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Miércoles, 07 de Septiembre de 2011 / 08:45 h

Los diez despilfarros más graves y sin precedentes en los contratos militares

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Adam Weinstein
Mother Jones
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Después de tres años, la bipartidista Comisión para los Contratos en Tiempos de Guerra completó finalmente sus trabajos esta semana. En su informe final al Congreso considera que el gobierno federal ha perdido entre 31.000 y 60.000 millones de dólares a causa del fraude y el derroche ejercidos por los contratistas desde que empezaron las guerras de Afganistán e Iraq. “El gobierno no estaba preparado en 2001 para ir a Afganistán ni a Iraq en 2003 utilizando grandes contingentes de contratistas, y sigue siendo incapaz de llevar a cabo una gestión y supervisión eficaces del gasto referido a tales sujetos”, dijo Michael Thibault, co-presidente de la Comisión.

Más allá de su burocrático título (“La negligencia sobre las contingencias relativas a la contratación produce despilfarro, fraude y abusos masivos”), el capítulo más interesante del informe de 248 páginas de la Comisión se lee como una lista de grandes éxitos de costosas meteduras de pata que consiguen convertir en una bagatela los famosos asientos de váter de 600 dólares del Pentágono. Siguiendo un orden ascendente de atrocidades, aquí están los diez despilfarros más importantes de los contratistas bélicos que aparecen detallados en el informe:

10. Riqueza para los señores de la guerra: Cuando el Pentágono contrató amplios equipos de conductores afganos para transportar los suministros como parte de su programa de Transporte por Carretera en la Nación Anfitriona (HNT, por sus siglas en inglés), olvidó garantizar la seguridad de los transportistas. Por tanto, los camioneros gastaron hasta el 20% del dinero de sus contratos en pagar a los chicos malos locales para que les protegieran. Un informe del Congreso de 2010 titulado “Wardlord, Incorporated” concluía que “Los contratos del HNT auspiciaban las actividades de los señores de la guerra, la extorsión y la corrupción, y podían convertirse en una importante fuente de financiación para los insurgentes”.

9. La carretera más cara del mundo: En 2007, los planificadores estadounidenses decidieron pavimentar una carretera de montaña de unos 100 kilómetros de largo entre las ciudades afganas de Khost y Gardez. Se calculó que completarla costaría 69 millones de dólares, pero acabó disparándose hasta los 176 millones. Gran parte de esa cantidad fue a parar a la seguridad, incluyendo un buen montón destinado a un crápula local conocido como “Arafat”, del que ahora se cree que estuvo trabajando para los insurgentes. En mayo, el New York Times informaba que “un trozo de la autopista terminado hace seis meses está ya deteriorado y es peligroso circular por él”.

8. Esa vieja base: En el otoño de 2007, la Fuerza Aérea le pagó 18 millones de dólares al contratista CH2M HILL por un trabajo de construcción en Campo Phoenix, una instalación del ejército en Afganistán. La compañía contrató a un oscuro contratista que no pagó a sus trabajadores y se escapó del país con dos millones de dólares que utilizó para construirse algún que otro chalet en el extranjero. Los trabajadores no remunerados se largaron con un buen número de generadores y otros materiales. Los retrasos dejaron a cientos de soldados de la OTAN sin un alojamiento adecuado durante año y medio. Cuando Thibault, de la Comisión de ontratos, visitó a los soldados en sus albergues temporales, le alertaron acerca de los deficientes trabajos eléctricos realizados: “Entré en la habitación y estuve hablando con algunas de las personas que vivían allí y dijeron: ‘En ocasiones, cuando pones los enchufes, si no tienes la extensión adecuada, puede que todo estalle como si fuera una bengala’”.

7. Alquilando una estafa: Las bases de la coalición en Iraq y Afganistán suelen ser grandes y están situadas en terrenos escarpados, por eso muchas unidades alquilan todo- terrenos locales para llegar hasta las instalaciones. Una investigación realizada en 2010 sobre las fuerzas estadounidenses en Afganistán averiguó que el ejército estaba gastando 119 millones al año para arrendar 3.000 vehículos, es decir, alrededor de 40.000 dólares al año por vehículo. El año pasado, la General Services Administration averiguó que el ejército “podía arrendar y mantener 1.000 vehículos por alrededor de 19 millones de dólares al año”, el 16% de lo que había estado pagando. Sin embargo, el ejército sigue considerando que debe pagar una prima por alquilar vehículos cuando sea estratégicamente necesario; incluso ha llegado a enumerarlo en un listado como “apoyo cívico” en un manual titulado “Money as a Weapon System” [El dinero como sistema de armamento].

6. La quiebra del Banco de Kabul: Es un asunto tan embrollado que tuvimos que ilustrarlo bien. Desde 2003, la Agencia para el Desarrollo Internacional de EEUU (USAID, por sus siglas en inglés) ha venido pagando 92 millones de dólares al gigante de la contabilidad Deloitte para que entrenara a los ejecutivos del Banco Central de Afganistán. El Banco Central supervisa al Banco de Kabul, el mayor banco privado afgano, del que se ha estimado que tiene 900 millones de dólares en activos repletos de préstamos sin valor alguno. No fue ninguna sorpresa por tanto que el banco quebrara en 2010, arrasando todo el naciente sistema financiero afgano. (El fundador y director ejecutivo del Banco de Kabul explicó: “Lo que estoy haciendo no está bien, no es exactamente lo que debería hacer. Pero esto es Afganistán”). Así es, USAID pagó a una firma de Wall Street un montón de pasta para que lo amañara todo mientras el mercado afgano ardía. “El personal de USAID se enteró de los graves problemas del banco tras leer el Washington Post. Deloitte nunca advirtió nada a la Agencia”, informó la Comisión de Contratos.

