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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Martes, 10 de Enero de 2012 / 09:10 h

Opinando sin política (669)

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Eduardo Badía Serra

¡Muy bien! ¡Cedo la palabra! Escuchemos a la experiencia y a la sabiduría de los viejos. Esta vez a la del gran catalán Ramon Llull, el padre de la literatura catalana y uno de los más grandes filósofos de la edad media tardía. Este hombre es el autor de una famosa obra llamada El libro de las maravillas, de la cual forma parte aunque con sentido autónomo, El libro de las bestias, o más bien ahora, El libro de los animales. Esta es una historia protagonizada por animales con actitudes y comportamientos humanos, una verdadera metáfora de la sociedad humana, de sus valores, de su naturaleza, de sus conductas perversas e hipócritas, de las relaciones de poder y de dominio que se establecen entre sus miembros, de las luchas por el poder haciendo uso de todas las malas artes que en cada caso puedan requerirse. Han pasado siete siglos desde que Llull la escribiera, y aun no pierde actualidad. Por eso, El libro de las bestias es un clásico, porque se actualiza en cada sociedad y estas lo recrean adaptándolo a sus propias circunstancias. ¿Porqué hablar ahora de esta obra de Llull? Bien, porque también en el mundo de los animales se dan elecciones, y es bueno ver si este se refleja en nuestro propio mundo nacional. En él, Llull muestra el universo de los animales y proyecta en él el mundo de los hombres; y como el lenguaje de Llull es, además de elegante y fino, ameno y muy bien logrado, le cedo mejor la palabra para que él mismo nos hable, (y con esto comienza precisamente el libro), de la elección del rey, porque, como ya he dicho, también en el mundo de los animales se dan elecciones. Así habla Llull:
“En una bella llanura, se encontraban muchos animales que querían elegir a su rey. Fue el acuerdo de la mayoría el que el león fuera el elegido; pero al buey no le agradaba mucho tal elección, y habló con estas palabras: ´Señores, a la nobleza de un rey le corresponde la belleza personal, la grandeza, la humildad, y que no perjudique a su gente. El rey no es un gran animal, ni es un animal que se alimente de hierbas sino que se come a los animales. Nos hará temblar de pavor a todos nosotros cuando nos llame. Por ello, os aconsejo que elijáis al burro porque él sí es un gran animal, bello y humilde, no es orgulloso y no come carne´. Les pareció al ciervo, a la cabra,  al cordero, y a todos los animales que comían hierbas, eso que dijo el buey; pero la zorra entonces se dispuso a hablar delante de todos, y dijo estas palabras: ´Señores, cuando Dios creó el mundo no lo creó con la intención de que el hombre fuera conocido y amado, sino para que Él fuera conocido y amado por el hombre; y según Él sentenció, el hombre debió ser servido por los animales y viviría comiendo animales y hierbas. Por ello, señores, no deberíais considerar las intenciones del buey, que descalifica al león porque come carne, sino que debéis seguir la regla de la ordenanza de Dios, que ha creado y puesto en sus sitios a sus creaturas´. De nuevo previene el buey a sus compañeros herbívoros contra la palabra de la zorra, diciendo que él propone que el burro sea el rey porque come hierba igual que ellos, por lo que no deben prestar crédito a la zorra, quien desea que el león sea el rey porque ella se alimenta de los restos que sobran a este después de haber devorado la caza que ha cazado, y no por la nobleza del tal león. Tantas palabras se  dijeron de una y de otra parte que toda la corte se turbó y la elección no pudo llevarse a cabo. Y el oso, el leopardo y la orca, quienes también tenían esperanzas de ser elegidos reyes, pidieron que la corte se prolongara hasta que se hubiera aclarado suficientemente cuál animal era el más digno de ser el rey. La zorra supuso que el oso, el leopardo y la orca habían dilatado la elección puesto que cada uno mantenía la esperanza de ser elegido rey, y entonces dijo, a presencia de todos, las siguientes palabras: ´En una catedral