Como la riqueza en El Salvador, en la mayoría de los casos no se ha acumulado por trabajo o por industria, sino sobre el modelo colonial y semi feudal, sus asalariados defensores se obstinan en exponer argumentos para eximirse de contribuir equitativamente al erario necesario para el financiamiento de una nación que provea solidariamente las necesidades públicas.
Y recordemos, la conquista y la colonia desposeyeron a la población autóctona, aunque su tenaz emprendimiento logró, cultivando las más infértiles tierras, constituir la clase de “poquiteros” que proveían un importante porcentaje de la producción añilera y el cacao lo cultivaban indígenas, pero su provecho lo tenían los peninsulares; la “independencia” no fue sino la expropiación que hicieron los criollos a los peninsulares y la tierra siguió en manos de unos pocos. Respecto de los tributos, el modelo era el feudal y los propietarios no contribuían, dejando la carga a los consumidores de alcohol y tabaco – bolos y viejitas fumando “pat’ecabra” – proveídos por los conocidos estancos; ciertamente, los criollos independentistas manipularon el apoyo de indígenas y mestizos (que siempre proclamaron su lealtad al rey) prometiendo que se derogarían esos impuestos. “Preguntado qué impuestos eran los que la plebe pedían que se quitasen dijo: que el cuento de los estancos, las alcabalas y el fondo de reservas a que exigían anualmente a todo hombre desde la edad de doce años hasta la de cincuenta …” (Procesos por Infidencia); como vemos, no son nuevas las “animaladas” de los que más tienen, en este país. No pagar impuestos es parte de ese enriquecimiento fraudulento.
El Impuesto sobre la Renta se estableció hasta 1915 y el del Patrimonio hasta 1925. Es maña vieja vivir a costillas de los más pobres: es sabido que todos pagamos 13 % merced al IVA pero que los empresarios se eximen de él, con el expediente de declarar su consumo como consumo de la empresa. Un estudio del BID publicado en 2009, procesado sobre datos del M. de Hacienda, estableció que el 10 % más pobre de los hogares salvadoreños pagó $ 30 por cada 100 de ingreso y que el 10 % de más ingresos, pagó $ 11.
Atado de manos el gobierno por la oposición de la derecha a contribuir, se ha tenido que conformar con esa tímida reforma, virulentamente adversada, que alivia un poco la carga de los que ganan miserias, contando con la aprobación diputadil, interesada en ganar votos en estas próximas elecciones. Los diputados de la derecha han debido confrontar a sus mandantes en ANEP y otras gremiales; pero les pagan alargando cualquier control sobre los latrocíneos precios de los medicamentos y sobre su siempre cuestionada calidad; les pagan haciéndose cómplices de la impunidad; les pagan continuando sacrificando más a los más pobres con un IVA que aporta el mayor porcentaje de la tributación.
El sometimiento de los gobiernos al gran capital salvadoreño es de siempre: a Molina (“ni un paso atrás”) se le humilló en el caso de su intento de Reforma Agraria. Y en sus interesantes memorias “Decisiones”, publicadas recientemente por el Dr. Jorge Bustamante, anota que el Presidente Julio Rivera le dijo: ”ya verás como les voy a quebrar el espinazo a los catorce”; pero todo quedó en lo mismo. Martínez fue derrocado por el apoyo que dio el gran capital a los estudiantes y obreros honestamente comprometidos con la democracia. Y Araujo fue asesinado en 1912 por diferencias con el gran capital. La derecha usa todo para mantener sus indebidos privilegios.
Y los egresos?
Obviamente se debe exigir al gobierno austeridad y transparencia; pero es hasta en este gobierno que se hace esa exigencia y no cabe en la boca de la derecha que ha usado el despilfarro del dinero público para someter a sus mandatarios en turno y obtener todas las prebendas con que han robado y empobrecido al pueblo (exención de impuestos, privatizaciones, apropiación del sistema de pensiones, dolarización; una cansada repetición de delitos).
Pero el CCD, que precisamente de conformidad con los objetivos de su fundación (“control de la responsabilidad del funcionario público y defensa del patrimonio nacional”) ha reclamado – débil gota cayendo en la dura roca – cada vez que se veían venir los actos corruptos de la derecha y sus cuatro gobiernos, sí tiene las calificaciones que le dan su calidad de ciudadanos no señalados por ladrones, por borrachos, por evasores, por uso abusivo de los bienes del Estado. Y en ese sentido, bueno sería que en un acto de dignidad todos los funcionarios se rebajasen sus sueldos, que dejen de usar vehículos lujosos hasta para ir a recoger al colegio a sus hijos, que dejen de robar viáticos, que dejen de comer lujosamente en sus oficinas a costa del IVA de los más pobres; (y de nuevo, esta es sólo una pequeña lista de los abusos que se han conocido). No es ANEP quien pueda decir esto ¿no es su empleado que pusieron de Presidente, uno de los que ellos mismos señalan hoy que ya no les es útil?...
La reforma tributaria es tibia, pero comprendemos que los consensos no daban para más; y por el momento aplaudámosla. Ahora toca al Ejecutivo ser drástico en perseguir a los comerciantes que se roban el IVA, a los empresarios que eluden y evaden los impuestos: un conocido entrevistado en la TV dijo tener una lista de esas empresas y personas; toca a Hacienda concretar lo pertinente. Y a la Fiscalía y a la Corte de Cuentas lo que les compete.
“Y no me temblará la mano para meter en la cárcel a los corruptos”. O a los que usan vehículos nacionales para exhibirse.



