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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:38 h.

Martes, 20 de Diciembre de 2011 / 09:42 h

Las fiestas patronales: ¿celebración ciudadana o religiosa?

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Las fiestas patro

nales: ¿celebración ciudadana o religiosa?

Alberto Romero de Urbiztondo

En estos días se están celebrando las fiestas de la ciudad donde vivo. Como en la mayoría de municipios, son una fecha importante en la vida de la población, con quema de pólvora, jaripeos, desfiles, elección de “reinas”, ventas de comida y una serie de actos religiosos.


En la inauguración, el alcalde nos señala que son en honor de Santa Lucía, una figura venerada por la iglesia Católica y que se considera la “patrona” de la ciudad. En el programa de fiestas veo en la portada  la imagen de la “patrona”, así como una carta del párroco de esta iglesia, en la que hace proselitismo de sus creencias diciendo que somos “un pueblo cristiano católico”, pero que muchas personas son “atraídas por formas de religiosidad irracionales”. 


Cuando regreso a la casa escucho los altoparlantes de una iglesia evangélica cercana, que comparte a todo volumen la predica de sus creencias y parece no sentirse identificada con una fiesta que celebra ritos de otra religión.


Todo ello me hace reflexionar sobre las múltiples formas en que nuestra sociedad tiene interiorizada todavía una confusión entre ciudadanía y feligresía, entre Estado e iglesia.
Me alegra que los feligreses de una religión puedan celebrar libremente sus fiestas, pero debemos  recordar que somos una sociedad con pluralidad religiosa y solo el 50.4% de la población se identifica como católica, pues un 38.2% se define como evangélica y el 10.4% no tiene una religión.


Por ello celebrar a la “patrona” de una determinada religión como la fiesta de la ciudad, parece no corresponder con la realidad sociológica actual del municipio. No parece razonable que se cobre un 5% de tasas municipales a toda la ciudadanía, independiente de sus creencias religiosas o de pensamiento, para la celebración de estas fiestas de la “patrona” de una iglesia. Posiblemente es producto de una costumbre en la que la religión impuesta por el colonizador era la religión del Estado, y que con los años y producto del sincretismo se ha convertido en una fiesta ciudadana, fundamentalmente lúdica y recreativa, pero que mantiene la referencia a sus orígenes religiosos.


En un país aconfesional como El Salvador, el Estado debe garantizar que los fieles de cada iglesia puedan celebrar sus fiestas religiosas con total libertad, pero organizadas y financiadas por sus feligreses, y que la ciudad pueda, si así lo quiere, organizar y disfrutar de fiestas cívicas, inclusivas para todas las personas, independientemente de su adscripción religiosa y financiadas, estas si,  con las tasas o impuestos de toda la ciudadanía.


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