Eduardo Badía Serra
Esto de la moral, de cívica, de urbanidad, de ética, de los valores y demás, no es cuestión de ¡Ay, qué tiempos, señor don Simón!, ni se resuelve recitando las coplas de Manrique. No es de ponerle las orejas de burro y enviarlo al rincón del aula al niño que se distrae en clase, ni de enviar a la cama sin cenar a quien no hizo la tarea. Hay que insistir: Hay tiempos y hay espacios, y, honestamente, no todo tiempo pasado fue mejor.
Debe reconocerse, y aceptarse, que, en el pasado, el maestro era un verdadero señor del aula, (restricciones aplican), y que probablemente el alumno creía en él y en sus mayores. Pero eso ya no es así, por más que nos debatamos delicuescentemente tratando de vivir del recuerdo y de la ilusión. En el siglo de la post-modernidad, no valen las quimeras, importan los símbolos, los mensajes, lo contingente, el hoy. Siempre caben en estos tiempos, los versos de Darío:
Cojamos la flor del instante;
¡La melodía
de la mágica alondra cante
la miel del día!
¡Cuidado! La nostalgia lleva con frecuencia a la tristeza, y más grave aún, al error. El Salvador no es la Tierra de Jauja de los años cincuenta del siglo pasado. El campo del que nos hablaban Ambrogi, González Montalvo, Rodríguez Ruiz, Salarrué, María de Baratta, la dulce Claudia Lars, y tantos otros, no es el campo de ahora; y las ciudades señoriales, tranquilas, suaves, de lineales calles y eternas estructuras, simplemente han desaparecido. Ahora estamos en el tiempo de las cárcavas, de los aluviones, de los deslizamientos, de los derrumbes, del aglomeramiento territorial, del desorden urbano, de la comida rápida, de la inseguridad, del caos vehicular. ¿Moral, Civismo, Urbanidad, Buenas Costumbres, Ética, Valores? ¡Seguro que sí! Pero, ¿Cómo? ¡Ese es el asunto! ¿Cómo? ¿Cómo enseñar moral al marero? ¿Cómo enseñar patriotismo al corrupto? ¿Cómo? ¡Ese es el asunto?
Estamos en el tiempo en que, equivocadamente, todo se resuelve prohibiendo. El Vademecum nacional es el de ¡No haga tal cosa! Se prohiben, o entonces debieran prohibirse: La canchis canchis, cruzar las piernas, que las mujeres no usen sostén, las chicas del grupo Caña, el atol de elote, la gata de mi vecina sólo come gelatina, la Chévere, uno, dos y tres…..que pase el marqués, los concursos de belleza, las reinas patronales, “casos de familia”, las “presentadoras”, las “demostra-doras”, la cinco de yuca, los car-wash, el moco de gorila, el cine mudo, Aladino y la lámpara maravillosa, el show de Cristina, los fideicomisos, Mambrú se fue a la guerra, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena!, acostarse sin pijama, las minifaldas, los chemises, la liposucción, los silicones, la Tenchis Céliber, el fin del mundo, el waka-waka, el show de don Francisco, las cárcavas, la fedefútbol, las ondas tropicales, los diputados, Hanna Montana, Ricky Martin, Juan Gabriel, la orange crush, la grapette, los brujos colombianos, también los brasileños, ir al mar, y la yerba se movía, las Dolly Sisters, el Can-Can, los desfiles del 14 de diciembre, y por supuesto, las cachiporristas.
¡Así, sí! Con tales prohibiciones, más pronto que cante un gallo, ya seremos un país con una alta moral y con unos valores elevados y puros. Pero no es así. La historia convalida la teoría cuando esta afirma que a mayor restricción sobre el hombre, mayor tendencia a la desobediencia y a la reacción. ¿Moral, cívica, valores, ética, buenos modales, buenas costumbres, ……? ¡Sí! ¿Quién dice no? Nadie. El asunto es ¿Cómo? ¡Ese es el asunto!
Dice el profesor brasileño Hugo Renato P. Caldeira, que el mundo se encuentra en un particular momento de desilusión, con tantos focos de tensión y motivos de discordia como nunca antes se tuvieron. Es la época del inmediatismo y del consumismo fácil, del “quien nada ve, nada siente”, de, en una palabra, la incertidumbre. El hombre, ahora, se obliga, más que antes, a plantearse tres preguntas: ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿Cuál es el sentido para la vida?, ¿Cuál es el sentido en la vida? La primera pregunta, dice Caldeira, es una cuestión existencial; la segunda es una cuestión esencial; la tercera es la cuestión de los valores. Los valores, termina, no son abstracciones trabajadas en el ámbito de la reflexión filosófica, como las nociones de justicia, igualdad, etc.; los valores son actitudes concretas aprehendidas por los hombres, de los hombres.
El valor es la sustancia, dice Caldeira. Son, ni más ni menos, las mismas preguntas de Kant hechas en otro contexto: ¿Qué puedo hacer? Asunto de la metafísica; ¿Qué debo hacer? Problema de la moral; ¿Qué puedo esperar? Asunto de la religión. Todos lo han dicho; sólo nosotros no lo aceptamos.
Este asunto del comportamiento de los hombres en nuestra sociedad, es grave. Debo insistir: El problema lo crea el modelo, la inequidad, la exclusión, la falta de valores en los hombres de carne y hueso de los que hablaba Unamuno. No es problema de la escuela. La escuela sólo lo recibe. Luego, ¿Dónde hay que actuar? ¡Donde se produce!, esto es, en la familia, en la sociedad, en los políticos, en los medios de comunicación, en las empresas………..y, ¡claro que sí!, en la escuela. Pero reducir el problema a un mero asunto de esta última, verdaderamente, es un error….¿Y diay?
Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.



