La actual gestión municipal capitalina es abundante de maquillaje, de pavimentos y naturalmente, objeto de censuras. Hemos acompañado las críticas por la tala de árboles en las plazas del Salvador del Mundo y la Bethoven; creemos una barbaridad que se sustituyan con pavimento y no somos ajenos a las dudas sobre los posibles compadrazgos con contratistas de tantas remodelaciones; esta última sospecha se basa en los antecedentes conocidos de funcionarios (Asamblea, Corte de Cuentas, CSJ y más) pagando clientelismo político. Ojalá se rindieran cuentas de lo presupuestado y de lo gastado; y naturalmente es una exigencia que se amplía a todas las municipalidades y desde luego a toda la gestión de gobierno que ha prometido transparencia.
En esa manía municipal de talar y pavimentar, seguimos temiendo que se insista en depredar la zona boscosa de lo que queda de la Finca El Espino – el último roncón de los pericos —. Lógicamente la oferta electoral de resolver el caos del transporte olvidó que eso pasa por un consenso con las otras municipalidades vecinas y que por esa misma razón, es tarea más bien del gobierno central; lo mismo será con la oferta de embovedar el Acelhuate. Y como en el reordenamiento del transporte público, la protesta pública obligó a un intento de solución rápida, fue igualmente tarea desarrollada por el gobierno central.
En definitiva, la gestión municipal en San Salvador se está quedando en grandes carteles con el nombre del Alcalde. Y como ya estamos a las puertas de una nueva elección, veremos qué tanto aceptan los capitalinos una gestión reducida a talar, pavimentar y publicitar su nombre.



