Alirio Montoya
Ante todo, pienso que primero es de indagar respecto a qué es la filosofía, o al menos qué entendemos por filosofía. Cualquiera que se hace tan importante pregunta se ha de imaginar que a eso que le llaman “filosofía” es una materia exclusivamente para los eruditos de todas las corrientes de pensamiento. No obstante, la filosofía es algo inmanente en el ser humano, le pertenece en sí y para sí por su misma naturaleza, por el simple hecho de contar con un raciocinio. Su significado etimológico es amor hacia la sabiduría. Muchas veces filosofamos diariamente sin percatarnos que lo estamos haciendo.
Ahora bien, ser filósofo sí que es algo muy distinto. Filosofía es indagar el porqué de las cosas; ser filósofo es interesarse y compenetrarse en el estudio de los fenómenos sociales, económicos y políticos desde una perspectiva filosófica. Para muchos filósofos no podemos enseñar filosofía sino enseñar a filosofar, porque son según ellos dos cosas muy distintas y complejas. ¿Pero qué tiene de importante la loable tarea del filosofar y el de enseñar a filosofar? Naturalmente, hablar de filosofía requiere en primer lugar tener los pies bien enraizados en la tierra porque el hecho de especular sobre cuestiones de este mundo no es una cosa tan sencilla.
Cuando Marx dijo aquella célebre frase “los filósofos lo que han hecho a través de la Historia es interpretar el mundo de diversas maneras, de lo que se trata es de transformarlo”, encierra hasta hoy en día una gran verdad. El asunto es que muchos de nosotros eso de “interpretar el mundo” lo concebimos como algo trivial, eso de “interpretar” es asumido como un pasatiempo, lo cual es un injusto de nuestra parte. Marx lo que quería decir es que los filósofos en toda la historia de la humanidad ya habían hecho sendas elucubraciones respecto del mundo y, ahora, es tarea de nosotros y solamente de nosotros el hecho de transformar el mundo en base a esas interpretaciones que hicieron en antaño los grandes filósofos de este mundo; en otras palabras, ellos ya cumplieron su compromiso hermenéutico. Es oportuno aclarar esto porque muchos de una manera desdeñosa repiten esa frase de Marx, ignorando que la ardua tarea de interpretar el mundo no es cosa fácil. Eso es el filosofar. Interpretar el mundo; pero, a la vez, el gran genio de Tréveris nos exhorta a transformar este mundo a través de la praxis humana. Y como la filosofía entre otras cosas consiste en preguntarnos constantemente acerca de ciertos acontecimientos, creo que es oportuno preguntarnos ¿por qué en los bachilleratos ya no se enseña la materia de filosofía? ¿Qué tiene de peligroso, engorroso o de indiferente eso de estudiar filosofía en el bachillerato cuando los jóvenes comienzan a ver el mundo con el cerebro? ¿Le conviene a la clase dominante, al clero más conservador o a las sectas fundamentalistas de todas las designaciones que sean, que el ser humano se percate de quién es y para qué está en este mundo? ¿Es conveniente que la gente se dé cuenta cuál es el papel que debe desempeñar en la lucha de clases?
Sócrates se empeñó por intentar hacerle comprender a la humanidad que debíamos empezar por conocernos a nosotros mismos, de ahí el “conócete a ti mismo”. Imaginémonos no saber quiénes somos. Dicen que hay tres tipos de saberes: hay quienes no saben que no saben, otros que saben que no saben y, unos pocos que saben que saben. Sócrates se enfrentó al orden establecido, para él no tenía sentido una vida sin filosofar, por ello tomó su plato de cicuta. Fue condenado por pensar diferente. Esto no debe verse como algo apologético, pero ese constante preguntar de Sócrates le costó la vida. Jesús el Palestino de Belén decía que solamente la verdad nos hace libres; a la clase dominante y rufiana de su tiempo le llamó “generación de víboras”. Y de igual forma murió crucificado a lo mejor y no por nuestros “pecados” si no porque desafió al igual que Sócrates al orden establecido de su época.
Ignacio Ellacuría –para poner un ejemplo más cercano-, también pagó con su vida por no cesar esa su laudable lucha por transformar las condiciones de vida de las mayorías populares. Ellacuría para muchos fue un santo, pero era más sabio que santo. Para Ellacuría también una vida sin filosofar no merecía la pena vivirla. Por esa razón la clase dominante al verse imposibilitada de revertir sus argumentos no le quedó otro cobarde camino que destrozarle su cerebro. Ese gran cerebro, que para muchos su crimen fue un conjuro pactado entre la oligarquía salvadoreña, sectores más conservadores del Vaticano y el imperialismo norteamericano a través del representante de la gusanera cubana en Miami, Carlos Alberto Montaner; luchó por los más pobres de este país desafiando el sistema de opresión.
Ignacio Ellacuría decidió plegarse al clamor de las mayorías populares de este sufrido pueblo, por ello tomó su cruz y emprendió ese sinuoso camino hasta llegar a su propia Gólgota. Cuando aparece un filósofo que es escuchado y seguido por muchos, hace temblar a la clase dominante. Por ello la filosofía sirve para desideologizar al ser humano, le imprime en su mente la virtud de tener criterio propio. Esa es justamente la razón por la cual los que pretenden controlar nuestras vidas optan por castrar el pensamiento, y para lograr ese cometido es preciso no enseñar filosofía. Ahora hasta en la universidades poco se enseña filosofía, porque ésta a la vez que ejerce un papel desideologizador cumple con el papel liberador.
No es algo desatinado que muchos equiparen y enseñen marxismo a la luz de la opción preferencial por los pobres. Y es que en verdad, esa opción preferencial por los pobres, desde una perspectiva de la realidad histórica lleva inmerso algo de marxismo y viceversa. Marx en su obra cumbre El Capital, le hace una crítica a la forma en la cual el capitalista sustrae del trabajador, del proletario como diría Marx, ese injusto plusvalor. De igual forma, cuando se elige la opción preferencial por los pobres lo que se hace es denunciar desde la posición de los desposeídos sus precarias condiciones de vida a las cuales son sometidos por los grandes capitalistas. Ese es en sí el peligro de que alguien se ponga a filosofar. Para eso sirve la filosofía también, para desideologizar y a la vez a liberalizar a los pueblos oprimidos de este mundo. Ellacuría decía que un alumno se quejaba frente a Xavier Zubiri y le preguntaba el por qué estudiar filosofía, a lo que Zubiri le contestó: “por de pronto, para que no vuelvan a hacerse esa pregunta”.



