FRANCIS FANCI
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Alguien dijo una vez que esta sociedad devora héroes y defeca monstruos; recordé esta frase leyendo en Co Latino la lista completa de los masacrados en El Mozote. La lista fue publicada completa, pero no pude leerla en su totalidad, pues la conmoción y el dolor me lo impidieron. El experimentar indignación y asco me hizo sentir humano, repudiando el actuar de esas bestias infra-humanas que al amparo de lemas y consignas abundantes en palabras como: “honor”, “valor”, “heroísmo”; pudieron fríamente ordenar acribillar a balazos a criaturas de meses de edad, a niños de dos, cuatro, cinco, diez años; que bien pudieron tener la misma edad que la de los hijos de los asesinos.
Después de las masacres que ellos llamaban: “combate” para disfrazar la cobardía, regresaban a sus cuarteles y las bestias se recompensaban por su hazaña, viendo bailar mujeres desnudas.
Actualmente, más por miedo que por convicción, muchos de esos criminales “han aceptado al Señor”, pero lo que estos ignoran es que el Señor no los ha aceptado a ellos; pues: “Los pecados contra el Espíritu Santo no tienen perdón en esta vida, ni en la otra”; y los pastores mercantilistaa, vendedores del más intangible de los productos: la salvación, le dicen a su rebaño (o ganado, hato o recua) que los pecados contra el Espíritu Santo son las blasfemias, como si al Eterno y Todo Poderoso le afectara la blasfemia de un minúsculo mortal. Son el asesinato y el hacer a un inocente perder su inocencia, los pecados irreversibles, los que no se pueden reparar, los que no se pueden perdonar; así, pueden desgañitarse alabando al Señor, asistir a un millón de misas, pasearse con la Biblia bajo del brazo; que de nada les servirá en el momento de la verdad, es decir, a la hora de la muerte cuando en su agonía escuchen de nuevo los llantos de los niños y los gritos de las madres. Como suele decirse, hechor y consentidor comparten la culpa por igual, la maldición alcanzará a los que apoyaron, sustentaron y financiaron estas demenciales carnicerías ¡Ah! Y no es porque yo lo diga ¡ASÍ ES LA LEY DIVINA!
*(Frase repetida angustiosamente por Marcelo Galio, loco por el remordimiento por haber crucificado a Cristo, en la novela: “La Túnica” de Lloyd C. Douglas; “El Manto Sagrado”, en el cine).
PAZ Y AMOR.



