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El Salvador, Domingo 19 de Mayo de 2013
Última actualización : 16/07:22 h.

Jueves, 31 de Marzo de 2011 / 09:47 h

Un privilegio llamado agua

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A la izquierda una residencial en la Cordillera del Bálsamo y a la derecha, un habitante de las comunidades que rodean los nuevos centros urbanos se abastece de agua de las aguas que se acumulan (nacimientos de agua) tras un muro perimetral de las residenciales en esa zona, con tuberías para aguas residuales.

Texto Roberto Flores
Redacción Diario Co Latino
Fotografía Rodrigo Sura

El paisaje que se dibuja junto a la carretera que lleva del área metropolitana de San Salvador a los municipios del sur del departamento de la Libertad está lleno de contrastes: la compleja arquitectura de las grandes casas residenciales que se levantan sobre la Cordillera del Bálsamo choca con la sencillez de las viviendas de lámina y adobe construidas en las comunidades aledañas. Con solo mover un poco la mirada, las edificaciones de dos plantas y pasto verde son reemplazadas por construcciones que parecen surgidas del suelo, en medio de zonas áridas que hacen que el espectador añore ese fino pasto de las residenciales.

Los proyectos habitacionales con casas de lujo llevan ahí poco más de diez años. Las comunidades que parecen surgidas de la nada en realidad ocupan un lugar en el mapa desde hace al menos cuatro décadas. Las diferencias entre ambos lugares son evidentes; sin embargo, de entre todas las que existen, hay una que es fundamental. Esa misma diferencia provoca que el pasto en las residenciales luzca tan implacable y que en los caminos que llevan a las comunidades  sea frecuente ver a sus habitantes andar por las calles polvosas con un cántaro como equipaje: en este lugar a las residenciales les sobra el agua, las comunidades ni siquiera la tienen.

Las grandes residenciales

La Hacienda está  cubierta por un muro perimetral que se extiende a lo largo de varias hectáreas de terreno. Su nombre le cae como anillo al dedo: es una residencial de casas lujosas incrustada en el municipio de San José Villanueva, departamento de La Libertad, que pertenece al Grupo Roble, el cual se dedica, entre otras cosas, a la construcción de proyectos habitacionales. Ahí incluso viven algunos de los rostros más conocidos de la televisión nacional.

Otros proyectos residenciales con idénticas características se levantan a lo largo de varios municipios de la cordillera, principalmente en la zona sur de Santa Tecla, Nuevo Cuscatlán, Zaragoza y San José Villanueva. Todas forman parte de la ola urbanística que desde hace algunos años se ha desatado en la zona, cambiando drásticamente el paisaje que se contempla desde la carretera.

Es imposible imaginarse la existencia de esas grandes residenciales sin un abastecimiento seguro de agua. Los arquitectos e ingenieros creadores de esos proyectos habitacionales lo sabían al momento de trazar los planos de las residenciales que se construirían en una zona en dónde, según ANDA, un 75% de la población no tiene acceso a fuentes de agua potable.

En 2006, bajo la anterior administración gubernamental, las mismas empresas que han protagonizado la oleada urbanística en la Cordillera del Bálsamo (Inversiones Roble S.A. de C.V; Lomas de Santa Elena S.A. de C.V; Inmobiliaria Las Piletas S.A. de C.V entro otras 34 empresas) firmaron un convenio que daba vida al Fideicomiso para el Desarrollo del Proyecto de Mejoramiento del Sistema de Abastecimiento de Agua Potable (FIHIDRO) a través del cual, con fondos de las empresas e infraestructura de ANDA, se llevaría agua la zona sur del departamento de La Libertad.

Dentro del proyecto fueron tomados en cuenta como beneficiarias tanto las residenciales como las comunidades aledañas. El acuerdo firmado establecía que 20 mil acometidas de agua serían para los grandes proyectos habitacionales y 4 mil para las comunidades. El agua para las residenciales estaba asegurada.

Hoy por hoy, aquellas figuras de la televisión que viven en La Hacienda se levantan por las mañanas, caminan unos cuantos pasos hasta el baño del dormitorio y toman una ducha sin hacer más esfuerzo que el necesario para girar la válvula de la regadera. Igual de sencillo es calmar la sed en los calurosos días de verano. Se va a la cocina, se toma uno de los vasos colocados sobre los estantes, se pone bajo la válvula mientras esta se activa y ya está: un vaso con agua limpia y refrescante.

Las comunidades

Para tomar un vaso de agua Tomás Roque, residente del cantón Espíritu Santo del municipio de San José Villanueva, debe levantarse a las 5:30 de la mañana. Junto a sus dos hijos toma los 3 cántaros colocados sobre la mesa del corredor de su casa. Esa la medida justa que se su familia, compuesta de cinco personas, ocupa a diario para el consumo y preparación de alimentos.

Con cántaro en mano, Tomás y sus hijos salen de su casa y caminan en línea recta un tramo de cerca de 500 metros de camino polvoso, luego giran a la izquierda para entrar por un cerco pequeño. Desde ahí el terreno se comienza a inclinar y tras unos 25 metros de bajada llegan a la vertiente de la cual ellos, junto a las familias de otras siete casas cercanas, se abastecen.

Ellos han construido una pileta alrededor del nacimiento de agua para que esta se acumule y sea más fácil extraerla. A simple vista se puede deducir que el agua de ahí está contaminada, tiene una totalidad clara y aún cuando la pila es lavada con frecuencia se pueden ver dentro de ella rastros de basura y polvo levantados por el viento.

