Dr. José María Méndez
El 14 de diciembre de 201 en la Biblioteca Nacional, se realizó un acto en homenaje al Dr. José María Méndez padre, brillante literato y abogado salvadoreño, quien falleciera hace 5 años. Hubo una conversación sobre la vida y obra del insigne escritor, con la participación de los Lics. MARIO NOEL RODRIGUEZ y MANUEL VELASCO y el DR. JOSÉ MARÍA MÉNDEZ HIJO.
Se presentó un video sobre la vida del Dr. Méndez padre y se develó su fotografía, incorporándola a la galería de personajes que guarda la Biblioteca Nacional. El Dr. Méndez padre tuvo una vida útil y exitosa, dijeron los participantes; no sólo destacó en la literatura y en la abogacía sino como periodista ya que fue director del diario “Patria Nueva” en los años 50´s. Fue un universitario ejemplar, siendo catedrático por más de 25 años en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador y la única persona que ha desempeñado los cargos de Rector, Vicerrector y Fiscal del Alma Mater; desempeño el cargo de Presidente de la Comisión de Defensa de la Autonomía Universitaria de la Unión de Universidades Latinoamericanas.
Su hijo recordó otra faceta importante de su padre, la de hombre comprometido con la defensa de la democracia y la justicia social. Un episodio poco recordado en la historia del país es la masacre del 25 de enero de 1961, ocurrida en San Salvador en la Avenida España, a la altura de la 13 calle poniente, precisamente a 2 cuadras de donde la familia Méndez vivía. Ese día un golpe de estado derrocó a la Junta Revolucionaria de Gobierno que había asumido el poder 3 meses antes, el 26 de octubre de 1960, derrocando al Cnel. José María Lemus quien había violado fragantemente la Constitución de la República y reprimido brutalmente al pueblo. El Dr. Méndez padre era Secretario General de la Junta Revolucionaria y en el tramite del contragolpe fue capturado por la Policía Nacional en la madrugada del día del golpe. Liberado por presiones familiares y políticas, se incorporó a la protesta que miles de personas realizaban frente al Cuartel El Zapote, en San Jacinto. Al darse cuenta que los golpistas se encontraban reunidos en el Cuartel San Carlos, al otro la do de la ciudad capital, los manifestantes decidieron dirigirse allí a demostrarr su descontento. El Dr. René Fortín Magaña, en la revista “QUEHACER JUDICIAL” de junio 2006, No.48, relata este suceso así:
“La memoria selectiva me trae al recuerdo la mañana del día 25 de enero de 1961. Una columna popular se dirigía al Cuartel San Carlos en demostración masiva de repudio al golpe de estado que derrocaba a la Junta de Gobierno de El Salvador, a la que el Dr. Méndez prestó un invaluable servicio en calidad de Secretario General. Aquel golpe ponía fin al breve intento democrático de romper la cadena de gobiernos militares que desde 1932 impuso al País la doctrina de la Seguridad Nacional, tan en boga en tiempos del bipolarismo mundial. La manifestación era encabezada por los principales dirigentes del gobierno que caía, en medio del fragor popular y, entre ellos, iba el Dr. José María Méndez, quien añadía una faceta más-la del hombre de acción y de combate- a su inquieta y portentosa existencia, a sabiendas de que, en última instancia, las trincheras son el postrer baluarte del derecho. Rugían las balas por doquier y las bayonetas hacían su trabajo. Un moribundo escribió en el pavimento con su propia sangre: “Viva la libertad”, como la última expresión angustiada de un Pueblo fatigado por el prolongado castigo del despotismo. La cárcel y el exilio fueron el epílogo de aquella muestra histórica de valor colectivo”.
Sergio Ramírez, laureado escritor nicaragüense, quien fuera Vicepresidente de su República, recuerda a Chema Méndez padre, en el prólogo de “Cuentos del Alfabeto”:
Nos habíamos despedido en su casa de la colonia Flor Blanca en San Salvador en 1972, cuando llegué en su búsqueda porque el ejército había invadido la universidad mientras yo salí a almorzar; el rector Rafael Menjívar y las demás autoridades académicas estaban en la cárcel, los tanques de guerra cerraban las entradas de la ciudad universitaria, sobrevolada por helicópteros y aviones caza, y mi cartapacio, con mi pasaporte, se había quedado en la rectoría. Era un viaje de un día y yo estaba supuesto a volver esa misma noche a San José.
