Christian Poveda
Por Ana María Echeverría
Biarritz, Francia/AFP
El Festival de Biarritz, que ha ofrecido durante una semana lo mejor del cine de América Latina, rinde un homenaje al fotoperiodista francoespañol Christian Poveda, exhibiendo sus fotos y su documental "La Vida loca" sobre las pandillas salvadoreñas.
Las imágenes de Poveda de los rostros y cuerpos tatuados de los pandilleros con los que convivió durante año y medio en La Campanera, en la periferia de San Salvador, sobrecogen al público de Biarritz, acercándolo a una realidad desconocida para los habitantes de este próspero balneario del sur de Francia.
Muchos de los visitantes a la galería, situada en un hermoso espacio frente al mar -la "Aldea", que a lo largo del Festival vibra día y noche con encuentros literarios, debates, proyecciones y conciertos- no saben que el autor de las fotos murió hace un año de cuatro disparos en la cabeza en El Salvador.
Y cuando se enteran de que Poveda fue asesinado el 2 de septiembre del año pasado en una callejuela de un cantón situado a unos 15 km de San Salvador, al parecer por los miembros de la Mara 18, la pandilla que él retrató y filmó, y con la que él convivió, el impacto de las imágenes es aun mayor.
"La Vida Loca", que retrata la vida cotidiana brutal y sin esperanzas de esa pandilla, una de las más violentas de América Latina, ha generado intensos debates después de las proyecciones en Biarritz, en las que ha estado presente la compañera de Poveda, la arquitecta salvadoreña Patricia Campos.
"Christian era un salvadoreño de corazón", dijo a la AFP Campos, que fue su pareja durante cinco años.
"Lo conocí en el 2004, cuando Christian llegó a El Salvador para hacer un reportaje para la revista Paris Match. Era un hombre generoso, un excelente bailarín, un gran conversador. Y un hombre muy ético, de gran corazón, comprometido con la realidad salvadoreña", contó Campos en la entrevista.
"Christian se enamoró de El Salvador y de su gente. Lo único que quizá no llegó a comprender fue ese doble sentido que es un humor bien particular de los salvadoreños", dijo con una sonrisa Campos.
"Era el hombre más coherente que he conocido en mi vida, siempre iba de la mano lo pensaba, decía y hacía"
"Lo que él quería era contribuir a reflexionar sobre por qué esos jóvenes se convertían en pandilleros, y en cómo afrontar el fenómeno de las pandillas, que no sólo afecta a El Salvador sino a otros países", afirmó Campos.
"Estaba convencido, basado en estadísticas, que la política de mano dura contra las pandillas no daba resultado. El creía en el diálogo, siempre le apostó al diálogo".
"Ese es el legado extraordinario de Christian. Y yo por eso estoy aquí, para honrar su memoria, contar quién era, cómo se formó su compromiso, que pagó con su vida", dijo con honda tristeza Campos, que hasta ahora no había querido participar en ninguno de los muchos homenajes que se han hecho para Poveda.
"Soy una mujer muy privada. Además, aunque he perdonado, El Salvador es un país muy cruel, me tengo que proteger", confesó a la AFP.
El comisario de la muestra de fotos es el amigo y agente de Poveda, Alain Mingam, quien resaltó que el filme y las imágenes revelan también la gran humanidad de Christian, que retrató a los pandilleros no como ángeles, pero tampoco como monstruos, ayudando a comprender cómo surje la violencia.
Las maras, cuyo nombre viene de 'marabunta', unas hormigas devoradoras en la Amazonia brasileña, surgieron durante la guerra civil en El Salvador, que entre 1980 y 1992 causó unos 75.000 muertos.
Los acuerdos de paz suscritos en 1992, que pararon las balas pero no pusieron fin a la pobreza y desigualdad, tampoco terminaron con las maras, que han crecido e intensificado su violencia, logrando incluso hace unas semanas paralizar el tráfico en el país centroamericano.



