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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Jueves, 14 de Julio de 2011 / 10:40 h

Facundo Cabral: canto inmortal

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Caralvá

La noticia de la muerte de Facundo Cabral pretende asesinar al canto y poesía de nuestros pueblos. El autor de canciones generacionales acompañó a las juventudes latinoamericanas desde sus propios ritmos tradicionales, de esta forma unió al continente con una mezcla de protesta alegre, con vibrante diálogos, unión de humor intelectual que fusiona realidades con esperanzas.


Un 24 de agosto de 1991 visitó nuestra nación, se presentó en el Teatro Presidente. El afiche con su fotografía tenía  por título: Facundo Cabral el poeta de América en El Salvador;  aquél fue un momento decisivo en el camino hacia la paz, quizás fue uno de los seres privilegiados que adelantó el momento que vivimos, pero casi 20 años después aconteció la tragedia.  Entonó la música de Atahualpa Yupanki guitarra en mano, con su sensibilidad expansiva. Una canción de Atahualpa titulada: Los Hermanos parece describir sus vidas “Yo tengo tantos hermanos/ que no  los puedo contar/ en el valle, la montaña/ en la pampa y en el mar/ cada cual con su trabajo/ con sus sueños cada cual/ con la esperanza delante/ con los recuerdos atrás,/ yo tengo tantos hermanos/ que no los puedo contar.. ” Y de aquellas lejanas tierras de la pampa, la vida de estos cantores une a los pueblos que siempre son los mismos, sin diferencias. Ya habría escrito Antonio Machado: “se canta lo que se pierde”.


Su vida, su obra, con una guitarra, ese instrumento popular que parece un miembro de las familias latinoamericanas, le identifica como cantor de esperanzas nuevas. La guitarra en nuestra nación es parte de las vivencias juveniles y de muchas anécdotas de abuelos, con las referencias de rondas, serenatas, mañanitas, charangos, rancheras que con el tiempo se fueron transformando, pero no murieron, se convirtieron en trovas, boleros, baladas y sonidos rock, pero la asociación canto-guitarra-grupos identifica no solo un momento histórico, sino que fotografía el alma de los tiempos, de ahí que la imagen del artista con su  guitarra une memoria con el llamado realismo mágico de nuestras Américas.
Y bajo esa condición de poesía que invadía su canto y vida, Facundo Cabral une desde Argentina hasta México al continente,  unas palabras de Roberto Juarróz son oportunas: “creo cada vez más, que la poesía es el mayor realismo posible que no está en la manera idealista, ni en los periódicos, ni en la televisión; el mayor realismo posible está en el lenguaje que abre todas las posibilidades, que abre todas las puertas que no tiene miedo de entrar por ninguna, en realidad el elemento que más se repite es la muerte, no hay vida sin la muerte, por eso Octavio Paz dice en alguna parte: “que no hay gran poesía que no se encuentre con la muerte y que no dé, alguna respuesta con el asunto de la muerte; y yo que no creo en las respuestas, creo en la primera parte,  creo que el encuentro con la muerte es inevitable, que el ser humano no se encuentre con la idea  de la muerte no como una cosa negativa, no como un pesa que lo oprime, no como un granito que lo hunde,  sino como algo real que está ahí en cualquier instante y que va afectando a cada uno de los que amamos, y de los que no amamos, que va afectando a todos los hombres, quien no hace eso vive en la ficción, vive en la evasión, viven en la cobardía. Pero en cambio la actitud que la poesía exige es otra, es el dar, es hacer frente a las cosas, por eso dijo Alberte Degan: no hay más gente que lee poesía, por que la gente le tiene miedo a la poesía. ¿Por qué le tiene miedo a la poesía? Uno se queda desnudo ante la poesía.

www.cesarramirezcaralva.com

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