Con prepotente procacidad, los patrocinadores de las desigualdades sociales para favorecer su ilegítimo y voraz enriquecimiento fundado en apropiaciones fraudulentas desde el siglo XIX, incluida la expropiación de ejidos en 1889, se rasgan las vestiduras por lo sucedido en los alrededores de la casa de habitación del ex presidente Calderón Sol.
Desde luego nosotros, como al parecer la ciudadanía en general desconocemos lo acontecido realmente, aunque es fácil intuir la paranoia que aqueja a la derecha. Aunque somos una sociedad de encubrimientos y de medias verdades, en este caso lo que sí queda claro, es que si la autoridad debe requisar a vigilantes en la calle por supuesta tenencia de armas sin los debidos permisos, no puede haber fueros que lo impidan. Es más, si cualquier ciudadano debe someterse a la autoridad policial, con mayor razón lo debe hacer quien, por jerarquía social y política debe dar el ejemplo.
Y si ya es chocante que una aclaración sobre acciones policiales se pida, no a jefes de la PNC sino al Ministro de Defensa que no tiene ingerencia en una institución CIVIL, ofende más que pidan mayores excepciones, quienes lucran en los privilegios acumulados por siglos de abusos del dinero, medrando de su poder político, imponiendo condiciones esclavizantes a la población trabajadora — exclusión de la propiedad, leyes de trabajo forzado (“ley de vagancia”), pago con fichas, tiendas de raya y actualmente un sistema de “trabajo flexible” que somete a todos los asalariados a la voluntad del empleador.
¿No está entre los que protestan, quien está señalado por cuentas no aclaradas en la remodelación del cuartel de la PNC? ¿No están entre los que protestan, los empresarios que la experiencia diaria y un estudio de la Universidad Nacional señalan como vendedores de medicinas a precios de estafa? ¿No están entre esos empresarios, un Medio que tuvo un largo juicio en los tribunales para no pagar el premio ofrecido?... ¿No están entre esos empresarios muchos de los señalados por la Comisión de la Verdad y vueltos a mencionar en un reportaje de La Prensa Gráfica?...¿No está en la galería de fotos de los “ofendidos”, quien escondió el juicio de su cliente?... Y – mera curiosidad — entre las propiedades que se ufanó “el ofendido” debe proteger, ¿no estará el exceso sobre 245 Has. que aún no entregan muchos de los nobles terratenientes?.
Cuando hace algunos meses, la Policía entraba a saco a las pobres viviendas para imponer la “mano dura”, las gremiales callaron, cuando un diputado de ARENA protagonizó un escándalo con la Policía, las gremiales callaron. ¿Son menos los habitantes salvadoreños que nombran a un Presidente para que maneje las cuestiones nacionales, que el mismo nombrado?... ¿Quién es el soberano?...
La civilización universal siempre fue bien servida por comerciantes que fueron vehículos de cultura; la provechosa inventiva industrial nadie la puede ignorar. Pero aquí en El Salvador hay muchos empresarios que hacen riqueza sobre la pobreza de los más, (frecuentemente se sabe de grandes tiendas que hacen firmar a sus vendedores por sueldos no percibidos); son comerciantes que debieron volver presurosos a finales de los 80 de su auto exilio en Miami, porque allá sí debían pagar impuestos. Esos, no son precisamente quienes tienen voz para llamarse dadores de empleo y pedir trato excepcional. Patrocinan la violencia, creando inseguridad económica y desempleo para luego vender armas y servicios de seguridad (¿no es uno de ellos quien estafó al ISSS con las 300 y más plazas fantasmas? ¿No moriría después, por no dar la “pat’e cheje”?).
Todos somos iguales. Y eso es lo que pretende institucionalizar el modelo social y económico que se impulsa en América del Sur. Cuánta razón tiene la derecha cuando, histérica, rechaza cualquier cambio. Cuando comprende que en un modelo solidario, no pueden haber clases privilegiadas.



