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El Salvador, Miércoles 22 de Octubre de 2014
Última actualización : 27/10:47 h.

Martes, 19 de Octubre de 2010 / 09:32 h

EL SINDICALISMO FRENTE A LA CRISIS: SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVAS FUTURAS

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El sindicalismo conoce una de sus crisis más profundas y se encuentra actualmente en una encrucijada de caminos. Se puede observar una baja, casi general, de los efectivos sindicales y, en la mayoría de los países, la influencia de los sindicatos va disminuyendo. Hay además una crisis de credibilidad sindical y una notable desmovilización de los trabajadores, en razón de la crisis económica, de la amenaza del desempleo y de la ofensiva patronal, pero también en razón de la evolución de las mentalidades.

Es legítimo preguntarse si el debilitamiento sindical actual es un fenómeno duradero e inexorable. ¿Es verdad - como lo piensan algunos - que los sindicatos constituyen hoy en día una forma de representación obrera que pertenece al pasado? Hay que rechazar esta manera de ver. A pesar de la crisis actual, el movimiento sindical no parece haber perdido su vitalidad.

Por otra parte, las modificaciones que conoce hoy en día la escena sindical no deberían ser aisladas del conjunto de las mutaciones económicas y sociales, porque los diversos elementos de cambio son interdependientes. Si hay crisis del sindicalismo, es porque las instituciones del trabajo en su conjunto - la empresa, los sistemas de producción, el Estado del bienestar, etc. - están también en crisis.

Sindicalismo

Respecto al futuro del sindicalismo, nos referiremos a cuatro aspectos de la necesaria adaptación del movimiento sindical a la  crisis que se vive en la actualidad: los objetivos de los sindicatos, la representatividad sindical, las estructuras sindicales y la acción sindical.

En lo que se refiere a los objetivos de los sindicatos, hay que insistir en la necesidad de mantener intacto el objetivo primordial, verdadera razón de ser del sindicalismo: la defensa de los intereses de los trabajadores, un objetivo que no puede ser subordinado a ningún otro.

Resumiendo las principales dimensiones de los objetivos sindicales, diríamos: primero, que los sindicatos deben salvaguardar el valor del trabajo humano, su dignidad y significación social; aun en una sociedad post-industrial, el trabajo permanecerá como elemento esencial de la ciudadanía, un aspecto determinante de la vida humana.

Segundo, que los sindicatos deben seguir siendo los guardianes de la igualdad de oportunidad y de trato; si la diversidad necesaria a toda sociedad democrática debe ser respetada, pertenece a los sindicatos oponerse a toda discriminación o exclusión.

Tercero, que a pesar de las dificultades actuales, en particular de la fragmentación de la comunidad obrera, del aumento del número de marginales o desempleados, los sindicatos deben seguir inspirándose del principio de solidaridad que ha guiado sus primeros pasos; en la negativa, los sindicatos corren el riesgo de ser transformados en meros grupos de presión; cuarto, que los sindicatos deben ser un elemento de estabilidad social, en su calidad de canalizadores de la protesta obrera; en efecto, es por intermedio de los sindicatos que los trabajadores pueden participar en los mecanismos de diálogo social, cuyo establecimiento constituye la condición sine qua non del desarrollo económico y social, de conformidad con las normas internacionales del trabajo de la OIT, por último, que los sindicatos deben, cualquiera que sea el precio, salvaguardar su autonomía y su independencia frente a los otros centros del poder.

El fortalecimiento de la representatividad de los sindicatos es otro aspecto de la necesaria adaptación del sindicalismo a la evolución del mundo. Es una banalidad recordar que solo un sindicalismo que representa la gran mayoría de los trabajadores podrá pretender hablar en el nombre de la comunidad de los asalariados.

Nuevos métodos para atraer al sindicato a la mayoría de los organizados deberán ser concebidos, que se trate de las mujeres, de los jóvenes, de los cuadros, de los técnicos y trabajadores intelectuales.

Tal esfuerzo necesitará, por supuesto, una diversificación de los métodos de reclutamiento y de los servicios que los sindicatos procuren a sus miembros. Si los sindicatos no mantienen su aspiración tradicional de representar el conjunto de la clase trabajadora, incluso a la masa creciente de los trabajadores precarios y de los que están desprovistos de empleo, corren el riesgo de ser transformados en una constelación de pequeños grupos minoritarios luchando separadamente para la defensa de los intereses particulares de sus miembros.

Un tercer aspecto de la adaptación sindical se refiere a la necesidad de revisar las estructuras sindicales actuales.

La organización sindical por rama de actividad o por empresa no es la única manera de organizar a los trabajadores en el contexto actual. Sería quizás posible hacer coexistir estas estructuras con otras - formales o informales - que reunirían a las mujeres, a los jóvenes o a los técnicos y cuadros de una misma profesión pero trabajando en empresas o sectores de actividad distintos. Por otra parte, sería quizás posible crear estructuras específicas para los trabajadores de las pequeñas y medianas empresas, articuladas con las de las grandes empresas.

 Hay también que imaginar nuevos métodos de asociación entre asalariados, trabajadores del sector informal y desocupados. La tarea es difícil, pero la transformación del sindicalismo necesita imaginación y perseverancia e implica una reflexión sobre nuevas formas de solidaridad.

De lo que acabamos de observar sobre los tres primeros aspectos de la adaptación sindical se desprende que las actividades sindicales deberán también ser revisadas. Sería necesario diversificar las actividades sindicales, según las varias categorías de los afiliados y los sindicatos deberían desarrollar y diversificar sus servicios a los miembros.

La acción sindical debería tener más en cuenta la transformación de las actitudes y comportamientos individuales, de la subida del individualismo, de esta nueva forma de separatismo social que manifiestan ciertas categorías de asalariados, en una palabra de la existencia de una constelación de intereses aparentemente incompatibles.

Por último, las actividades sindicales deberían ser reorientadas para dar un nuevo énfasis sobre los aspectos cualitativos de la vida de trabajo, a la liberación del tiempo de trabajo, al contenido del trabajo y la organización del trabajo, al control social de las nuevas tecnologías, etc.

Pensamos que uno de los rasgos más característicos de este período de reajuste laboral y sindical es que las concepciones tradicionales del trabajo, de las relaciones laborales y del sindicalismo están puestas en tela de juicio por los sindicalistas mismos.

Lo que acabamos de señalar sobre el futuro del trabajo y la necesaria adaptación sindical no es una mera invención de intelectual; refleja también el pensamiento de muchos sindicalistas y algunos de los análisis formulados y de las medidas propuestas están en la realidad compartidas y experimentadas por los sindicatos en varias partes del mundo.

El secreto de la permanencia del sindicalismo es precisamente de haberse siempre adaptado con éxito a la evolución de las sociedades. Tenemos la impresión - y terminaremos nuestro análisis con estas palabras - que los sindicalistas que han tomado conciencia de la necesidad de cambios profundos en el mundo del trabajo y en la acción sindical son cada vez más numerosos y más imaginativos. 

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