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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Lunes, 09 de Agosto de 2010 / 09:15 h

Cachiporristas guanacas

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Chichipate Cañaverales

Antecedentes inmediatos. Diciembre 14, 1948. El presidente Salvador Castaneda Castro, alias: Mica Polveada, es desbarrancado del poder por medio de otro cuartelazo o golpe de Estado.

Otro directorio cívico-militar —de entre tantos en 190 años—, convoca a elecciones caricaturescas. Septiembre 14, 1950. Se apoltrona en silla presidencial un sujeto apodado Cuchumbo, ex integrante de aquel directorio recién mencionado, mayor o coronel del también caricaturesco ejército nacional de entonces. El nombre de pila del tal Cuchumbo era Óscar Osorio (1950-56). Entre tantos miembros de su gabinete gubernamental figuraba alguien de apellido Salazar.

 Por supuesto: para esta gente, siervos de ladrones oligarcas, el 14 de diciembre de 1948 significaba el día de la “revolución salvadoreña” jajajajajá; tan importante  o más que el trillado 15 de septiembre: día de falsa independencia centroamericana de la corona española.

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LAS CACHIPORRISTA. El ministro Salazar (¿Mario Héctor?), ideó, sugirió e implementó las festividades patrias a fin de conmemorar y celebrar tan fatuo cuartelazo. Para diciembre de 1951, dispuso montar, con toda parafernalia posible, el desfile capitalino y capitalista de la cacaraqueada seudo revolución. Para tal efecto, el número extraordinario programado y propagandizado por medio de prensa escrita y radial, era la marcha “espectacular” de un número considerable de jóvenes mujeres estadounidenses con residencia en Miami, Florida, llamadas ¿Dolly Sister?, traídas ex profeso con gastos redondos pagados; más compensaciones monetarias privadas a cada una, que sólo Salazar y Cuchumbo conocieron su monto; pero no había problema de liquidez, porque el “grano de oro” estaba en el Olimpo extranjero, pues el quintal oro valía ¢1,200ºº (u$s480ºº); mientras, el oligarca mañoso pagaba al cortador la ridícula suma de ¢18ºº (us$7,20) por cada quintal oro recogido.

Dicho desfile iniciaría en cercanías al parque Cuscatlán, para terminar frente al portón principal (oriental) del Palacio Nacional, donde Osorio y compañía se auto alabarían por aquella asonada de hacía exactos tres años. De 09:00 hrs a 11:00hrs, capitalinos no capitalistas, más gente fletada cuales reses en camiones nacionales desde el interior del minúsculo país, se deleitarían mirando marchar a “dolly sister” al compás de orquesta o banda de guerra traída expresa por ellas mismas; pues nuestros trompudos y haraganes músicos regimentales, no eran dignos de confianza para aquellos “prudistas” des-gobernantes (del partido electorero PRUD).

A fin de evitar seguros desórdenes callejeros montados por machistas guanacos o plebeyos, contingentes gubernamentales de seguridad pública fueron apostados a lo largo y ancho de toda la estrecha ruta de antemano trazada: Calle Rubén Darío hasta entronque con Avenida Cuscatlán, para luego virar a la derecha y, a 11:00hrs exactas, estar frente a padrastros de la patria, al capataz pro oligarcas y a abogadillos con ínfulas de magistrados en corte suprema de injusticia.

Aquellas mujercitas, rebajadas a mujerzuelas cachiporristas gringas por proxenetismo capitalista, —similar al fulano Olano, rufián de rufianes al traficar con señoritas guanacas aspirantes a miss universo—, luciendo lujosos pero repugnantes e insultantes trajes, medio cubrían: troncos con partes pudendas o púdicas; con botas blanquecinas cubriendo _ de piernas o pantorrillas; con copetes de cacatúas mamarrachas cubiertos por yelmos quijotescos modernos y, empuñando sendos bastones engalanados con flecos: bastón llamado cachiporra.

Delante de estas inocentes mamarrachas pintarrajeadas hasta en los sobacos, iba tocando marchas militares la banda de guerra yanqui ya mencionada. Por fortuna, diciembre es mes benigno en ciudad capital salvadoreña; por eso, no había copioso sudor que las des pintarrajeara, ni viento impertinente para volarles al carajo el yelmo y en seguida descopetarlas.

Amaestradas cuales yeguas o potrancas peruanas de paso, sin ellas tan siquiera sospecharlo, hacían malabarismos y contorsiones aceptables; dejando boquiabiertos a campesinos y citadinos, quienes creían que esas hembras con cinturitas de avispas, glúteos, muslos y piernas concordantes con catálogos de costureras, eran extra terrestres o divinas; no obstante, a pesar de enorme vigilancia dada por cientos o miles de: guardias nacionales, policías de Hacienda, policías de línea más detectives y choriceros municipales; jóvenes y adultos, alebrestados por sus fluidos testosterónicos y sus machismos atávicos o bíblicos, se infiltraban hasta ellas para, por lo menos, manosearles bustos, glúteos y caderas; pues, tanto cuilios y soldados, al no poder ellos hacer lo mismo, se hacían del ojo pacho con aquella plebe concupiscente.

Por no haber aún tv en El Salvador, solo radiodifusoras encadenadas por mandato oficial obligatorio, una docena de locutores radiofónicos se turnaban cada 20mins, desplazándose de un lugar a otro en el trayecto señalado, para narrar, atragantados, el paso apoteósico de aquello nunca visto. Entre esos locutores, muchos recuerdan a: Guillermo “Albertico” Hernández, Miguelito Álvarez, Francisco Medina Funes, y Roberto Castaneda. Esta payasada malinchista de Cuchumbo Osorio se repitió durante 4 años consecutivos, restantes de su sexenio programado. El “pueta” José María Lemus, sucesor del Cuchumbo, la descartó, quizás porque el grano de oro se volvió grano de cobre o latón. Entonces, escuelas públicas, colegios particulares, —exceptuando al Instituto católico Betania de Santa Tecla—, se dieron a tan innoble tarea de imitar, durante sucesivos años hasta el recién pasado 2009,  a las señoritas gringuitas o súbditas del “tigre de papel”.

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Si alguien pudiese aumentar un poco más a estos verídicos relatos, sucedidos cuando este cronista aún era niñito “escuelero”; salvadoreños menores de 50 otoños, en especial jóvenes y adolescentes, estarán agregando un capítulo medio interesante a sus memorias históricas; pues estas historietas, entre tantas, no han sido registradas en falaces historias oficiales. Entonces, concluiremos: dichas cachiporristas gringas extorsionadas por proxenetas mafiosos, cuyo paraíso terrenal estaba en la Cuba de Batista, de Truman y de Eisehauer, llamadas dolly sisters o de otras maneras, significaron y significan Cero en nuestro auténtico folclor.

Por eso causa pena ajena que ignorantes al respecto, en especial Alto-marrano diablodioy y Puercoespín Quijasno, —éste, alcalde centroamericano de San Salvador—, se rasguen vestiduras queriendo defender lo indefendible; porque ellos, cuales peones descalzos del neoliberalismo, quieren seguir corrompiendo o destruyendo nuestras seculares buenas costumbres.

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