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El Salvador, Lunes 17 de Junio de 2013
Última actualización : 13/07:21 h.

Jueves, 09 de Junio de 2011 / 09:05 h

La fusión entre la protección del medio ambiente y el desarrollo

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Bajo el panel solar, Doña Estela de Echeverría tiende la ropa de su familia. Frente a ella, una letrina abonera. Al fondo el bosque de mangos.

Oscar López
Redacción Diario Co Latino

Caminar por las veredas del cantón San Antonio Panchimilama, es muy agradable por su clima fresco, esto porque está situado entre cerros. Los habitantes tienen muchos recursos naturales y por ello desarrollan proyectos para la conservación del recuso hídrico y de la vegetación.

El cantón pertenece al municipio de San Francisco Chinameca, departamento de La Paz. Cerradas curvas son las que predominan en la carretera que conduce al centro del municipio, desde el cual se desciende por pronunciadas pendientes, cubiertas de piedra, que luego de varios metros desaparecen para dar paso a la calle lodosa que conduce al cantón.

Panchimilama, como es conocido el cantón, solo posee un centro escolar, al que asisten niños y jóvenes de los otros cinco cantones del municipio, lo que les obliga a caminar grandes distancias, algunos alumnos caminan kilómetros entre los cerros para llegar al centro educativo.

En el centro escolar San Antonio Panchimilama, la organización no gubernamental Intervida, desarrolla el proyecto “Fortaleciendo la matricula y la convivencia en los centros escolares” con el que se enseñan y refuerzan valores humanos en alumnos de quinto y sexto grado.

Con el mencionado proyecto se pretenden inculcar el respeto y la convivencia entre los alumnos del centro educativo con el objetivo de  que “los jóvenes repliquen lo aprendido con sus familias y sean líderes en su comunidad”, expresa Carmen Rivas, encargada del proyecto.

Afirma que los resultados de este proyecto son más notorios en alumnos considerados por los maestros como “tremendos”, ya que durante el desarrollo del proyecto este tipo de alumnos son convertidos en líderes positivos para sus compañeros de clase.

Al continuar descendiendo por la lodosa pendiente, llegamos al hogar de Miguel Ángel Echeverría y su esposa Estela. En esta humilde casa Intervida realiza otros proyectos encaminados a buscar el desarrollo integral de la familia, pero además concienciarlos en la protección del medio ambiente.

Estela  nos recibe sonriente, mientras desmenuza las hojas de chipilín que utilizará en una sopa que prepara en la cocina “rocket” que le fue entregada por Intervida. Este tipo de cocina es uno de los proyectos encaminados a proteger el medio ambiente, ya que para su funcionamiento se necesita un 40% menos de leña, reduciendo significativamente la tala de árboles y la emisión de humo.

Doña Estela de Echeverría prepara la sopa de chipilín en la cocina “rocket”.

Esto es confirmado por Miguel Ángel, para quien la cocina es de gran beneficio para su familia, ya que la leña que consumía en cuatro días ahora con la “rocket” la consume en 15 días. Además “ahora el tambo de gas me dura más de seis meses. Una vez pasamos un año sin comprar gas”, expresa con alegría.

Las 90 familias beneficiadas con un cocina “rocket”, están comprometidas a sembrar al menos 50 árboles de madrecacao, este es un árbol maderable del que, mediante su poda, obtendrán la leña necesaria para utilizar en las cocinas.

Otros proyectos desarrollados en la comunidad son la gestión del recurso hídrico y la implementación de energías renovables, en ambos esta incluida la familia Echeverría junto con otras 90 del cantón.

En cuanto al proyecto de gestión de recurso hídrico, Antonio Payés encargado de proyectos ambientales de Intervida, explica que para mantener arborizada la zona, la organización entregó árboles frutales o forestales del interés de la comunidad, para que los habitantes no cambien radicalmente el uso del suelo, garantizando la recarga acuífera y pureza del agua subterránea.

Para mantener la pureza del agua del subsuelo, Intervida ha impulsado la construcción de letrinas aboneras con el objetivo de eliminar la contaminación por heces del agua que los lugareños consumen.

“Desde que iniciamos el proyecto se ha visto una mejoría en la calidad del agua de las fuentes de la zona”, comenta Payés.

