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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 16/09:13 h.

Miércoles, 02 de Febrero de 2011 / 10:14 h

De feria en feria: los gitanos salvadoreños en tiempos de globalización

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Fotografía de Luis Tovar


Texto Dr. José Luis Escamilla
Fotografia Luis Tovar
Profesor Departamento de Letras
Universidad de El Salvador

Vacía su alforja
de sueños que forja
en su andar tan largo.
Nos baja una estrella
que borra la huella
de un recuerdo amargo.
Joan Manuel Serrat

El artista de la imagen Luis Tovar, además de recorrer caminos paralelos al del fotógrafo convencional, al del retratista de miserias y dramas propios de la violencia de posguerra, descubre que existen tragedias y fatalidades sin tiempo, ni espacio fijo. Encuentra signos visuales que representan el sitio donde confluye el no tiempo del simulacro de la alegría y la felicidad, lugar en el que la risa colectiva es provocada por los gitanos salvadoreños, cuya fuerza de trabajo es el coraje y la suerte de continuar vendiendo carcajadas y fantasías en medio de la avalancha de la telefonía celular, del videojuego, la televisión por cable, el cine, las películas pirateadas y las limitantes económicas de sus consumidores potenciales.

Fotografía Luis Tovar


La cultura salvadoreña es el espacio en el que los fragmentos del tiempo se entrecruzan para proyectar una totalidad discontinua de imágenes contrapuestas. Por un lado la producción de bellas artes, por otro la cultura de masas, así como la sobrevivencia o, resistencia de la cultura popular. Cada uno de los espacios anteriores constituye un campo en el que se produce y consumen signos; pero también representan sujetos socioculturales que se entretejen en un imaginario común. En medio de estos grandes segmentos culturales se producen lecturas fronterizas, silenciosas y suspicaces; es decir, el tiempo eternizado por el creador fotográfico.  

La mirada de Tovar visibiliza los vestigios de la diáspora local, de esos seres inquietos, los de la risa y la fantasía itinerante. El circo salvadoreño, no el de la vida política, sino el de la gente con dignidad es el espacio en el que cohabitan seres anónimos, que por su esencia son una representación paradójica porque no son lo que representan. En el interior del maquillaje existen seres humanos que cargan su carpa a cuestas, las historias de sus antepasados y la herencia de una memoria de la sobrevivencia que pervive entre el amargo exilio cotidiano y la defensa de la alegría.

En el entorno de estos palacios itinerantes del tercer mundo, se producen las sinfonías de la sobrevivencia, ejecutadas por intérpretes graduados en los ruidosos conservatorios de la calle y la marginación socioeconómica. Así como entre la diversión, la algarabía, los gritos y el nerviosismo que producen las montañas rusas salvadoreñas; es decir las ruedas o máquinas del vértigo, existen expertos mecánicos especializados en reparar los engranajes que hacen posible la maravilla de las vueltas y el instante inolvidable por el que paga la pobrería que se divierte una vez al año, cada vez que se conmemora la fiesta de su patrono al que casi nadie recuerda.

Más allá de la risa que producen las almas de los circos, de la luminosidad vertiginosa de las ruedas y el contingente diaspórico de familias que viven de estos oficios, aparecen los filósofos futuristas y los quiromantes que venden ilusiones y medicinas para curar las frustraciones, la mala suerte y los efectos que produce vivir en una sociedad donde la política de Estado ha sido planificada desde tiempos inmemorables por ilusionistas políticos.

Así es como el arte fotográfico de Luis Tovar ilumina los rostros del silencio. Gente digna que con su fuerza de trabajo, el ingenio y la cachería vuelven posible la construcción de sus vidas, la sobrevivencia, sus esperanzas y el absurdo. Estas imágenes servirán como documento para que las generaciones despersonalizadas del microchip y el ciberespacio, algún día recuerden que más allá del automatismo tecnológico la creatividad tiene principios básicos de producción. Estos signos fotográficos son, en pocas palabras, apreciaciones sobre la eternidad de una especie cultural a punto de extinguirse.

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