Estar antes de las 6 es clave porque después de esa hora algunos vecinos llevan a su ganado al lugar para que sacien su sed. Los tres aprovechan el viaje para tomar un baño. Pese a que hay una pila grande en su casa, la cual llenan cada quince días con 5 barriles de agua por un costo de 10 dólares, esta sólo se utiliza para lavar trastes y para el aseo del hogar.

Al regreso, la bajada de 25 metros se convierte en subida y el peso del agua hace mucho más forzosa la marcha. Al llegar a su casa, Tomás deja su carga sobre la mesa, toma uno de los vasos colocados en un estante, lo pone bajo la boca del cántaro que inclina y ya está: un vaso con agua no apta para beber. A Tomás le ha tomado casi una hora obtenerlo.

Su familia lleva 7 años haciendo lo mismo. Desde que se mudaron ahí los problemas de acceso al agua fueron evidentes; sin embargo ya estaban acostumbrados. Antes vivían cerca de la comunidad Santa María, siempre del municipio de San José Villanueva, en donde los problemas de acceso al agua eran similares.

Y es que en 36 comunidades de aquel municipio las condiciones son idénticas. El acceso al agua es limitado y si lo hay, sus condiciones sanitarias no son las adecuadas como para el consumo humano. Justo en medio se esas comunidades está ubicada la Residencial La Hacienda. Los muros que la rodean incluso sirven de pared improvisada de más de una de las casas hecha de lamina que se ubican a uno de sus costados.

La Hacienda fue construida en ese lugar hace aproximadamente 10 años mientras que algunas de las 36 comunidades llevan ahí más de tres décadas. Pese a ello, algunos habitantes del Espíritu Santo y otros cantones aledaños se quejan de que la residencial ya cuenta con un servicio de agua potable aún cuando ellos han pasado durante varios años solicitándolo. Sin embargo, representantes del proyecto habitacional dicen que no hay agua potable en el lugar y que se abastecen de un sistema instalado que extrae el agua de un río ubicado dentro de los muros de La Hacienda. Los pobladores de las comunidades dicen que no es cierto. Tomás Roque es uno de ellos.

“Nosotros sí sabemos que hay agua potable. De madrugada hicieron el zanjo con las excavadoras, metieron la tubería y sellaron como que no había nada. Pero muchos dicen que no hay” dice Tomás.

“¿Y ustedes?”, se le pregunta. “Nosotros siempre la buscamos” contesta.

Según algunos miembros de las 36 comunidades, La Hacienda junto a otras residenciales construidas en la Cordillera del Bálsamo ya cuentan con servicio de agua potable gracias al proyecto FIHIDRO. Los pobladores afirman que las empresas concesionarias de este proyecto amarraron desde 2006 la prioridad de las obras en las residenciales que ellas mismas construían en la zona.

Patricia Mejía y Ricardo Díaz han sido dos de las personas que han denunciado esta situación. De hecho, según dicen, ahora se les reconoce entre los voceros de las residenciales y algunos miembros de ANDA como los rebeldes. Son miembros de las directivas de las comunidades San Paulino y Santa María I respectivamente. Aseguran que en la zona hay proyectos habitacionales que aún no se han construido en la zona y que ya tienen asegurado el acceso al agua. Incluso dicen que el caudal de las tuberías que FIHIDRO ya instaló en la zona es utilizado para labores de construcción.

“Solo nosotros somos los que básicamente no tenemos agua. Es un gran contraste. No hay ninguna diferencia entre ellos y nosotros, lo único que tienen una condición económica diferente a la de nosotros, pero nosotros también somos personas” asegura Ricardo Díaz.

Al preguntar a los pobladores de estas comunidades sobre el proyecto FIHIDRO las repuestas apuntan a lo mismo: de este solo se han oído rumores, ninguna reunión o anuncio formal y concreto. Sin embargo el proyecto ya está funcionando.

La lucha por el agua

Desde 2008, las 36 comunidades de San José Villanueva se han organizado para exigir su derecho al agua. Juntos han conformado el Comité Pro Defensa del Agua y el Medio Ambiente a través del cual se busca que el acceso al agua deje de ser un privilegio obtenido por la condición económica de  la zona sur de La Libertad.

En esta tarea, la Asociación Comunitaria Unida por el Agua y la Agricultura (ACUA), una organización no gubernamental que trabaja con varias comunidades de la zona, ha contribuido en la organización de las 36 comunidades para que juntos puedan conseguir su objetivo. Según César Erazo, Gerente de Incidencia de ACUA, los problemas del acceso al agua en estas poblaciones y muchas otras a lo largo del país “es un problema de injusticia social y de concentración de los recursos naturales del país. El modelo económico presta las condiciones para que las constructoras desarrollen sus proyectos urbanísticos” sin ningún tipo de regulación.

En el caso del proyecto FIHIDRO, Erazo asegura que los habitantes de las comunidades saben poco porque en principio este no fue creado para beneficiarlos a ellos si no que para abastecer a las residenciales lujosas de la zona. Afirma que la negativa constante de parte de la administración de ANDA bajo el anterior gobierno frente a las solicitudes de revisión de los documentos del proyecto da muestra de ello.

Pese a que este miembro de ACUA dice que ha habido avances con este gobierno en cuanto a escuchar las propuestas de diferentes sectores nacionales con respecto a la administración del agua, también manifiesta que falta mucho camino por recorrer. El caso de las 36 comunidades de San José Villanueva son ejemplos de lo anterior.

Mientras este camino se recorre, los habitantes de estos poblados están dispuestos a seguir en su lucha por el acceso al agua, demandando que se haga justicia.

Por lo pronto, los pastos verdes de las residenciales de lujo siguen contrastando con las comunidades en suelos áridos y sus pobladores siguen portando cántaros por las calles para conseguir ese preciado bien: el agua.

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