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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:29 h.

Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 / 10:16 h

22 años después del asesinato de los sacerdotes Jesuitas

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Este día se cumplen 22 años del asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras. Este caso, pese a los intentos de la derecha política, económica y militar del país de olvidarlo o invisibilizarlo, está tan vivo y vigente como el mismo momento en que el alto mando militar tomó la decisión de matarlos.


Por eso, año tras año, las comunidades de diferentes partes del país se reúnen en el campus de la Universidad José Simeón Cañas, para acompañar a sus autoridades y a la Compañía de Jesús, para conmemorar a los sacerdotes Ignacio Ellacuría, entonces rector de la UCA; Ignacio Martín-Baró, vicerrector académico; Segundo Montes, Director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Juan Ramón Moreno, Director de la Biblioteca de Teología; Amando López, Profesor de Filosofía; Joaquín López y López, fundador de la universidad. Además de Elba Ramos, y su hija Celina, la primera colaboradora de los sacerdotes jesuitas.


Es de destacar, la cantidad de jóvenes que suman a las distintas actividades conmemorativas, y eso es bueno, no solo por la memoria histórica, sino porque aquellos profundizan en el pensamiento de los sacerdotes jesuitas, sobre todo, de Ignacio Ellacuría.


Año con año, el pueblo, representado en las comunidades de Chalatenango, Cabañas y La Unión, para citar solo unas, se convierten en los dedos acusadores de los asesinos, que hoy, en su calidad de retiro, no tienen las armas ni hombres bajo su mando, para hacerles callar.


Hoy, esos militares, la mayoría integrantes de la llamada “tandona”, la más grande promoción castrense de alto rango en la historia de la Fuerza Armada, se valen de la institucionalidad para evitar el castigo.


Recientemente, por ejemplo, ante el llamado internacional policial, conocido como difusión roja, los militares señalados en el crimen de los jesuitas, no solo se refugiaron en una guarnición militar, sino que también utilizaron sus influencias para que la Corte Plena de la CSJ, impidiera su captura.


Nos preguntamos qué sentirán esos militares, al ver a miles de gentes de todos los lugares, que desde meses antes planifican su participación en la ya tradicional vigilia en el día del aniversario. Pero, sobre todo, cuando son miles los y las jóvenes que participan de esas actividades.


Los militares que ordenaron el asesinato de los jesuitas, no solo quisieron eliminarlos físicamente, sino borrar sus ideas. 22 años después queda comprobado que mataron sus cuerpos, pero su legado y sus ideas se expandieron entre  el pueblo pobre y sectores comprometidos porque El Salvador sea un día, un país con justicia social.
Nos preguntamos, si dormirán con tranquilidad, sabiéndose protegidos en los 20 mil kilómetros cuadrados del territorio salvadoreño, a sabiendas de que un juez en España está dispuesto a hacer justicia a los mártires de la UCA.
 

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