El sitio arqueológico “Sitio de Jesús“, en Guazapa, ha sido escarbado sin ninguna autorización.
David Pérez
Redacción Diario Co Latino
Se agacha y toma entre sus dedos un pedazo de obsidiana, con su mano izquierda lo limpia del polvo que tiene pegado como muestra de su antigüedad. Entrañas de barro y minerales removidas y la barbarie posándose bajos sus pies, como muestra de que la tierra no vomita la historia. Pero los hombres la obligan a regurgitarla.
“Estamos hablando de un crimen cultural”, se queja Ramón Rivas, Director de Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, mientras observa los restos de una parcela removidos, quizás por un tractor, que quedan como cicatrices de una herida en el paisaje obsesionado por el calor.
Lo anterior acontece en Guazapa, en el sitio arqueológico “Sitio de Jesús”, que es de aproximadamente 70 manzanas de extensión, en las que se pueden ver unos canutos de cañaverales olvidados por la resequedad; restos de ropas tirados, hondonadas que improvisan pozos y el horizonte temblando por el despiadado sol.
“Sitio de Jesús” guarda en su interior un potencial parque arqueológico. En sus entrañas existen más de una docena de montículos, estructurales piramidales prehispánicas y la promesa de revelar secretos de nuestros antepasados, los indígenas que habitaron estas tierras antes de la invasión y colonización española.
Sin ser descubierto, este lugar fue mencionado por primera vez hace medio siglo, por el arqueólogo alemán Wolfgang Haberland, entre otros sitios que se esconden en las faldas del cerro de Guazapa, el que durante la guerra civil fue cuna y trinchera de epopeyas guerrilleras; y que, paradójicamente, desde lejos tiene forma de mujer acostada.
En la década de los 70´s, la arqueóloga Margarita Solís lo registró formalmente, detallando que la mayor parte de sus estructuras se encontraban intactas, con la excepción de un pequeño daño en una estructura piramidal.
Desde esa época, el sitio arqueológico siguió impasible, esperando alguna novedad para sus misterios. Durante ese tiempo transcurrido, a la actualidad, el terreno fue víctima de flagelos que no pasaron a mayor gravedad, como la extracción de tierra para construcción o la agricultura a menor escala y sin maquinaria pesada.
Después de las vacaciones de Semana Santa, Paul Amaroli, de la Fundación de Arqueología (FUNDAR), se dirigía a una visita común a Cihuatán, otro de los lugares que prometen grandes cosas a la investigación de nuestros antepasados, cuando decidió dar una inspección a “Sitio de Jesús”.
Grande fue su sorpresa al constatar que habían realizado extracciones de tierra con maquinaria pesada, trasladado piedras de un espacio de la ex hacienda a otro más lejano, tratando de ordenar para excavar, y otros hechos que fustigan la investigación de los antepasados de todos los salvadoreños.
Del total de remociones, estiman que entre 15 y 20 por ciento de las estructuras fueron dañadas irreversiblemente, causando grave retroceso en el trabajo celoso que realizan las autoridades de la Secretaría de Cultura y FUNDAR.
Muerte para una parte de la historia
Entre sus manos yace un pedazo de bahareque. Le da vueltas y lo observa detenidamente; piensa con lentitud, de su boca las palabras se apresuran para formar una apreciación que se queda en los espectadores rebotando como el indicio de un antepasado común que crea expectativa.
Amaroli se dirige tímidamente, con su español mascado con marcas de inglés, típicas de los norteamericanos: “aquí hasta podría haber estructuras de otro tipo que no nos imaginamos”, y su colega asiente, avalando con cierta inseguridad la conjetura del arqueólogo.
“Sitio de Jesús” tuvo su mayor apogeo en el período clásico tardío y fue habitado por los mayas. Tiene un estrecho vínculo con Cihuatán, y otros asentamientos indígenas aledaños a Guazapa.
Aunque los daños no sean cifrados como sumamente graves, la Secretaría de Cultura no se fía, debido al historial nefasto de este tipo de crímenes que existe en El Salvador.
En 2008, fue denunciada la destrucción del sitio arqueológico “El Cambio”, en el kilómetro 33 que conduce al municipio de San Juan Opico, lugar donde se erigía la construcción de una zona habitacional, llamada Brisas del Sol, y las piezas antiguas de miles y miles de años se mezclaron con el impune paso de la civilización.
Dicha negligencia por parte del Director de Patrimonio Cultural de ese entonces, Mauricio Sermeño, le pasó una factura desagradable al rico acervo cultural nacional.
Para librarse de las acusaciones, Sermeño dijo que ya habían rescatado muchas piezas históricas y que las que quedaron a la intemperie de la destrucción eran “basura arqueológica”, lo que posteriormente fue desmentido por expertos.
“Estamos en un país en donde cada quien trata de hacer lo que quiere, en donde no se respeta el patrimonio, en donde algunas personas ni saben qué es patrimonio cultural y la importancia de este para el presente y futuro del país. Los salvadoreños deben darse cuenta de que esto es una cosa muy seria y que, si quieren intervenir en el patrimonio, tienen que pensar en las leyes”, sentencia Rivas.
La legislación nacional al respecto está contemplada en la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural, la que tiene como propósito rescatar, conservar, proteger y valorar todos los objetos, materiales como inmateriales, que expresen la identidad del territorio y sus habitantes.
Actualmente, FUNDAR y la Secretaría de Cultura trabajan en la delimitación de “Sitio de Jesús” para, posteriormente, pedir que sea declarado bien cultural protegido.
Aunque el lugar esté en manos privadas, el propietario está sujeto a la legislación mencionada para que conserve adecuadamente los restos arqueológicos, de lo contrario puede ser sancionado con severidad.
Al conocer de los hechos, las autoridades de cultura denunciaron ante la Policía Nacional Civil y, en las próximas semanas, acudirán a la Fiscalía General de la República (FGR), para que los hechos sean investigados y el dueño del terreno esté sobre avisado de la importancia que tiene el terreno.
Al apreciar la destrucción, los expertos sospechan que se trata de construir un complejo urbano. Aunque esto no esté confirmado, las autoridades no se confían.
“Es un atropello increíble, es una violación del pasado. Todavía hay partes de estructuras piramidales bajo la tierra; pueden existir entierros humanos, ofrendas. No está del todo destruido, pero su capacidad para revelar información del pasado se ha visto disminuida”, denuncia Rivas.
Los sitios arqueológicos en El Salvador están clasificados por su importancia en alta, mediana y baja. “Sitio de Jesús” pertenece a la media.
Pero, en el futuro puede proporcionar grandes vestigios a la historia nacional para comprenderla.
“Es un sitio precioso, y está muy cercano a San Salvador; por lo que, cuando se inicien los trabajos de investigación y excavación, constataremos que será uno de los parques arqueológicos más bonitos de El Salvador”, explica Amaroli.