5. Nunca dejes jerifaltes detrás: En 2005, la Agencia de Logística de la Defensa (DLA, por sus siglas en inglés) concedió a Supreme Foodservice, con sede en Suiza, un sustancioso contrato para que enviara alimentos “vitalmente necesarios” a las bases en Afganistán. Pero a primeros de 2011, la compañía le había facturado al gobierno estadounidense 4.200 millones de dólares, pero los investigadores del Pentágono hallaron que esa suma se había inflado en cientos de millones con posibles cobros excesivos por cosas tales como ofrecer “un puente aéreo de lujo” de frutas y verduras frescas desde los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, la compañía consiguió una ampliación de su contrato por dos años, quizá porque el general del ejército que solía supervisar el contrato de la DLA con Supreme es ahora el presidente de la división de la compañía en EEUU.

4. Soldados de la desgracia: Para mantener sus abultados márgenes de beneficio, los contratistas militares tienden a subcontratar mano de obra barata de las naciones pobres, una práctica que ha producido “trabajo forzoso, esclavitud y explotación sexual”, dice la Comisión. En un viaje a Iraq realizado en 2009, los comisionados averiguaron que los guardias contratados por compañías como Triple Canopy, SABRE y EODT para garantizar la seguridad en las grandes bases estadounidenses eran mayoritariamente africanos y sudamericanos. Entre las cosas que descubrieron figuraban: los guardias estaban a menudo mal equipados, trabajaban turnos increíblemente largos, con relevos cada doce horas, se les negaba el mes de vacaciones y no se les pagaba hasta que sus contratos terminaban, obligándoles por tanto a soportar sus tareas hasta el final. El gobierno pagó a SABRE 1.700 dólares por guardia; en cambio, SABRE pagaba a sus reclutas ugandeses 700 dólares al mes y se embolsaba la diferencia.

3, 2, 1. KBR, KBR, KBR: Según la Comisión de Contratos, a la megacontratista KBR (anteriormente conocida como Halliburton), se le pagó al menos 36.300 millones de dólares por proporcionar apoyo en las bases estadounidenses en Iraq durante los últimos ocho años. Eso es un poco menos que los rescates que el gobierno hizo del Banco de América y del Citigroup. Aunque, finalmente, los bancos devolvieron el dinero. El informe de la Comisión detalla numerosos ejemplos de los despilfarros de KBR.

¿Por dónde empezamos?

Tenemos los sobornos de los subcontratistas a los que se les concedió una recompensa de 700 millones de dólares por las cuestiones de comedor. (El Departamento de Justicia ha presentado una demanda contra KBR por esa cuestión). Después tenemos los 5 millones de dólares gastados en pagar a 144 mecánicos de KBR que trabajaron, de media, unos 43 minutos al mes. Los inspectores han averiguado que KBR no puede justificar 100 millones de dólares de las propiedades amuebladas de su gobierno en Iraq. A pesar de recibir 204 millones de dólares para llevar a cabo trabajos eléctricos en las bases de KBR, la chapuza del cableado de KBR ha sido responsable de la muerte de doce soldados electrocutados, incluido un comando de las Fuerzas Especiales que murió después de quedarse conmocionado en una cabina de ducha. La compañía le ha facturado también al Tío Sam 500 millones de dólares por contratar a Blackwater para que proporcionara personal de seguridad en Iraq, algo que un gran contratista tiene prohibido.

Quizá resulten aún más preocupantes los vínculos de la compañía con un supuesto tráfico de seres humanos. A finales de 2008, los periodistas descubrieron un almacén sin ventanas en el complejo del Campo Victory en las afueras de Bagdad, donde unos 1.000 hombres de Bangladesh, la India, Nepal y Sri Lanza eran retenidos en condiciones carcelarias. Los hombres habían sido contratados por un subcontratista de KBR. Más o menos en la misma época, otro subcontratista de KBR fue demandado por sacar trabajadores asiáticos hacia Iraq con falsas promesas de altos salarios.

Y el despilfarro continúa. Cuando comenzó en Iraq la retirada de tropas, escribe la Comisión, “KBR disponía de la mitad del personal contratado en Iraq. Cuando las bases cerraron y su personal abandonó esas bases, KBR se limitó a trasladar a algunos de ellos a otras bases y continuó facturando por su apoyo”. En total, KBR le ha costado al gobierno al menos 193 millones de dólares en pagos a personal innecesario, y quizá la cantidad más exacta llegue hasta los 300 millones. Sin embargo, el Pentágono no parece tener prisa en largar a KBR. “Dijimos básicamente que KBR es demasiado grande para hacer que quiebre”, se quejó el co-presidente y antiguo representante republicano por Connecticut Christopher Shays, “por tanto, vamos a tener que seguir financiándoles”.

Adam Weinstein es especialista en temas de seguridad nacional de Mother Jones.


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