se llevaba a cabo una elección; se trataba de la elección del obispo. Unos monjes querían que fuera obispo el sacristán de la iglesia porque era un hombre muy sabio y virtuoso; la arquidiócesis también deseaba elegir al obispo, y se oponían a la elección del sacristán, pidiendo que fuera un cura simple, que era bella persona,  no sabía de ninguna ciencia, y era además flaco y lujurioso. Entonces un canónigo dijo las siguientes palabras: Si el león es el rey, y el oso y la orca y el leopardo se oponen a su elección, siempre estarán en lucha contra el rey; y si el burro es el rey, y el león se opone a él, ¿cómo podrá el burro evitar su venganza si no es tan fuerte como él? Habiendo el oso, la orca y el leopardo escuchado las palabras de la zorra, temieron fuertemente al león y consintieron que este fuera el rey. Por el apoyo del oso, de la orca y del leopardo, que comían carne, fue elegido el león, muy a pesar de los animales que comían hierba; y entonces el león decretó que todos los animales que comían carne comieran y vivieran de los animales que comían hierbas. Un día sucedió que el rey estaba en parlamento discutiendo el ordenamiento de la corte. Todo ese día, hasta ya entrada la noche, el rey y sus barones no habían comido ni bebido. Cuando terminaron la reunión, sintieron hambre, y llamó al lobo y a la zorra indicándoles que buscaran qué comer, respondiendo estos que ya era muy tarde para conseguir comida; pero más allá de aquellos contornos había un ternerillo hijo del buey y un pollino hijo del burro, de los cuales podrían comer abundantemente. El león llegó hasta dicho paraje e hizo venir al ternerillo y al pollino, y se los comió, dando sus sobras a su corte. Mucha fue la ira del buey y del burro por la muerte de sus hijos, y por ello se acercaron al hombre para servirle y que en correspondencia los vengara de la afrenta que habían recibido de su rey el león. Entonces, desde que el buey y el burro fueron presentados al hombre para servirlo, el hombre cabalga el burro y hace arar la tierra al buey. Un día que ambos, el buey y el burro, se encontraron, cada uno contó al otro lo que era su vida. El burro dijo que trabajaba demasiado en servir a su señor el hombre, quien lo hacía correr hacia arriba y hacia abajo, debiendo siempre estar dispuesto. Mucho deseaba el burro escaparse de servir a tal señor y volver a servir al león, pero como el león comía carne, dudaba que se lo comiera un día, y entonces prefería continuar sirviendo al señor hombre, porque este no comía carne de burro y el león sí. Una vez el burro finalizó su historia, el buey le dijo entonces  que se encontraba en un gran sufrimiento, pues todo el día araba, y de la tierra que araba no podía comer nada pues se lo impedía su señor el hombre, y que sólo podía alimentarse de las sobras que comían las ovejas de lo que él araba. Mucho se quejaba el buey del tormento al que lo sometía su señor, pero el burro lo consolaba como podía. Mientras el buey y el burro platicaban, se acercó un carnicero, y examinó si el buey estaba gordo, pues el hombre, su señor, lo deseaba vender. El buey le dijo entonces al burro que su señor, el hombre, lo quería vender, para que sirviera para alimentar a los hombres. Dijo entonces el burro que mal paga el hombre a quien bien le sirve, y entonces ambos lloraron largamente. El burro aconsejó al buey que huyera, y que retornara a la tierra, pues más convenía estar en peligro de muerte y en gran congoja, que a la orden de un señor desconocido”.
Así comienza el libro de Llull, el cual continuará con la reunión en la cual el rey león elige y conforma su corte. Vale decir que esta quedó conformada por él mismo, el oso, el leopardo, la orca, y fueron sus asesores, la serpiente y el lobo, quienes, todos, ni prestos ni perezosos, le juraron lealtad y servirle en todo lo que él les pidiere.
Bonito el cuento, ¿verdad?........y además, actual. Por eso es un clásico. ¡He cedido la palabra! Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga razón para entender, que entienda.  
Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

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