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El Salvador, Domingo 20 de Abril de 2014
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Viernes, 08 de Abril de 2011 / 11:08 h

La emigración salvadoreña: raíces, consecuencias y posibles soluciones

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Dr. Mario Edgardo Magaña*
dr.magana@gmail.com
Corvallis, Oregon, USA

 

A lo largo de la historia los seres humanos han dejado los confines de su lugar de origen forzosamente o por necesidad o en busca nuevos horizontes. En el caso de la mayoría de los salvadoreños, la emigración ha sido producto de la violencia directa o indirectamente perpetrada por el gobierno y sus aliados, ya sea a través de los abusos de los cuerpos de seguridad o de una política económica retrógrada basada en modelos absurdos y obsoletos que solo podían garantizar una mínima subsistencia para las grandes mayorías.


Los salvadoreños han sido victimizados por su gobierno y la clase política casi desde el nacimiento de la nación como entidad supuestamente soberana. Comenzando con el desalojo de los indígenas y los mestizos de las tierras comunales a fines de los 1800s, el cual dio origen al sistema de colonos que prevaleció por mucho tiempo en las zonas rurales hasta años recientes, las masas salvadoreñas han sido objeto de maltratos, vejaciones y sus derechos han sido negados de manera sistemática. El sistema de colonos no fue más que una forma de esclavitud que no permitió a esta gran masa de gente alguna posibilidad de superar su estado perpetuo de desigualdad económica y social. Una de las consecuencias directas de esta política social y económica absurda fue la emigración de muchas de estas gentes del campo a las ciudades en busca de una vida menos miserable. Esta migración interna dio origen a la nueva clase obrera, la cual presentó un reto a la clase gobernante que nunca supo cómo enfrentarlo de manera sensata. La insolencia y la ignorancia de la clase dominante junto con la injerencia extranjera exacerbaron el problema aún más al suprimir de manera violenta las demandas legítimas de esta clase social. Gobierno tras gobierno fueron incapaces de reconocer el problema por lo que era y optaron siempre por aplicar la represión utilizando el ejército y los cuerpos de seguridad. En su afán de mantener el poder y el estatus quo, el gobierno tildó a los dirigentes obreros de subversivos para justificar sus acciones criminales contra ellos. Las aberraciones sociales creadas por el sistema político, social y económico culminaron con la sangrienta guerra civil de los 1980s y la primera emigración en masa de los salvadoreños principalmente hacia los Estados Unidos. La segunda emigración en masa ocurrió después de la guerra civil durante el tiempo que gobernó el partido ARENA, debido a que fue incapaz de implementar políticas económicas justas generadoras de empleo interno, la implementación de la privatización desmesurada, el tratado de supuesto libre comercio con Estados Unidos y Canadá y la estúpida dolarización de la economía promovida por la grande empresa salvadoreña y economistas con conocimiento limitado a la macroeconomía y que todavía creen en la hada madrina.


La emigración salvadoreña ha tenido consecuencias devastadoras en el tejido social del país, a pesar de los beneficios monetarios de las remesas para ciertos sectores de la sociedad. Primeramente tenemos la ruptura de la familia donde uno o ambos padres se vieron obligados a abandonar el país para poder encontrar trabajo y mantener económicamente a sus dependientes. Su ausencia en el hogar ha resultado en un nivel de criminalidad juvenil nunca visto en la historia del país. Segunda, el costo para la nación no solamente ha sido altísimo en términos monetarios sino también en términos humanos. Tercera, la dependencia en las remesas de los miembros de la familia que permanecen en el país ha generado una nueva clase de ciudadanos sin ningún deseo de superarse y presentan potencialmente un gran problema para el gobierno y la sociedad. Cuarta, la dependencia en la remesas de muchos negocios ya ha tenido tremendas consecuencias negativas durante la caída de la economía estadounidense y va a causar aún más problemas debido a que el congreso estadounidense no va a aprobar ningún tipo de reforma migratoria. Quinta, la humillación y vasallaje del estado salvadoreño va a continuar mientras su economía siga dependiendo de las remesas provenientes de Estados Unidos. Sexta, dado que un gran porcentaje del producto interno bruto depende de las remesas, tanto el gobierno como la empresa privada no tienen ningún incentivo de explorar otras opciones que podrían beneficiar a la nación a largo plazo.
Las soluciones del problema de la emigración no son sencillas ni se pueden implementar de la noche a la mañana. Claramente, la creación de empleo y la educación de la gente en áreas estratégicas para el país son los pasos más importantes que se deben tomar para resolver el problema. Para lograr estas metas, el gobierno primeramente debe tomar la iniciativa de modernizar y cambiar su estructura interna escogiendo a sus dirigentes por sus logros, capacidades y visión. Segundo, el gobierno debe impulsar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa en áreas de tecnología apropiada para resolver muchos de los problemas de la nación con “know-how” salvadoreño evitando así la importación de tecnología cara extranjera que en muchos casos no es aplicable a la problemática salvadoreña. Tercero, el gobierno debe retar y proveer fondos a la Universidad Nacional Autónoma de El Salvador y a las universidades privadas para desarrollar tecnología y buscar soluciones a problemas de gran envergadura como la mecanización de la agricultura para minimizar las importaciones de granos básicos y otros productos agrícolas, el suministro de agua potable para todos los hogares, el tratamiento de aguas negras por métodos que no utilicen sustancias químicas nocivas, el desarrollo de tecnologías verdes para la electrificación rural, el desarrollo de acuacultura sostenible, la reforestación del país, etc.. Cuarto, el gobierno debe buscar alianzas tecnológicas y comerciales con países que comparten sus problemas, su cultura y sus metas, y que no exijan en cambio su vasallaje. Quinto, el gobierno debe tener la fuerza para desdolarizar la economía para deshacerse del abismo que existe entre los que tienen y los que no tienen. Sexto, el gobierno y la sociedad deben de trabajar juntos para evitar que los jóvenes encuentren refugio en la delincuencia, las drogas, el dinero fácil, y proveer oportunidades de recreación y educación en oficios útiles para la nación. Séptimo, el gobierno debe modernizar, incrementar el profesionalismo y mejorar el salario y prestaciones de la Policía Nacional Civil para poder combatir de manera efectiva a aquellos involucrados en la violencia. Octavo, el gobierno debe poner en marcha inmediatamente un sistema tributario justo para mejorar la calidad de vida de la mayoría de los salvadoreños. Noveno, el gobierno debe aprender a vivir dentro del presupuesto disponible y no recurrir a préstamos que a la larga sólo pueden traer miseria a toda la nación. Décimo, el gobierno debe derogar o modificar el tratado de “libre comercio” con Estados Unidos y Canadá debido a que como está formulado solo favorece enormemente a los países del norte y El Salvador no está en posición de competir con las grandes empresas que reciben enormes subsidios de sus gobiernos.

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