Sin lugar a dudas, los pupilos de Rudis Gallo son, además de expertos en extraer los productos del mar, lo son al jugar fútbol playa, esa modalidad del balompié que no sólo ha llenado de gran regocijo a los salvadoreños dentro y fuera del territorio nacional, sino que ha puesto a este pequeño país, en las más importantes vitrinas del deporte mundial.
La selección de playa de forma silenciosa y solitaria, había venido construyendo su propia historia, ajena de los patrocinadores y alejada de los grandes problemas que abaten al país.
Así, pese a la crisis económica, y otros problemas fundamentales como la violencia, que a diario son noticia en los medios de comunicación, los 12 balompedistas de playa, no se dejaron distraer, y aprendieron a trabajar para la supervivencia y para su propia diversión. Así llevaron a El Salvador a tres mundiales. El primero, en Marsella, 2008; el segundo en Dubai, 2009, y el más reciente en Rávena, Italia.
La confianza en sí mismos, producto del trabajo serio realizado en el periodo de preparación, los llevó a ponerse un objetivo más: “ganar un partido”.
En los dos primeros, como cualquier selección que va a un mundial, lo importante es clasificar. Pero, esta vez, la selección de playa no sólo quería participar, ya lo habían hecho en dos ocasiones, y comenzaron a prepararse para ganar un partido. Esa era la meta.
El primer partido, contra Portugal, fue desalentador para nuestros jugadores, pues, perdieron 11 tantos a dos, que según los analistas del deporte, no fue por inferioridad, sino por descuidos, esos momentos que sufre cualquier deportista de país grande o chico como El Salvador. Pero, aquí está la diferencia, de la poca importancia e incidencia que debe tener ser una nación chica, es la alta estima, y la seguridad de la preparación a conciencia.
Los seleccionados del fútbol playa tenían claridad, en su humildad, que hay potencias, pero, que al final, son cinco contra cinco, y si sabes tocar el balón y tienes una alta estima, no hay grande que te amilane.
Lo anterior, unido a la humildad, la garra y el amor a la azul y blanco, hace un conjunto perfecto para dejar en el camino a dos favoritos: a Argentina, primero, e Italia, después.
Que el triunfo de los playeros, al quedar en el cuarto lugar en el mundial, después de haberle jugado de tú a tú, a Rusia, que es el país campeón, y en una segunda oportunidad contra Portugal, con quien perdió 2 a 3, sea un mensaje de aliento y esperanza para los deportistas en todas las disciplinas, en particular, y de los y las salvadoreñas, en general, que se puede salir adelante, si se esfuerzan y tratan al otro como iguales, sin abandonar la humildad.
Felicidades muchachos de la selección de playa, y gracias por darnos las más grandes ilusiones y disfrute del deporte en estos momentos en que estamos siendo abatidos, pero no vencidos por la violencia criminal.