Chema, que ya se esperaba aquel desastre, retirado de la universidad y vuelto a su oficio de abogado penalista, el mejor que nunca ha existido en El Salvador, me aconsejó la calma, me ofreció un whiskey y él se tomó otro, con menos agua que ahora. Después, me mandó a dejar en su automóvil, su hijo Toño al volante, al Gran Hotel, ahora destruido por un terremoto, donde yo solía alojarme en mis constantes viajes a San Salvador como secretario general del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) y donde podía inscribirme sin necesidad de documentos porque era un huésped conocido; me aconsejó también que desde allí le pusiera un telegrama al coronel Molina demandándole una audiencia; el coronel Molina, el militar de turno en la presidencia, había ordenado la invasión de la universidad. Lo primero era que fueran a desaparecerme, solo en San Salvador e indocumentado. Lo segundo, entrevistarme con Molina, como era mi deber para reclamar el atropello y exigir la libertad de los universitarios detenidos. Consejos sabios de un Chema Méndez que, además de ingenioso, es sabio. Ya no le pude contar entonces a Chema que sus consejos, por sabios, dieron resultado; que Molina me recibió al día siguiente a las diez de la mañana, para informarme que el rector y los demás prisioneros “estaban ya desayunando en Managua”: se los había enviado a Somoza en un avión militar; y que luego quiso hacerme ver la proyección de unas películas pornográficas supuestamente requisadas en la universidad, que según el coronel eran prueba suficiente del descalabro moral que justificaba la intervención militar. No le pude contar tampoco a Chema, para que nos hubiéramos reído, como tantas veces nos hemos reído juntos, que mi respuesta había sido:
-Es muy temprano, señor presidente. Esas son películas de medianoche”.
En el acto se leyeron fragmentos de la importante obra del Dr. Méndez padre, como los siguientes, de sus pensamientos:
Sobre el amor
Hay quienes, al enamorarse, se enamoran siempre ciegamente: los ciegos.
La cúpula del amor está en la cópula.
El encuentro fracasó porque ella se quitó las medias a medias.
La tontuela que se había casado con un vejestorio le explicaba a su amante: “Sólo a ti te quiero. Con él vivo platónicamente, es decir, nada más por plata”.
Cupido tira sus flechas envenenadas con sangre de cigüeña.
Semana inolvidable: el lunes le di el primer beso; el sábado canté gloria; el domingo por poco no resucitamos.
Sobre las mujeres
Hay mujeres que lucen bien con su abrigo de pieles; pero lucen mejor con su propia piel como único abrigo.
Dejar a una mujer parlanchina por una muda es una verdadera mudanza.
Sobre política
Un filósofo pensó que todo político en un momento dado deja de ser hombre y se convierte en animal. Después pensó que era peligroso expresar tal pensamiento y únicamente escribió: el hombre es un animal político.
Sobre historia
Para Gómez de la Serna, el único animal que sabe de historia es el león. Esto resulta incomprensible para algunos estudiantes. Para ellos el único animal que la sabe es el profesor de historia.
Los tres mosqueteros y su compañero D´Artagnan eran tan pobres que cuando entraban a una fonda pedían un solo pollo y decían: “Uno para todos y todos para uno”.
Milo, el escultor, al advertir que su mujer, Venus, era absolutamente bella, excepto por sus brazos, antes de esculpirla, para hacer una obra perfecta, se los cortó.
La Constitución de El Salvador de 1962 señaló el primero de julio para la iniciación del período presidencial porque el presidente que iba a inaugurarlo se llamaba Julio.
Sobre astros y otros seres de la naturaleza
Si el desierto del Sahara fue construido, según se cuenta, a excitativa de los faraones, debemos admirar a los miles de voluntarios que contribuyeron con su granito de arena.
Cuando el sol es muy fuerte, de un manotazo tira nuestra sombra al suelo.
La luna salió roja, ruborizada, después de cruzar la sierra donde intentó violarla un grupo de gitanos.
Las tribus sedentarias son las que ambulan por el desierto muertas de sed.
Sobre el idioma
La “Z” no es letra, es la rúbrica del alfabeto.
Lo que aquel charlatán exponía no era una hipótesis. Era una hipotenusa.
El mejor remedio para el insomnio es un simposium.
La más dulce frase postrera es la del moribundo que pide postre.
El aguafiestas tuvo su mejor actuación el día que celebró su cumpleaños y le sirvió a los concurrentes en vez de whiskey con agua, agua con agua.
Sobre el reino animal y el vegetal
“Recuerda –le dice la pulpa a la pulpita, que iba a ir al cine con su novio-, los pulpos tienen tentáculos.
El papagayo no habla porque no quiere contar el secreto: es papá del gallo.
