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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:29 h.

Viernes, 01 de Julio de 2011 / 10:47 h

Sencillamente vergonzoso

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Sí, vergüenza,  y hasta repugnancia nos ha causado la noticia de la jugosa bonificación que se recetaron tres altos         funcionarios de la Corte de Cuentas de la República, tal y como lo hicieron algunos magistrados de la Suprema Corte de Justicia a mediados de 2009. Tal parece que algunos funcionarios solo copian los malos ejemplos de otros.


Y es que tras la salida, por fin, de Hernán Contreras, de la Presidencia de la Corte de Cuentas de la República, de forma descarada informó que se había indemnizado, porque por servirle al país había abandonado sus empresas y le había dedicado mucho tiempo, en sus 18 años de servicio a la institución.


Hoy se sabe, que Hernán Contreras (del PCN) se recetó $66 mil 37, “por servicios a la patria”. Mientras que los ex magistrados  Abdón Martínez (de ARENA), $67 mil 332; Arnoldo Marín (del PDC), más de $40 mil. Una verdadera piñata.
Claro, para realizar estas estafas al estado, los funcionarios promueven leyes o reglamentos, y entonces “todo es legal”.
Por supuesto que en la piñata de la Corte de Cuentas no solo participaron los tres máximos jefes, sino una treintena de empleados, pero, a estos, salvo algunas excepciones, podría ser hasta legítimo.


Y es que no es justo, que en un país con sus finanzas casi en la quiebra, todavía se hagan leyes para que altos funcionarios se vayan con indemnizaciones jugosas, mientras al común de los empleados públicos por contrato, si son prescindibles, se les niega, por ley, las indemnizaciones.


Lástima que en países tercermundistas, este tipo de hechos no pasa de ser un simple gesto nauseabundo, porque somos incapaces de indignarnos de verdad y hacer que devuelven lo sustraído al fisco.


La Asamblea Legislativa debería promover una ley para indemnizar a todo aquel servidor público por contrato, si a éste no se le renueve en el año siguiente.


Pero, esa misma ley, debería prohibir la indemnización, cuando haya sido funcionarios en cualquier escala jerárquica, y válida para los tres órganos del Estado.


Cuántas escuelas pudieran haber sido dotadas de algunos instrumentos pedagógicos con ese millón de dólares que se repartieron los de la Corte de Cuentas.


Pero, lo más grotesco de esos repartos de dinero es que se hacen en una situación de crisis todavía generalizada.
Las finanzas públicas andan tan mal, que el gobierno central se verá obligado a un impuesto extraordinario para financiar programas en la seguridad pública, y que esos “despilfarros” los utilizaran los empresarios para su resistencia al pago del impuesto.


Cuánto daño le han hecho al país, y le siguen causando funcionarios como Hernán Contreras.

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Editorial



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