El pasado domingo hubo acción de rebeldía de parte de los internosdel Penal de Quezaltepeque, luego que las autoridades impidieran que los reclusos colocaran sábanas en lugares prohibidos, pues, ocultaba la vigilancia penitenciaria.
Obviamente, la reacción de los reos, hasta cierto punto violenta sucedió, luego que las autoridades de Justicia y Penitenciaria, destituyeran a los antiguos custodios y personal administrativo, luego de detectar un túnel que sería utilizado para que los reos, sino todos, algunos, lograran escaparse.
Desde la lógica de las autoridades penitenciarias, el mencionado túnel no pudo haberse construido sin la colaboración del personal exterior, valga decir de vigilantes o personal administrativo.
Obviamente, el personal afectado tiene derecho a que se le investigue, y sin son inocentes, que se les reinstale, pero, si hay demasiadas dudas, lo mejor es que se les indemnice.
Esta medida, hasta cierto punto puede considerarse dura, no obstante, por la modalidad que han implantado algunos reos, sobre todo los de pandillas y maras, no solo para controlar los centros penales, sino también, dirigir actividades criminales hacia el exterior, las autoridades penales y de seguridad deben desconfiar de todo y de todos.
Hasta hoy, las autoridades penales, respaldadas por el gabinete de seguridad y el mismo Presidente Mauricio Funes, han logrado montar mecanismos de vigilancia penitenciaria que va, desde la colocación de soldados en áreas perimetrales, hasta mayores controles internos como la colocación de cámaras de video que pueden observarse en la central.
De hecho, las sábanas que los reos habían colocado en el penal de Quezaltepeque, buscaban precisamente evitar que algunas cámaras pudieran captar sus actividades dentro del penal.
Es curioso, por cierto, que el día del amotinamiento de los internos en el interior del penal, el domingo pasado, los despedidos hicieran protestas, junto a familiares de los reos. Esto, repetimos es sospechoso, pero no se puede llegar a una conclusión absoluta, no obstante, las autoridades penitenciarias si deben tomar cartas en el asunto.
Otro elemento que debe preocuparnos, es el desempeño de los soldados en el área perimetral, pues, según imágenes captadas por la televisión, los efectivos dispararon sus armas al aire, o contra el suelo, para evitar que los familiares de los reos sea aproximaran al portón principal.
Si bien, los familiares de lo reos, no todos por cierto, lanzaban piedras contra los policías y los soldados, cierto es que responder con disparos no es lo más apropiado, salvo que aquellos tuvieran armas de fuego. No obstante, los soldados no dispararon contra los manifestantes, lo cual es aplaudible, pero, debido a la poca formación y al nerviosismo, más de algún soldado puede perder la cordura y meter a la Fuerza Armada en problemas.
Esto debe ser, entonces una alerta, a tomar en cuenta, para, sin aflojar la guardia en los alrededores de los penales, los soldados deben saber que el arma es el último recurso para resguardar su vida y la de los demás.
No dudamos que en el futuro habrá provocaciones, bien espontáneas, o planificadas, no solo para causar alguna víctima inocente, sino para desprestigiar los planes de seguridad que está implantando el gobierno.



