38 años han transcurrido, mucha agua ha corrido bajo los puentes, hemos sobrevivido la gran noche de la infamia que azotó a nuestro país por 17 años, lo que no pudieron hacer los padres, ni tampoco los hijos, lo están haciendo los nietos, es la secuencia histórica que se repite una y otra vez.
En la historia moderna de la América Morena, durante la última mitad del siglo 20, la represión de las tiranías impuestas por potencias extranjeras, “mataron 100.000 hombres y mujeres de la clase pensante de América Latina”, pero por cada uno de ellos que caía, se levantaban 10 o 100 en su lugar, es inevitable, somos millones, estamos en todas partes, somos la mayoría.
Todo tiene su Alfa y su Omega, y es así como un país llamado Chile, logra despertar del letargo histórico y comienza a descubrir su nueva realidad, los padres le habían vendido el alma al banquero para cubrir la educación de sus hijos, la salud estaba solo al alcance del que tenía más, a espalda de ese pueblo se habían entregado las riquezas naturales de la nación, habían entregado el mar y ahora se podía ver la contaminación a través de sus costas, les habían vendido el líquido de la vida, cuando ya no había más que vender, comenzó el Omega de un sistema económico que había creado al hombre sin alma.
El despertar fue brusco para los chilenos, pero siguieron descubriendo más y más los males que aquejaban a chilito, los poderes del Estado les habían fallado, todos los acuerdos se habían hecho a puertas cerradas y a espaldas del pueblo, la gente del país perdió la credibilidad en esas instituciones, al mismo tiempo se dio cuenta que muchos de los que eran su representación política, no habían luchado por los intereses de la nación y en eso estaban envueltas todas las corrientes partidistas, de izquierda, centro y derecha.
De repente se levanta un país convulsionado, son sus jóvenes estudiantes los actores principales, y con ellos comienza el destape de la olla de grillos maloliente de los que muchos llaman la clase política, el pueblo grita: “educación buena, de calidad y gratuita.!!!... no a pascua lama y la destrucción de los glaciares!.... a renacionalizar el cobre chileno!.... no a hidroaysen!.... no a la entrega de nuevas concesiones con el mar a empresas extranjeras que contaminaron nuestro mar!... ahora se escucha con fuerza y se descubre que muchos parlamentarios en el 2007 no tuvieron ningún interés en aprobar el proyecto de renacionalización del cobre, esto lo dejo ahí, porque la entrega sigue y suma.
“Cuanto más atrás se puede ver, más adelante se verá.” eso decía Winston Churchill, y cuando volvemos la vista atrás nos damos cuenta que aquellos que aceptaron la transición del tirano a la democracia, aceptaron “el triángulo de la injusticia” que exigía Pinochet: “Me respetan la constitución, el modelo económico y no tocan mi gente”... cuando algo comienza mal termina mal, y lo que está pasando en las calles de Chile es un botón de muestra.
“Hay que cambiarlo todo”, la república está cansada del parche en la rodilla, y el parche en el poto, es el mandato de Chile. La exigencia de las mayorías, es una nueva constitución, cambiar el modelo económico, educar a las FFAA con los valores imperantes en el siglo 21, desmilitarizar a los carabineros, y ganar “la madre de todas las batallas”, renacionalizar el cobre, etc.
Vivimos en el siglo de las comunicaciones, y aquí ocurre un fenómeno nunca visto en la historia de los pueblos, los seres humanos se comunican a nivel nacional y continental, el planeta nos quedó chico, lo que ocurre en algún punto del planeta lo sabemos casi todos, en minutos, la transferencia de información en todos los planos del espectro del conocimiento se globaliza, lo que antes tomaba años en saberse ahora lo sabemos todos más temprano que tarde, para bien de algunos y para mal de otros... seguro que más de alguno adivina de que estoy hablando, el fenómeno más grande en la historia de la humanidad, el que lo cambió todo... ¡LA INTERNET!
Se comenta en algunos círculos que “la los política” lo llama, “el azote de Atila.”
Con un saludo fraternal de Carlos Alvarado.
Por el Pc-surv
Lucy Ortiz



