Licda. Norma Guevara de Ramirios
El lunes 16 de enero se cumplen 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz suscritos entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN y el gobierno de El Salvador de entonces. Un tiempo importante para esforzarnos en el conocimiento y comprensión de las nuevas generaciones sobre el acontecimiento en sí, pero sobre todo en el proceso precedente y las consecuencias del mismo.
El dialogo como recurso político, la solución política negociada entre las partes en conflicto y la paz con justicia social fueron asumidas como la exigencia principal de todas las organizaciones e instituciones que existían y que se recreaban, el liderazgo socio religioso unificador de tal exigencia la expresaba con nitidez el Arzobispo Arturo Rivera Damas, reconocido después de su fallecimiento por el Concejo Municipal de San Salvador como “Artesano de La Paz”. Igual empeño pusieron en esa vía los sacerdotes jesuitas que inspiraron el agrupamiento de todas las fuerzas sociales en un movimiento denominado CPDN, del cual fueron parte activa las iglesias cristianas históricas (Luterana, Bautista, Episcopal y otras).
Los sindicatos y cooperativas, movimientos juveniles y estudiantiles, de madres, de maestros, de campesinos y repobladores, de refugiados en albergues de iglesias y hasta partidos políticos recién fundados tenían como referente interno de su aspiración de paz con justicia social al Comité Permanente del Debate Nacional por la Paz. Su último Presidente fue el reverendo Edgar Palacios y desde estos movimientos unificados se incidió después en los contenidos de la negociación política. La Comandancia General del FMLN a través de su Comité Exterior o de la Comisión Política Diplomática buscaba la relación y el conocimiento de los aportes y de la fuerza de un movimiento interno y nacional insuficientemente valorado después de la firma de los Acuerdos de Paz que jugó un papel decisivo.
La UNTS, el Movimiento Pan Paz y Libertad MPTL, eran parte de esta fuerza social y política con mayores niveles de exigencia. Esta profundización de la participación política de las fuerzas sociales posiblemente estimuló la incorporación de los partidos políticos que tenían reconocimiento legal, ellos se unieron a la tendencia de buscar un arreglo favorable para todos mediante la negociación; surgió la INTERPARTIDARIA, y, con la legitimación de la demanda de negociar y el crecimiento de esta postura política estimulada por las reuniones en Ayagualo y La Nunciatura, se produjeron reuniones de partidos políticos con el FMLN, con ellos en Caracas, se estableció la agenda inicial de la negociación. En el principio era un listado de problemas a resolver, que fueron asumiendo contenido hasta convertirse en los acuerdos pactados.
Fuerza Armada, Reformas Constitucionales, Sistema Electoral, Derechos Humanos, eran parte de esa agenda de negociación. La voluntad política del gobierno se apreciaba ambivalente; era evidente que segmentos importantes de la derecha, incluso empresarios, eran partícipes de la necesidad de una negociación; pero también era evidente que existían círculos políticos que la consideraban innecesaria porque creían que al FMLN había que rendirlo o derrotarlo militarmente. Los opositores a la negociación se expresaron en el impulso de planes que buscaban cercar a la guerrilla en sus territorios con acción social, a la vez que arreciaban la represión contra los luchadores sociales en la ciudad, de ello fue una brutal expresión el asesinato de líderes sindicales en la sede de FENASTRAS, así como el asesinato de Gerber Anaya Sanabria, insigne defensor de los derechos humanos.
Es en ese contexto que tiene lugar la ofensiva del 11 de noviembre de 1989, en verdad se esperaban niveles más altos de participación en las ciudades y nunca se esperó que la dictadura, ya con Cristiani a la cabeza, lanzara bombardeos sobre la población civil en el área metropolitana, o peor aún, que en medio de la ofensiva asesinaran a los padres jesuitas y su colaboradora pretendiendo hacer creer al país y al mundo que aquélla brutalidad era atribuible al FMLN.
La ofensiva demostró que al FMLN era imposible vencerle militarmente, se logró correlación para negociar con la participación de la comunidad internacional. Contactos reservados en México y Canadá dieron impulso a la negociación seria con la participación de Naciones Unidas, ambas partes, el FMLN y el gobierno, se comprometieron a respetar, estableciéndose así los objetivos y alcances de la negociación en la reunión bipartita que tuvo lugar en Ginebra.
Profunda claridad y compromiso se requería para continuar la lucha en todos los planos y llevar adelante un proceso de diálogo hasta alcanzar acuerdos. El FMLN, con los aportes del movimiento popular determinó el contenido fundamental, el gobierno fue aceptando poco a poco, hasta culminar en 1992. Schafik Hándal fue conductor excepcional de ese proceso.
(Continuará)



