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El Salvador, Miércoles 23 de Julio de 2014
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Miércoles, 04 de Agosto de 2010 / 10:07 h

El cuarto poder del Estado

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Alirio Montoya*

La Honorable Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, recientemente emitió una sentencia de inconstitucionalidad sobre algunos artículos del Código Electoral que violaban flagrante y sistemáticamente la Constitución, en lo referente a la prohibición explícita sobre las candidaturas independientes y los listados abiertos.

Leí y releí minuciosamente dicha resolución confrontándola con el articulado de la Constitución, Código Electoral y la Declaración Universal de Derechos Humanos en lo que respecta al fondo de lo solicitado, y en efecto sí hay una interpretación exegética y “antihistórica” de tales disposiciones por parte de los legisladores y redactores del Código Electoral.

Es de reconocer que los 5 magistrados, de los cuales uno prácticamente votó en contra, tuvieron que leer y, algunos releer Derecho Político, Electoral, Constitucional y Derechos Humanos para emitir esa brillante sentencia. El fallo del máximo tribunal constitucional está apegado a doctrina y a la ley de una manera bien acertada. Desde el punto de vista del derecho, esa resolución es de lujo.

Pero –espero no ser mal interpretado- esa resolución, a pesar de su lucidez e ilustración, si es llevada a la práctica generará confusión en el electorado y un enorme coste al Estado a la hora de imprimir tantas fotografías y nombres cuantos candidatos se inscriban. Esto sin duda alguna requiere de un enorme y portentoso debate sobre la conveniencia o no, aunque la ley es ley. Será la Asamblea Legislativa la que reforme el Código Electoral en lo tocante a lo polémico de este tema.

Lo que es digno de reconocer en esto es que la Corte Suprema de Justicia está dando muestras de querer entrar a la civilización y a la independencia de poderes del Estado y principalmente de poderes fácticos. Hay una resolución pendiente. Y es hacia esa resolución donde quiero apuntar. Esa resolución es la que tiene que ver con la “despenalización de la crítica periodística”, lo cual se ha confundido con impunidad periodística.

Los medios de comunicación conservadores, en una ofensiva sin tregua alguna, han enfilado sus baterías dirigidas hacia esa próxima resolución tratando de presionar a la Corte para que las cosas se mantengan como están; es decir, para que el periodista lejos de informar, desinforme, calumnie y difame bajo el manto de la libre expresión; en este caso, la libre crítica periodística.

Si la Sala resuelve en contra de los intereses perversos de algunos dueños de estos medios conservadores, ya no se escucharán más ni leerán adjetivos denigrantes como la “Reyna de la basura”, “los terroristas rojos”, “sus vínculos con las FARC” y un sin número de insultos y calumnias en contra de personas e instituciones. Hay un periódico falto de contenido ético e informativo, que su tarea es conducir a los lectores hacia una regresión y deformación del lenguaje. Algunos titulares son: “Se hacen torta”; es decir, cuando un vehículo colisiona y mueren sus ocupantes. Imagínense la familia doliente cómo se ha de sentir cuando lee ese titular. Otra noticia: “les ponen las chuchas”; queriendo decir, les ponen las esposas. A los alumnos de primaria e incluso a estudiantes de derecho ese es lenguaje que se les escucha en los pasillos de los  diversos centros de estudios de El Salvador producto de la intoxicación que han provocado estos medios de comunicación.

Hay un blog que se llama Siguiente página. El nombre está bien acertado, porque con sólo leer un par de líneas, de inmediato da la sensación de pasar a una siguiente página para escudriñar algo más constructivo. Por error involuntario abrí ese portal. Nunca había entrado a ese blog, y me llamó la atención el título Carta a la Secretaria de Intrusión, en el cual el titular del blog le recrimina a la primera dama de la República Vanda Pignato, el por qué prohíbe que en los desfiles cívicos alusivos a nuestra independencia del 15 de septiembre de 1821 ya no salgan cachiporras. Y este señor pretende comparar de forma mal intencionada el desfile cívico con el Carnaval de Río de Janeiro, por el hecho que la primera dama es brasileña por nacimiento. Este malcriado “cantinero alemán” no comprende que tal prohibición va encaminada a proteger los derechos de la niñez. Comparar un evento cívico con uno que está predeterminado en el calendario religioso de Brasil, es una ignorancia manifiesta o una perversidad.

El ex presidente Coronel Oscar Osorio en 1952 cuando fue de paseo por Los Ángeles vio un desfile de cachiporras y sintió cierta excitación; fue entonces a su regreso al país cuando impuso en los desfiles del 15 de septiembre que salieran cachiporras. Eso señores no es otra cosa que la promoción de la pornografía infantil. Llamarle “Reyna de la basura” a una mujer es una denigración a la imagen de las mujeres en general. ¿Será eso periodismo? No. Eso es impunidad bajo el manto de la despenalización de la crítica periodística. El artículo 191 del Código Penal lo que hace erróneamente es una Exclusión de Responsabilidad Penal, figura jurídica que opera en los casos de demencia cuando se comete un ilícito.

En ese sentido, la Sala de lo Constitucional no debe ser sorprendida en su buena fe por los medios conservadores de este país. Debe resolver conforme a derecho, doctrina y sana crítica.   Pero todo esto tiene que ver con el uso perverso del lenguaje, el cual es inmanente al ejercicio periodístico. Vicente Romano en su ensayo “Intoxicación lingüística. El uso perverso del lenguaje”, afirma que “El uso manipulador del lenguaje es tan antiguo como el dominio de unos seres humanos sobre otros. Todos los dominadores, magos, religiosos, políticos, económicos, intelectuales, etc., utilizaron las palabras para confundir, aterrorizar, ocultar y mantener la ignorancia sobre las verdaderas relaciones de dominio y explotación. El lenguaje, como el terrorismo, va dirigido a los civiles y genera miedo, ejerce violencia simbólica o psicológica. Produce efectos más allá del significado. Las palabras son como minúsculas dosis de veneno que pueden tragarse sin darse uno cuenta. A primera vista parecen no tener efecto y luego, al poco tiempo, se manifiesta la reacción tóxica”. Esto calza a la perfección con algunos medios de comunicación en el país, los cuales son el cuarto poder del Estado, por cuanto ellos definen la agenda política y de nación a seguir.

Los medios de comunicación son parte de la superestructura de la clase dominante, y son quienes hacen más política incluso que los mismos partidos políticos. Hablan un claro lenguaje clasista, encausan los hechos políticos, sociales y económicos a favor de la clase dominante. Eso irá cambiado poco a poco. El pueblo salvadoreño es un pequeño gigante que despertó el 15 de marzo del 2009.

*El autor es Licenciado en Ciencias Jurídicas. Militante del FMLN.

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