Un bosque de árboles de mango rodea la casa de Miguel Ángel, allí inicia la vereda que desciende sobre un lado del cerro, para llegar al nacimiento de agua que los lugareños llaman “Los Charcos”. Este nacimiento está rodeado de frondosos árboles, por lo que el ambiente del lugar es fresco y tranquilo, sin el bullicio de radios o cualquier otro aparato tecnológico.

Buena parte de los residentes de Panchimilama descienden diariamente al nacimiento por la serpenteante vereda para abastecerse de agua, tanto para su consumo como para otras actividades del hogar.

Para mejorar la calidad del agua que es utilizada para el consumo humano, Intervida construyó en este lugar tres pozos que captan el agua, uno de los cuales es utilizado exclusivamente para recolectar el agua para utilizarla en la preparación de alimentos y para tomar, los restantes son utilizados para llenar una pila de la cual toman agua para lavar ropa y bañarse.

Al respecto Adán Ramírez, presidente de  la Asociación de Desarrollo Comunal (ADESCO),  de Panchimilama afirmó que antes de realizar el proyecto muchas personas “se peleaban por llevar agua” esto porque los pozos de retención eran muy pequeños.

Con cierta parsimonia en su hablar, el presidente de la ADESCO explica que el proyecto de protección del recurso hídrico del cantón incluye el tratamiento artesanal de las aguas residuales generadas en Los Charcos, pero con muy buenos resultados.

Para tratar las aguas se construyeron en la fuente de agua dos cajas  de unos dos metros cuadrados. En la primera se elimina buena parte de la grasa y residuos de jabón o detergente, luego las aguas residuales pasan a través de una segunda caja llena de piedra volcánica, la que quita otra parte de los químicos del agua utilizada por los habitantes.

Con el tratamiento se pretende evitar la contaminación de un riachuelo que pasa al lado de la fuente de agua. “Queremos evitar que el río se mantenga lo más limpio que podamos”, dicen los lugareños, conscientes que otras comunidades de la parte baja del cerro también tienen graves problemas para abastecerse de agua, por lo que pretenden ayudarles con la limpieza del río.

Sol fuente de luz diurna y nocturna

Anteriormente el tranquilo cantón quedaba a oscuras al caer el sol cada tarde, ya que ninguno de los anteriores gobiernos municipales se preocupó por introducir la energía eléctrica, por lo que este carece de alumbrado público.

Hasta hace unos meses las familias tenían que invertir en candelas o queroseno para iluminar sus casas durante las primeras horas de la noche, además, para cargar las baterías de sus teléfonos celulares tenían que ir al centro del municipio.

Ahora las familias disponen de paneles solares, con capacidad para suministrar energía por al menos seis horas, esto les garantiza “cuatro focos y la posibilidad de tener en sus hogares un televisor o una radio para poder informarse”, expresa el encargado de proyectos ambientales.

Durante la visita a su hogar Miguel Ángel muestra entusiasmado la nueva instalación eléctrica. Cordialmente nos invitó a ingresar a su casa para observar las baterías que son cargadas mediante los rayos del sol captados en el panel ubicado en su patio.

“He probado las baterías y agarran energía para casi toda la noche”, dice alegre, mientras acciona el interruptor de uno de los focos para mostrarnos el funcionamiento del sistema.

Para familias como la de Miguel Ángel, el tener energía eléctrica en sus hogares es un gran paso, por lo que el objetivo principal es la sostenibilidad del proyecto a largo plazo, para ello fueron capacitados para dar mantenimiento a los paneles solares.

Mensualmente aportan cinco dólares para la compra de nuevos  paneles para cuando los donados por Intervida culminen su vida útil.  

El proyecto de proveer electricidad a las familias del lugar también incluye la protección ambiental, ya que las baterías que se les han entregado a cada una de las familias son fabricadas a base de gel y no con agua de plomo que es dañina tanto para el ambiente como para la salud de las personas.

“Son materiales más caros, pero garantizan la salud de la gente”, comenta Payés.

Son la doce del mediodía, aún sentimos el frescor de Panchimilama. La neblina baja de los cerros y nosotros emprendemos nuestro regreso. Miguel Ángel, se despide, nos obsequia con mangos y mameyes cortados de su bosquecito, y nos dice: "voy a cuidar la frijolera".

Camino, que en invierno se convertía en un arrollo, hecho con llantas recicladas.

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