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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:35 h.

Lunes, 16 de Enero de 2012 / 08:49 h

La tragedia de Vanesa Irene

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Licda. Alma Benítez Molina

En la primera semana del año, varios  medios de comunicación   informaron que  Vanesa Irene Juárez, una niña de 10 años de edad,  murió el 1 de enero en el Hospital Bloom  por un cáncer e insuficiencia renal (según Medicina Legal), mientras muchos niños y niñas todavía desempacaban los juguetes que les habían dado sus padres.  Vanesa Irene, en su corta vida,  acumuló   toda la marginación   social y económica.  A ello, se suma la impericia, la insensibilidad  y la  irresponsabilidad del médico que la atendió en San Julián   y  proporcionó un diagnóstico extremadamente  equivocado.


Al enterarme, en parte, de su dolorosa historia me sentí  indignada.  En plena edad  de jugar con otras niñas y niños, sufrió en carne  propia  la marginación y la exclusión  que se ensaña con los más débiles. La diferencia entre el campo y la ciudad es enorme en todos los sentidos, especialmente en los sistemas de salud y educación a pesar de los esfuerzos que se hacen. 


Vanesa  Irene fue huérfana de padre y madre. Su  padre murió cuando trabajaba en un aserradero, un año después perdió  a su madre por una enfermedad renal.   Desde antes de nacer,  su vida estuvo marcada por una cadena de   exclusiones. Lo más seguro es que, si hubiera tenido atención médica adecuada desde antes de que presentara el abultado estómago, es posible que podría haber vivido más años y estaría en la escuela forjando su futuro, pero a ella se le negó todo. Vanesa Irene y su familia no podían pagar  consultas médicas privadas donde se encuentran sonrisas en vez de regaños


Su condición de niña, huérfana, pobre y campesina no le permitió obtener  atenciones dignas de un ser humano. No solo la condenaron a muerte por un mal diagnóstico  sino que el mismo la sometió al escarnio social en  su entorno, en el  Cantón  Agua Chuca, Municipio de San Julián, en  Sonsonate. La  excluyeron de la escuela por el horror de que estuviera embarazada y  “eso era mal ejemplo para otras niñas”. Sus compañeras no le hablaban y el vecindario se preguntaba quién era el autor de ese “embarazo”.
Es bien conocido que en los  servicios de salud estatales,  parte del personal  atiende  con mala educación y  desprecio a los  pacientes,    desde el personal de servicio y de enfermería para arriba. El personal médico se considera, muchas veces, que está por encima del bien y del mal. Es tiempo que se bajen de esa nube, son trabajadores y trabajadoras pagados con  nuestros impuestos directos e indirectos y están obligados a tratar bien a las personas que demandan servicios nacionales.


Es cierto que existen en nuestro país casos aberrantes, en que niñas de 10 años han dado a luz a otros  niños como producto de violaciones,  en su mayoría cometidas por parientes cercanos. Para ello, debe existir un protocolo médico para proceder en estos casos, y atenderlos de la mejor manera, o es que  médicos,  médicas y demás personal no reciben instrucciones de cómo proceder en estas situaciones? Si ese fuera el caso, una persona mínimamente inteligente,  con valores humanos, hubiera procedido en mejor forma.


¿Por qué no funcionaron en este caso las instituciones gubernamentales  que velan por los derechos de las niñas y los niños?, ¿por qué si el médico sospechaba y aseguraba que era embarazo  no lo comunicó a las autoridades correspondientes, a lo que estaba obligado? Aquí no funcionó la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia (LEPINA), ni la Convención  de los Derechos del Niño, ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni  la Constitución de la República de El Salvador.


La tragedia de Vanesa Irene me trae a la memoria las quejas que he escuchado de varias  personas  por el mal trato y  la negligencia de  algunos galenos  en el Hospital Zacamil. Personas que han llegado con fiebre, vómitos y otros malestares propios de un ataque de apendicitis   han resultado en peritonitis por la pésima atención o por mal diagnóstico.


Las autoridades del Ministerio de Salud, Educación, Fiscalía, Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos deben investigar  el entorno sobre la muerte de Vanesa Irene  y hacer los correctivos correspondientes: deducir responsabilidades y apartar a profesionales que representan un peligro para los y las pacientes que por desdicha  tienen  que acudir  a centros de salud  como el de San Julián.  Vanesa Irene, hoy separada de este mundo del que a pesar de todo no quería dejar.


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