El cabro que se fue de farra, regresó borracho y no podía decir abre cabra; él fue el que inventó la palabra abracadabra.
El gato cierra los ojos para que crean que no entiende la conversación.
El día amaneció tan nublado que, a las once, los gallos que, quiquiriqueando, habían hecho esfuerzos para que el sol saliera, estaban a fónicos o muertos.
El perro es tan inteligente que lleva la lengua de fuera por si lo llevan al veterinario.
Le decía la madre al jabalí: “No te cuides tanto de las lanzas cuanto de las jabalinas”.
El gallo es un general loco al que le ha dado por hacer de corneta o un corneta loco vestido de general.
Los grillos leen durante el día las inscripciones en las tumbas y cantan en la noche rip, rip, rip.
Los pavos reales descienden de una pava común y corriente que calentó los huevos de su nido al pie de un arco iris.
Ese pavo real tiene tan bellos colores que no parece pavo real, sino pavo imaginario.
Y de sus cuentos breves:
Ajedrez
Le apasionaba el ajedrez y llevaba siempre consigo un pequeño juego de bolsillo. Aquella vez en el tren, recién iniciada la conversación con el compañero que ocupaba el asiento situado frente al suyo, propuso jugar una partida.
-Conozco muy poco, casi nada, del entretenimiento-ciencia- respondió el invitado.
-No importa. Estoy lejos de ser un maestro. Soy simple aficionado.
Insistió con tanta porfía, que logró convencer al renuente viajero. Al iniciarse la contienda, como su contrincante jugara en forma inusitada, estrafalaria, perdió la serenidad, cayó en error y al cuarto movimiento dejó un caballo a merced de las piezas enemigas. Su adversario, tal vez distraído, iba a pasar por alto la jugada que le favorecía, pero él, cortésmente, le llamó la atención:
-Le conviene comer el caballo –le dijo señalándole la pieza indefensa-. Por estos lares no decimos tomar la pieza, sino comerla. Cómasela.
-¿El caballo? ¿Esa pieza es un caballo? ¿Me pide usted que yo me la coma?
-Sí. Le favorece. No quiero ventajas.
-Si usted lo pide fervientemente… -dijo con voz sumisa.
Tomó la pieza que se le señalaba y la engulló de un bocado. Al instante se levantó presuroso, aprovechó el paso lento del tren que se acercaba a una estación, saltó a tierra y se alejó en ligero trote, relinchando, por una vereda que, de seguro, conducía a un potrero cercano.
El ventrílocuo
Le gustaba divertirse a costa de ingenuas personas, haciéndoles creer que hablaban con animales. Esta vez se encontraba de pie en una esquina. A la par suya estaba echado un gato negro, de grandes ojos amarillos. Una mujer joven, nerviosa, evidentemente atribulada, se detuvo frente a él y le preguntó:
-¿Puede informarme dónde queda la iglesia del Perpetuo Socorro? Necesito confesarme con urgencia.
Él, por señas, le dio a entender que era mudo y sordo. A continuación, con una voz chillona que salía del lugar donde estaba el gato, logró crear las apariencias de que éste contestaba.
-Si usted quisiera seguirme, yo la llevaría hasta el Perpetuo -pareció decir el michino-. Mientras tanto podrá contarme cuál pena le atormenta o qué pecado ha cometido. ¿Se trata acaso de un crimen?
La muchacha, sin amilanarse, le contestó de inmediato:
-De un crimen precisamente. Vamos iré contigo.
El felino empezó a caminar y la joven se fue tras él. Ambos iban conversando. El ventrílocuo, sin embargo, había dejado de ejercer su ventriloquia. Dándose cuenta de que el animal hablaba de verdad, quiso detener a la joven y decirle algo así como: “Ese gato está embrujado”. Pero no pudo articular palabra ni emitir sonido alguno. Se había quedado mudo, definitivamente mudo.
Obra que le es reconocida mundialmente es la de sus Cuentos del Alfabeto, que construyó comenzando todas las palabras con la misma letra, como:
Coctel cianurado
Celebrábase carnaval. Concurrentes comparecían con caretas, caperuzas, cucuruchos, casacas. Configuraban conquistadores castellanos, cíngaros, colombinas, Cleopatras, Calígulas, corsarios, centuriones. Coincidía carnestolendas con celebración compromiso contraía Carlos Canizales con Cecilia Cañénguez. Comida cesariana: carpas, capones, ciervos cocinados caprichosamente. Complementaba cena champagne Cliqcot, centenario, celebérrimo.
Conversaban cortésmente, cambiando cumplidos, contando cuentos colorados, carcajeándose.
