Hay una cartografiada evidencia del cerco militar USA a las instalaciones petrolíferas de Oriente Medio, enfatizadas las del objetivo urgente sobre Irán. Y las potencias han agregado con éxito la deslegitimación de la OTAN, delictuosamente involucrada en la masacre de civiles en Libia, bombardeada a pretexto de democratizar un país en el que su ex amigo Gadafi estaba haciendo partícipe a su población de las riquezas de su petróleo: mejoras en salud, educación y vivienda, un millonario proyecto de agua potable. Es lo que etiquetan los escribanos salvadoreños como populismo; un populismo que impide a las transnacionales llevarse el producto y las ganancias. Y eso es pecado para la avaricia derechista.
Y no es exageración temer que las grandes riquezas de América Latina, hasta ahora robadas por la continuada colonización del Continente (“América para los americanos”), pero hoy en peligro de pasar a manos de sus pueblos por la concientización independentista de América del Sur, sean objetivo de la militar “democratización” de la región, que “amenaza” con tomar el control de la explotación de sus riquezas para ponerlas a provecho de sus pueblos; UNASUR, ALBA y CELAC pueden llegar a ser los Gadafi que hay que combatir. Por eso las bases militares en el continente, o el militarismo que se patrocina en Guatemala, Honduras y El Salvador, son señales de los peligros que enfrenta la idea emancipadora.
La declaración de CELAC que establece “impulsar el desarrollo sostenible para contribuir con la consolidación de un mundo pluripolar y democrático, justo y equilibrado, en paz, despojado del flagelo del colonialismo y de la ocupación militar”, debe sonar muy mal en los oídos de las transnacionales. Pentágono y financieros estarán alertas a la “rebelión” que enuncia “el derecho que tiene cada nación de construir su propio sistema político y económico”;
No es alarmismo vacío: lo que se haga en Latinoamérica para poner los recursos al servicio de sus pueblos, bien puede ser objetivo bélico como lo es con los países árabes. Por eso, para que no prolifere la idea de establecer controles a los financistas y sus transnacionales, la prensa mundial ocultó lo sucedido en 2008 en Islandia.
Allá, al desplomarse la moneda por la crisis económica y caer en bancarrota, se nacionalizó el principal banco; y en 2009 la protesta ciudadana obligó a la dimisión del Primer Ministro y su gabinete. Luego en 2010, el pueblo votó en un referéndum para que no se pagara su deuda a G.B. y Países Bajos, iniciándose una investigación para judicializar las responsabilidades de la crisis; comenzaron las detenciones de banqueros aunque muchos lograron huir del país; se eligió una asamblea para redactar una nueva Constitución recogiendo las lecciones aprendidas de la crisis.
Toda una revolución escondida a la opinión mundial. Un comunismo si hubiera sido realizado en Cuba o resto de Latinoamérica; una lección de democracia, callada por la ovejuna prensa mundial. La unidad que busca CELAC, es la coraza para enfrentar los intereses del modelo neoliberal.



