perdió a su familia en una cadena de masacres de tres días y tres noches que abarcó a los cantones El Mozote, La Joya y Los Toriles, incluyendo aldeas aledañas.
Por primera vez en más de tres décadas de haberse perpetuado dicho acto de barbarie, a manos del Ejército, los casi mil asistentes al acto oficial del Gobierno guardan un minuto de silencio por las víctimas. Es un minuto histórico.
“Aquí aún hay sepulcros que no se exhumaron”, dice, y asegura que los cuerpos de sus seres queridos: Aurelia Ramírez, Susana Ramírez, Heriberto, Dina y Josesito siguen allí, en algún lugar de la tierra del cantón Cerro Pando.
Antonio dice que estuvo durante la guerra “en el bando del pueblo”.
También dice que la gente masacrada fue engañada por el Ejército y luego masacrada. Pero este 16 de enero, Antonio dice que tiene esperanza, que el discurso presidencial es una luz y que ya pasó mucho tiempo y es hora de que “den respuesta”.
“La masacre fue en 1981 y, hasta ahorita, nadie sabe lo que quiere ni ha recibido respuesta”, señala; pero enfatiza en que “vamos por un buen camino, un camino que nos puede dar respuestas”.
“Se van a sentar precedentes. Tengo fe. Mire a dónde está el presidente (Funes) ahora. ¡Aquellos (los presidentes anteriores) eran ‘huyones’! Aquí está la verdad, en Morazán, aquí está”, señala.
Antonio, como muchos de los familiares de las víctimas, quieren respuestas. La representante de las víctimas de El Mozote en este acto, Dorila Márquez, deja claro que no hay resentimiento y que quieren saber la verdad.
“Nosotros no guardamos rencor. Queremos perdonar, pero tenemos que saber qué y a quién”, dijo Dorila.
Al finalizar la tarde de este lunes 16, El Mozote fue reconocido y recibió lágrimas por recuerdos de los presentes, incluidas las del mandatario.
El Mozote, además, fue nombrado como “Bien Cultural”. Todo, en una lucha de perpetuar la memoria histórica. Una memoria dolorosa que busca justicia.