Carmen, cariacontecida, cabizbaja, comía congojada. Cada comensal constituía cordial contrincante. Cataclismos conflictivos confabuláronse crearle condición calamitosa. Cecilia conquistó Carlos con cínica coquetería, consciente cometía crueldad con compañera condiscípula, con camarada, con cognada (conllevaban células comunes: cuarto consaguinidad).
-Ciertamente cuesta convencerse –Carmen conversaba consigo-. Condenada, cochina, como corto cariño correspondíale, cómo canceló complacencias, cerró caminos, contenturas, creó cuitas, consumió cielos, cultivó cipreses, cinceló cruces. Construyó cementerio.
-Carlos –continuaba cavilando Carmen- correspondíale calificativos: cínico, cobarde. Compartió culpa con Cecilia. Carácter camaleónico, cambió color, cariz, cariño, cuando convínole. Condújole codicia. Consultó cartapacios confidenciales. Conoció caudal Cecilia: casas, cortijos, cuentas corrientes, certificados. Consecuentemente conculcó convenio concertado.
Cuando compartían cordialmente causa común, conducía Cupido, Carmen, confiada, concediole crédito. Carlos, consagrándole cumpliría casamiento, convenciola cambiara costumbres candorosas, cesara castidad. Convenciola concediérale cópula carnal, compartieran cama. Cayó ciegamente celada compuso cochino conquistador. Capituló. Convino cohabitar celerosamente, cuatro, cinco cópulas, coitos, como califícanse científicamente; cogidas, composturas, como comentábase caló callejero, causárosle concepción. Constatolo cuando cesó costumbre calendario, concurrencias cruentas. Comadronas confirmárosle: cavidad contiene criatura. Comprimirse con cinturones, con corsés, causaría cuchufletas.
Cuando Carlos conoció condición Carmen, convenciola concertara cita con curandero cortaría complicación.
Carmen, coaccionada Carlos, casi capturada, como cordero con cordón colgado cuello, concurrió clínica, calificada como crapulosa,. Corrupta, contraria costumbres consagradas, contraventora. Código correccional consigna condiciones criminosas, castígalas. Caminaba confusa, compungida, costándole contener conturbación. Cruzaron callejuelas cundidas cieno, cochambrosas, concurridas con carretoneros, cargadores, coberos colectaban centavos clamando conmiseración.
Comenzaron comprimiendo, continuaron clavando cánula, consecutivamente, como carniceros, cortaron carnes, cisuraron, consumaron crimen, cumplieron consigna cercenar cría. Coaligaron conductos cortándole capacidad continuar confeccionando criaturas.
Carmen cerró conmemoración compendiosa, calcinante. Convergió contorno circundábala. Carlos, casi cantando, confirmaba compromiso contraído con Cecilia: “conviviré contigo, cumpliré como caballero, conformándome costumbres conciertes, cual cautivo”.
Contrájose corazón celosa, cuya cólera cruzó como culebrina. Conteniéndose, condújose cautelosamente. Conforme cálculos concebidos, cápsula cayó copa correspondía Carlos.
Carmen convidó cancelado compañero:
-Corroboremos conductas consuetudinarias, Calito, como cuando celebrábamos cumpleaños.
Carlos contestó complaciente:
-Claro, comparto criterio, celebraré contigo, Carmen.
Candidato cadáver cogió cáliz cianurazo.
Carmen casi comete crimen. Cuando Carlos, Confiado cernícalo, conducíase cabal camino camposanto, Carmen, constreñida creencias católicas, corrigió conclusión.
-Cambiemos copas, como cuando cumplí catorce.
-¡Concedido, caramba!
Canjearon cráteras. Carmen consumió cóctel confinaríala cenotafio. ¡Cataplum! Cayó convulsa.
Fue un acto emotivo el realizado en la Biblioteca Nacional, el público disfrutó, más cuando escuchó al escritor MANLIO ARGUETA, quien hizo memoria de la calidad literaria y humana de Chema Méndez, recordando como amparó a muchos artistas que en la época comenzaban a destacar y como activó la Editorial Universitaria abriendo un espacio para que éstos se dieran a conocer. A Manlio le extrañó que ni la Universidad Nacional a la que tanto sirvió, ni la Tecnológica cuya Facultad de Derecho lleva su nombre, lo hayan recordado. José María Méndez Hijo agradeció a la Universidad Pedagógica que le rindió homenaje pocos días después de su muerte y, desde luego, a la Biblioteca Nacional por el reconocimiento.
San Salvador, 22 de diciembre de 2011.



