Tras la pantomima legislativa del estudio de una Ley de Medicamentos, han concluido con dejar las cosas como estaban: laboratorios, importadores y farmacias tendrán mayoría en la autoridad que ejercerá los controles; juez y parte. Tres, cuatro años han pasado desde la clara información que proporcionó la UES sobre los abusos de la industria farmacéutica; y nada ha sido corregido. Han legislado para perpetuar el robo.
Por deber con la población salvadoreña, e incluso por pragmatismo político, el Presidente no tendría que dudar en rechazar el fraude legislativo, claro está, a sabiendas que la vendida votación en la Asamblea no dudará en ratificar todas las ventajas para un comercio que se lucra del dolor y la angustia de los más necesitados.
El exagerado esfuerzo por parecer moderado, peligra con desvirtuar un gobierno que, nacido del voto popular, debería marcar claras distancias con las prácticas de los anteriores gobiernos de derecha.



