Donde quiera que se encuentre el artista, en las condiciones físicas y psicológicas que la crisis bélica o de cualquier índole lo haya marcado, dejando en su corazón tristeza, dolor, impotencia y desesperanza, le abrazamos. Sí, porque los artistas estamos presentes para darnos la fuerza que se necesite para llevar adelante el propósito de decir quiénes somos, denunciar los atropellos que se cometen a diario no solo en México sino en el mundo entero.
En este caso en particular, el Pcsurv inicia la campaña pro-lanzamiento del libro de denuncia EL TALENTO DE LOS FARSANTES, de la periodista y escritora mexicana Karla Lottini, una obra donde la escritora expone la violación de derechos laborales y humanos, corrupción e impunidad, además de la vinculación y complicidad entre el gobierno federal y los sectores públicos o privados, incluidos los medios de comunicación y organizaciones intelectuales supuestamente cultivadoras del libre pensamiento, de ahí que la divulgación de su testimonio la ponga en una situación vulnerable capaz de generar graves consecuencias en contra de ella y de su familia.
En entrevista con el periodista Eduardo Olivares, para el programa radial Latino Soy, la autora sostuvo: “No debemos esperar a que haya un muerto en la familia para empezar a denunciar a los criminales que arremeten en contra de los que no tienen acceso al poder”.
Para tener una imagen bastante clara del contenido de esta obra, nos basta leer el prólogo, escrito por la periodista Gloria Palma:
“En EL TALENTO DE LOS FARSANTES leemos el Programa de una tragedia nacional. En cada Acto los mexicanos somos innegables. Con su estilo y claridosa sinceridad, Karla Lottini nos involucra a todos. Los Actores o “artistas” principales dejan de ser ajenos al abuso de poder que bien reconoce el obrero; al “liderazgo” perpetuo que ha dominado y desacreditado al maestro; a los criterios parciales e intereses particulares que han sometido al periodista; a la corrupción e impunidad; al cinismo o el silencio; a la fuerza bruta o barbarie que, en suma, han secuestrado nuestro país. A diferencia de la costumbre nacional, muy arraigada, de negar tres y más veces, Karla nos da, en este libro, la tercera llamada para que abramos el telón y expongamos lo que nos oprime y nos exilia, no necesariamente en otros países, sino dentro de nuestros hogares y nuestra propia conciencia: ese miedo paralizante ante la violencia institucionalizada. Karla dominó ese miedo, que no debería de ser; como tampoco su libro debería asumirse como un acto en el que arriesga la vida. En un país democrático su denuncia transitaría en canales certeros, no entre amenazas de muerte y daño contra ella y su familia. Conocí a Karla, jovencita. Entonces acariciaba el sueño de estudiar para cineasta. En sus crónicas culturales descubría siempre un estilo que era, más bien, vocación: la narrativa y figuras literarias acomodadas, no simplemente en párrafos, sino en cuadros fílmicos que proyectaban los hechos según su mirada.
Después dejó el diarismo con la idea, siempre firme, de cumplir su sueño. Y entró a trabajar en lo que ella define como “la institución cultural más importante del país”, para descubrir que la violencia, la corrupción, la impunidad y el abuso de poder no sólo es cotidianidad en las mazmorras de la policía, sino también en las torres de cristal donde, se presume, debe cultivarse el pensamiento humanista, por más ajeno que se esté del mundanal ruido.
Lo más grave, y bastante triste; la mayor pena que pude sentir al leer el libro de Karla Lottini, fue la proyección de los vicios y delitos que están hundiendo a México, reproducidos en la esfera más clara de la humanidad -de cuando somos humanos-: la cultura. Es grave, triste y penoso que así se rompan los sueños de nuestros jóvenes y también, las torres de cristal de nuestros pensadores. ¿Qué nos quedará? Quizá la situación actual de mi país nos esté dando la respuesta”.
Por el Pcsurv
Lucy Ortiz



