Silvia Ethel Matus*
En un taller realizado en un municipio para elaborar una política de género, donde participaban algunas mujeres identificadas como de iglesia evangélica, discutíamos sobre cómo la violencia contra las mujeres es un flagelo que nos afecta a todas las mujeres, en todas las clases sociales con mayor o menor intensidad.
Una de las mujeres evangélicas expuso que “a las mujeres les gusta que las maltraten, son masoquistas y no tienen autoestima”. Me impresionó mucho el hecho de culpabilizar a las mujeres sobre la situación de violencia que viven, sin cuestionar a los hechores o las estructuras que posibilitan la violencia en contra de las mujeres en nuestra sociedad.
Quizás sus juicios tengan que ver con enseñanzas religiosas, que correspondían a la sociedad judía tan patriarcal como la nuestra, donde la mujer se encontraba subordinada al hombre. Como muestra un versículo del Nuevo Testamento, en Timoteo 2:11, donde se expresa: La mujer aprenda en silencio con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.
El silencio, el dominio y la sumisión eran los “consejos” dados a las mujeres en aquella y esta época de parte de las iglesias cristianas. Y aunque hay cambios en algunas de ellas en relación a cómo conciben la relación hombre-mujer, generalmente la sujeción de la mujer al hombre se evidencia en sus discursos.
La violencia contra las mujeres de parte de los hombres es y ha sido una forma de control y sometimiento que en muchas sociedades tiene tinte religioso como las violaciones de los serbios-bosnios cristianos hacia mujeres musulmanas, en la ex Yugoslavia, o la mutilación genital femenina en niñas de África, o la lapidación de mujeres supuestamente adúlteras en países islámicos.
Distintas formas de violencia han sido utilizadas por los hombres salvadoreños para mantener el control sobre las mujeres, misma que está naturalizada y que muchas veces pastores y sacerdotes eventualmente aconsejan a las mujeres sobre las desventajas de dejar a su marido (Ver Secularización de las mujeres en El Salvador, de Noemy Anaya), aun cuando vivan una relación violenta. Son las feministas quienes han desnaturalizado la violencia en contra de las mujeres, y han señalado al sistema patriarcal y sus estructuras como la familia, la iglesia, el Estado, las escuelas, el sistema económico, como reproductoras de desigualdad y violencia.
Desde una perspectiva laica, las mujeres debemos gozar de derechos como la libertad, la dignidad, la autonomía, y la No Violencia.
* Socióloga, Poeta y Feminista.



