El despotismo no puede existir en una nación hasta que se destruye la libertad de prensa, de la misma manera que la noche no puede llegar hasta que el sol se pone.» C. C. Colton
Desde todo punto de vista, ejercer el periodismo, no es fácil. Mantener
sobre todo la veracidad e imparcialidad en las informaciones y el equilibrio y sabia ponderación, en las notas de opinión, es un reto y, por lo tanto, una constante en el ejercicio profesional.
Y en general el periodismo colombiano está bien catalogado y se destaca en el mundo por su agilidad, capacidad y buena formación académica, y esto lo demuestra el gran número de periodistas que han sido llamados a ejercer altos cargos en medios de información internacionales.
En mi caso, que apenas estoy empezando, me hago autocríticas, que me sirven para ser cada día mejor y para saber diferenciar entre una nota de opinión, que expresa el sentir personal y el de llevar la noticia en toda su dimensión, a los ciudadanos, quienes son los guardianes del derecho fundamental, a tener acceso a todas las informaciones.
Por eso no estoy de acuerdo con colegas, que muchas veces sin fundamento y sin ser su función, condenan, dan la noticia sin verificarla y sin darle la oportunidad al afectado, para que se pronuncie con la misma libertad de su acusador.
Y esto muchas veces lo hacen para mantener un raiting a base de escándalos, intromisión en la vida privada de las personas, controversias amarillistas y solo buscando destruir a la persona entrevistada, para demostrar de pronto que en esa forma de actuar, se es un gran periodista. Una cosa es la obligación de informar y otra el derecho a opinar.
Cuando ambas se confunden, crean problema y distorsionan la noticia. Y esta nota me nace, precisamente por las aterradoras noticias de la muerte de más de cien periodistas en el mundo entero y la gran mayoría en América latina.
Afortunadamente en Colombia ese terror ha disminuido considerablemente, porque pasamos al séptimo lugar con 4 asesinatos en este año. Debemos extirpar este método al que recurren los grupos alzados en armas, los violentos, los dirigentes que se creen afectados por unas informaciones quienes acuden a la muerte, para exterminar a los miembros de un gremio que cumple con funciones que nos ha dado la misma comunidad, para informarlos de todo cuanto acontece, de denunciar actos de corrupción y de opinar sobre los mismos.
Claro está, que tenemos que afrontar y aceptar las rectificaciones y aclaraciones que se hagan a nuestras publicaciones y estar sometidos a la ley.»Esta epidemia no parece tener cura. La comunidad internacional no ha encontrado los medios de poner fin a este mal, ni los mecanismos efectivos para enjuiciar rápidamente a los responsables de estos crímenes», dijo el secretario general de la Campaña para un Emblema de Prensa, Blaise Lempen.
Esta campaña, que apoyamos plenamente, promueve la adopción de una legislación internacional para reforzar la protección de los periodistas en el cumplimiento de su misión. El psiquiatra y psicoanalista Carlos Norberto Mugrabi afirma: «Somos injustos al olvidar cuánto le llevó a la civilización lograr el derecho a expresarse.
Y aún no se ha alcanzado totalmente. Las libertades deben ser cultivadas en conjunto para que surtan el efecto deseado».lorenarubianofajardo@gmail.com
*Artículo publicado en el NUEVO SIGLO



