Por Néstor Martínez
Hispantv.com
Cuando en enero del 2009 George Bush jr, dejaba la presidencia de los Estados Unidos, dejaba al mismo tiempo una Latinoamérica en los albores de un nuevo paradigma: es posible el desarrollo sin la presencia del gigante del norte, o reafirmando el viejo: el obstáculo para el desarrollo de Latinoamérica son los Estados Unidos.
Tras los atentados del llamado 11S, Bush jr. se dedicó a la guerra en el Medio Oriente. Tal suceso no pasa desapercibido para aquellos que vivieron en carne propia la salvaje lucha anticomunista, que costó la vida de decenas de miles de latinoamericanos, ejecutada por el ex presidente estadounidense Ronald Reagan.
Dicha lucha no era otra que la lucha por la dignidad, la libre determinación, el desarrollo, la democracia, la libertad, los derechos humanos, en fin todas las demandas civiles negadas por gobiernos militares o afines a los Estados Unidos.
Latinoamérica sin los Estados Unidos, entonces, asiste a una primavera de la izquierda y uno a uno caen los gobiernos pro estadounidenses: Venezuela, Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil, Nicaragua, Argentina, Guatemala, El Salvador, Panamá, Uruguay…
Los nuevos gobiernos, unos de amplio corte izquierdista, otros moderados, deben de lidiar con las secuelas de la corrupción, el saqueo de sus recursos, el extremismo, los nacionalismos extremos; deben de reconstruir economías bajo los duros lineamientos del neoliberalismo, y, lo más importante, rescatar la dignidad de los pueblos sometidos durante siglos por propios y extraños.
No se equivocaron los líderes que llevaron a buen término las reformas, así los resultados obtenidos en pocos años demostraron el nuevo paradigma señalado arriba.
En el ámbito mundial, Latinoamérica emerge sólida de la crisis global que aún tiene impacto en la Unión Europea y los Estados Unidos; inicia con éxito nuevas relaciones, políticas y comerciales, con otras potencias como China, Japón, Rusia, la India, Irán; eleva su prestigio en la política regional y mundial; crea nuevas y justas relaciones comerciales en la región, creando sus propias organizaciones y mecanismo; sus recursos ahora sirven para la verdadera lucha contra la pobreza, el crimen, el narcotráfico; proponen y logran crear un nuevo organismo regional sin la presencia de los Estados Unidos en la cumbre de Cancún, México, en 2010; negocian tratados de comercio bajo condiciones de igualdad.
En el ámbito local, reforman las constituciones políticas, dan prioridad a las clases menos privilegiadas como la tercera edad, inician ambiciosos proyectos de educación, sociales, médicos, culturales, entre otros; le dan voz y voto a sectores históricamente excluidos como los indígenas, empoderan a los pueblos para que ejerciten y logren los beneficios de los procesos democráticos.
Esta es la pujante Latinoamérica que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, alaba diciendo que "el crecimiento impresionante que hemos visto en años recientes en América
Latina es bueno para las personas de este continente, y es bueno para nosotros".
No es casual que visite en esta primera gira a Chile, cuyo desarrollo económico es el mejor ejemplo de la famosa Escuela de Chicago; Brasil cuyo modelo desarrollo económico combina lo mejor del neoliberalismo con las aspiraciones populares y El Salvador, país bajo un mandato presidencial izquierdista moderado, pero muy alejado del poder ejercido por la tradicional oligarquía derechista pro estadounidense, que podría servir de modelo a los Estados Unidos para los países del istmo centroamericano.
Si bien es cierto que con el apoyo de los Estados Unidos, se ejecutó un golpe de Estado en la centroamericana República de Honduras en junio del 2009, este sirvió para endurecer las posiciones de los gobiernos progresistas latinoamericanos, ya que con digo golpe Honduras retrocedió a la década de los setenta, cuando se gestaban las luchas por los derechos civiles.
En la actualidad Honduras está aislada del sistema interamericano, sin ayuda regional, y en los foros mundiales los países sudamericanos vetan toda posible presencia de dicho país. Un ejemplo de lo que significa “aliarse” con los Estados Unidos.
Obama asegura que su viaje demuestra "la importancia vital para los intereses estadounidenses de América Latina".
La cuestión ahora es que deberá de enfrentar la fuerte presencia del gigante asiático, China, en la región, así como países que ya se acostumbraron a vivir sin los Estados Unidos y que no están dispuestos a relacionarse con ellos si no es desde un punto de vista que respete la soberanía y dignidad de los pueblos.
¿Podrá Obama en verdad terminar con el enfoque tradicional estadounidense de relacionarse con Latinoamérica? Cuando subió a la presidencia de los Estados Unidos, Obama dijo en esa oportunidad que habrá que "pasar página en las tensiones con América Latina".
Esperamos que así sea, y se abra un nuevo periodo de relaciones que tome en cuenta que sin los Estados Unidos, Latinoamérica no solo sobrevive, sino que está dispuesta a darle una mano para superar la crisis de la que aún no sale el gigante del norte.



