Por Néstor Martínez**
Editor Suplemento Eco-Lógico
Desde hace ratos el pueblo salvadoreño, a ciencia y paciencia, está financiando el caos en el transporte público, un caos cuyo origen es la corrupción y la falta de planificación urbana, y que se pretende solucionar de vez en cuando con el aumento al pasaje público.
La última “demostración de fuerza” de los buseros es una prueba irrefutable de ello: hay exceso de buses con el consiguiente exceso en el gasto del combustible, aceite, repuestos y etcétera.
Veamos. En el pasado de Soyapango, Mejicanos, Santa Tecla, San Marcos, Ilopango, por ejemplo, salía una sola ruta de buses: la 7, la 2, la 101, la 11 y la 29, ahora cada colonia de éstos municipios tiene su propia línea de buses. De Lourdes, la Libertad, salía solo la ruta 79 y ahora ¡casi se acaban las letras del abecedario para nombrar tantas rutas!
Las rutas creadas tienen la característica de salir de la misma zona y utilizar la misma calle, esto ni más ni menos se llama duplicidad, y no solo salen buses de cada colonia, ¡también salen microbuses! y ¡con la misma ruta! Esto es algo más que duplicidad. Se agrega que aquellos lugares a los que no llegan los buses utilizan camioncitos o mototaxis.
No contentos con ese caos, algunas rutas las han dividido en dos sin necesidad. Por ejemplo, la ruta 34 la dividieron en la que va para San Benito y la que va para Santa Elena, cuando pudo ser una sola línea; la ruta 30 la dividieron en una que va para el centro vía Rubén Darío y la otra vía Alameda Juan Pablo II.
Por supuesto, este desorden provoca en el centro trabazones gigantescas debido a que los “controladores del tiempo” han puesto sus puntos de control por todos lados, así los buses se estorban unos a otros. Y hablando de los controles a veces los detienen por largo tiempo, hasta 15 o 20 minutos, sin necesidad. Otras veces los motoristas de una sola ruta “esperan” sin control al que viene detrás y con una vía estrecha y de alta circulación vehicular.
También los buseros han hecho de las calles puntos de llegada y de partida, es decir estaciones de buses.
¿Y qué significa todo este caos? Pues la respuesta está en las quejas de los mismo buseros: elevado gasto en el mantenimiento, combustible, aceites, etc. y etc., pero no se tienen pérdidas, como ellos dicen.
No solo eso, hay unidades viejas que las dejan hasta ¡45 minutos con el motor encendido! Lo he comprobado, con el consiguiente gasto de combustible.
¿Y quién financía este caos? Pues el pueblo salvadoreño ya sea pagando el servicio o vía subsidio.
En las diversas propuestas sobre los problema en el transporte público la que menos se escucha es la de poner orden en este caos, ya que ello conllevaría a la reducción de gastos innecesarios o excesivos.
Así, no es posible que el gobierno y pueblo salvadoreño sigan financiando un caos artificial, producto de la creación y concesión de rutas sin ningún tipo de estudio.
Y si los buseros alegan estar en crisis, pues se les aplica el mandato de la Constitución de la República.
Dice el inciso cuarto del Art. 110 que “El Estado podrá tomar a su cargo los servicios públicos cuando los intereses sociales así lo exijan, prestándolos directamente, por medio de las instituciones oficiales autónomas o de los municipios. ..”
El 112 de la Constitución agrega que: “El Estado podrá administrar las empresas que presten servicios esenciales a la comunidad, con el objeto de mantener la continuidad de los servicios cuando los propietarios o empresarios se resistan a acatar las disposiciones legales sobre organización económica y social” ¡Nada más claro!
Y sin dejar de lado la expropiación ya que al recibir subsidio el transporte público es una entidad mantenida con fondos públicos. Leer artículo 106 de la Constitución.
Incluso, el gobierno puede echar mano del Art. 120, que señala el otorgamiento de concesiones por el uso de “obras materiales de uso público”, ¿ y qué son las calles y carreteras? Los buseros las usan como que fueron de ellos.
Es indudable que el gobierno está en posición muy ventajosa para aplicar el orden en este caos artificial que estamos pagando todos, y los ciudadanos esperamos que, tal como se está gobernando en otras áreas, se les ponga un alto a estos abusadores.
Y esto que no he mencionado la contaminación del aire por los motores viejos, mal mantenidos o por falta de mantenimiento, o la del sonido que tenemos que aguantar los usuarios del transporte público dentro de los buses, afectando el corazón, los oídos y los nervios; y el público en general por el uso de trompetillas que dañan los oídos, usadas incluso cerca de los hospitales de niños. Tampoco profundizo en la prepotencia, malcriadeza y maltrato al público y a los conductores de otros vehículos de parte de los conductores de buses y microbuses.
Otro tema importante que menciono de paso es la cantidad de accidentes que involucran a los buses y microbuses, la emisión de licencias a tipos sin experiencia en el manejo del transporte público, incluso algunos que apenas saben leer y escribir.
**Miembro fundador de Comunicadores para el Cambio Climático (C4)



