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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 16/09:13 h.

Miércoles, 17 de Agosto de 2011 / 11:01 h

Palabras del Dr. Héctor Samour, Secretario de Cultura, en la presentación del libro “El perro en la niebla”

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El valor que tienela historia, la memoria histórica, es indudable para una nación que busca constantemente reencontrarse, redefinirse y plantear hacia sí misma posibilidades de crecimiento acordes a sus circunstancias.


Existe una necesidad latente por ser críticos con lo que somos, planteada como urgente desde los años setenta en la voz de Ignacio Ellacuría; una necesidad que crece con el pensamiento ciudadano y que se manifiesta también en el arte y la literatura. La crítica, en ese sentido, es motor de cambios, de debate y análisis. Ilumina además alternativas para tener un país más justo. Se basa en la reflexión, en la revisión del pasado, y busca argumentos desde esa misma reflexión.La Secretaría de Cultura de la Presidencia, que dirige la conmemoración del Bicentenario del Primer Grito de Independencia, cree que este marco, este 2011, es un momento por demás ideal para esa reflexión de nuestro pasado. No celebramos una fecha, buscamos generar el debate y la sana discusión sobre lo que hemos sido, sobre aquello que nos atrapó en la convulsión, en la injusticia, en la inequidad, y que nos ha forjado con el paso del tiempo y nos ha influenciado grandemente en nuestra salvadoreñidad contemporánea.“El perro en la niebla” plantea un proceso en el que la sociedad se percibe, se mira en el espejo del tiempo, afronta paso a paso la transformación histórica de su realidad, y se planta, finalmente, desde la  descripción y la interpretación del que para muchos es el momento más importante de nuestra historia, el último cuarto del siglo XX.No me cabe duda de que el país gana mucho con la presentación de esta obra. La Dirección de Publicaciones e Impresos acierta grandemente con apoyar esta segunda edición, y la primera en el país, de la novela de Róger Lindo, quien es uno de nuestros más importantes escritores contemporáneos.Hace un poco más de cuatro años, la periodista y traductora argentina Lilian Fernández Hall se refería a la novela de Lindo como “ambiciosa”, pero con “tono mesurado”. Considero oportunas estas palabras, pues a mi juicio “El perro en la niebla” es coherente con la prudencia del presente cuando mira al pasado.


No busca mostrarse como ejercicio catártico hacia nuestra idiosincrasia o nuestra historia, sino que va más allá, y se afianza en la coherencia y en el rumbo de todo un país.En “El perro en la niebla” encontramos las sensaciones de lucha del pueblo obrero, la sindicalización, la militancia, el conflicto y su resolución, la vuelta a la vida civil, la inserción en el sistema, la desidealización de los motivos y el reencuentro con lo meramente personal.Sin embargo, más allá de todo esto, en donde se recorre el capítulo trágico de la confrontación intestina de nuestra sociedad, la infamia de quienes ejercían el poder y los errores de quienes desde la lucha decían plantear alternativas, esta novela es honda en la esencia humana y en la confrontación de El Salvador con sus miedos, con sus modos de aprehender la realidad. En suma, encontramos un ejercicio  crítico, en el que el personaje principal es el reflejo de toda una nación.Que un libro consiga esta síntesis, en la que el lector transita entre el paralelismo de la vida personal y la vida social, siendo la simbiosis de ambos resultado de factores humanos y políticos, es algo que pocas veces hemos visto en la narrativa salvadoreña.Particularmente, “El perro en la niebla” me ha llevado a una reflexión más franca de lo que somos y a escarbar en el recuerdo.


El texto hace evocar, desde lo narrado contextos, temores, movimientos sociales e imaginarios de ese pasado, que aún es reciente.En 1998, Róger Lindo publicó el poemario “Los infiernos espléndidos”, también con el sello de la DPI.  El exilio y la sinrazón eran temáticas reiterativas en sus versos, que plasmaban el sentir de un vacío reflejado en la condición humana de los salvadoreños luego de la firma de la paz.El exilio se deja ver también en esta novela, pero no como martirio o con luces lastimeras, sino como parte de un proceso descrito de diversas formas y tocado con la prudencia que da la madurez en un escritor.Ya lo ha dicho antes Beatriz Cortez respecto de Róger Lindo: “El exilio siempre le ha proporcionado los medios para reinventarse”. La reinvención del trabajo y sus temáticas ahora en novela dan paso a mejores formas de abordar el tema del conflicto armado y de la historia política salvadoreña.


Cito de “El perro en la niebla”: “La huelga fue un éxito. La mayoría de los obreros paró, el gerente general estuvo a punto de sufrir un infarto, los perros se quedaron estupefactos. Pero también fue un fracaso: despidieron a la mitad de los empleados, incluidos el secretario general. Comprendí que el movimiento tardaría en rehacerse. Lamentablemente no podíamos ir a emborracharnos –los nuevos principios lo prohibían así que de consuelo, el secretario general y yo acompañamos a Mimi a su casa en las afueras de la ciudad”.


Este, como muchos pasajes, nos tira a la cara, con claridad, síntesis y sana exhortación, los pormenores del abanico de posibilidades de interpretación del conflicto. En la guerra ganamos todos, perdimos todos; fue un conflicto que nos arrinconó y que sacó lo peor y lo mejor de nosotros.


No podemos emborracharnos en victorias, en la paz soñada, en las supuestas libertades; hay que plantarnos en tierra y rehacer nuestros ideales.“Solo hay una vida, pensé”, dice Róger Lindo en alguna de las partes finales de esta obra. Y de ahí nos guía hacia otro estadio de análisis, ese que tiene que ver con las razones de la guerra, con la llamada vida diaria y cómo decidimos vivirla.


El ideal sigue permaneciendo en la sombra si no es atado en tierra. Ver hacia el pasado, pero no dejar de caminar hacia adelante son, por tanto, las alternativas.   No quiero finalizar mi intervención sin agradecer a Miguel Huezo Mixco por la presentación de esta obra. Este gesto nos deja una muy grata impresión.


Este tema de la literatura de guerra representa a una generación, pero también nos hace a todos los salvadoreños recordar y discernir sobre lo que hemos alcanzado como sociedad y lo que debemos aspirar como seres humanos.

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