En nuestro caótico cúmulo de problemas originados por una desigualdad de siglos y maximizados por la adopción del neoliberalismo que sólo beneficia a minorías, la población salvadoreña percibe la criminalidad y la agobiante tasa de desempleo, bajos sueldos y carestía, como sus problemas más acuciantes. Pero, como todos lo sabemos, esos son sólo ejemplos, puesto que el sistema de exclusión ha obligado a un éxodo poblacional que al desintegrar familias provoca una juventud sin futuro, proclive a las manifestaciones violentas; y en tanto, un capital insensible hace del consumismo un paradigma, creando falsas necesidades y más frustración. Y no es todo, el egoísmo del sistema encarece y dificulta la adquisición de vivienda, resta recursos a las áreas educativas y de salud. Por si fuera poco, las minorías privilegiadas se apropiaron de los bienes redituables del Estado, se eximieron de muchos impuestos, compraron impunidad política para evadirlos e incluso para robar retenciones del IVA, e incumplir la obligación de afiliar empleados al Seguro.
Es una lista interminable de problemas; pero es la criminalidad la que enfatizan los Medios para desestabilizar un gobierno que hubiera podido intentar correcciones, pero que atado por los problemas heredados e infiltrado por las comodidades personales pasajeras, no ha podido responder a las demandas de sus electores y sirve en bandeja a la derecha su regreso al gobierno. Seguirán entonces los mismos problemas, pero ya sin la resonancia que aumenta los temores e inconformidades; habrá vencido el temor e la incertidumbre. Y continuaremos en más temor e incertidumbre pero acallados, si no queremos ser perseguidos como en el pasado siglo, por “comunistas” o “terroristas”, según las directrices de quien impere.



