Caralvá
Hace unos meses, en una conferencia cultural, un joven me lanzó esta pregunta ante un foro universitario de unos 100 alumnos.
Aquella iniciativa me provocó diversas reacciones y en cuestión de segundos recorría mis años universitarios donde el centro de gravedad era la lucha contra la dictadura y la cantidad de injusticias sociales etc.
Influidos por diversos movimientos humanistas y revolucionarios, muchos no preguntamos por el futuro, sabíamos que no lo teníamos en absoluto, que al contrario de anteriores generaciones debíamos construirlo en dos grandes líneas generales: una la formación profesional y otra el curso del cambio hacia la democracia. Si esta condición era ingenua pronto comprendimos que nuestra sociedad exigía más y más para el cambio anhelado. La sociedad de aquellos años no admitía opción, el autoritarismo forzó la revolución armada, pero aquellos que defendían el antiguo modelo antidemocrático hicieron lo mismo, al final fue arma contra arma, el costo fue dramático.
Desde esos años el futuro era un espacio inalcanzable, lo sabíamos no por un año, ni una década, prácticamente envejecimos sin futuro, excepto que alimentados por una concreción del presente, nos aferramos a diversas opciones que combinaron guerra, exilio, lucha democrática, construcción de movimientos sociales, realización profesional, familia, todo en concordancia con las precarias posibilidades que la sociedad nos brindó y esto no fue nada fácil.
En determinado momento el capitalismo nos exigió una certera conciencia de integración, pero unido a ello conservamos nuestros ideales por la democracia por esa sociedad integral que soñamos hace mucho. Pronto comprendimos que el futuro no reposa en la edad, puesto que ya no teníamos edad para nada.
Algunos de nuestros contemporáneos parecían viejos autócratas, no pensaron, ni creyeron, ni siquiera soñaron con modificar un solo centímetro de la sociedad autoritaria. Años después su presente es un desastre. En nuestro caso soñar y luchar por la democracia tampoco fue un seguro de vida para lograr el “éxito social”, excepto que nosotros no desistimos, a lo mejor ahora ellos sueñan con el regreso a la dictadura.
Hace años comprendimos que si no teníamos futuro solo teníamos el presente, sabíamos que en cuestión de horas podíamos ser cadáveres y no era “paja”, así que combinamos las penurias del estudio a toda costa, aún en situaciones extremas y robamos tiempo a todo. Debo anotar la vieja leyenda de AGEUS: estudio y lucha, resume no solo la vida, también la muerte. Como el capitalismo no perdona a nadie y la democracia es una cultura en construcción, los jóvenes deben estudiar y luchar por la democracia en todo: trabajo, estudio, movilidad social, reconocimiento, organización política, seguridad ciudadana, participación civil etc. La democracia entonces es el cambio permanente, más democracia y mejor sociedad, evidentemente algunos pueden estar en completo desacuerdo, no obstante ¿qué joven no desea una estabilidad social para los siguientes 100 años? ¿quién se opone a libertad y los derechos ciudadanos? de esa forma exigir a la democracia más democracia es el desafío, nadie será viejo con esa bandera y los jóvenes pueden envejecer con esa utopía. Exactamente como nosotros.
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