Todos sabemos de las extremas deficiencias de la mayoría de los diputados, pero siempre sorprende que no tengan cuidado para no exhibirlas. La pretendida lectura obligatoria de la Biblia en los centros escolares, es una nueva muestra de las pocas entendederas de quienes se autollaman representantes del pueblo. Ignoran lo más elemental: la inconstitucionalidad de la ley propuesta. ¿Es que esperan que la CSJ, también desconozca el Mandato?
Esos diputados de derecha que aprobaron atolondradamente la propuesta ley, en un pobre afán de ganar simpatías políticas, volvieron a caer en el abuso de sus atribuciones, pues deberían ser conscientes que su facultad para sancionar leyes es puramente política, la ley misma la deben preparar instituciones o comisiones ad hoc, que sean autoridad en el tema.
En este caso concreto de la lectura obligatoria de la Biblia, ellos no son educadores, no son sociólogos, no son psicólogos, no son teólogos. Y eso no es censura, ya que un diputado se supone sea sólo un digno ciudadano que representa los intereses de un sector poblacional, pero lo que sí es vergonzoso es su falta de juicio y que sancionen caprichosamente una disposición inconstitucional y descabellada. Ya sobre esto han hablado el Señor Arzobispo y el conocido Pastor Carlos Rivas.
Por lo demás, y aunque naturalmente no entiendan lo que se razona como inconveniente, su falaz interés en dar soluciones al clima de inestabilidad social que crea la violencia, da ocasión para recordar que una de las cosas que leerán en la Biblia será el “no robarás”. Y los diputados roban en sus sueldos inmerecidos, roban en las mil ganguerías que se recetan, roban la representación fraudulenta que se atribuyen; recordar diariamente a los alumnos estas miserias, serían una mejor vía moralizadora,
¿Entenderán esos diputados, que la situación actual es fruto cultivado por una derecha que vive de la precariedad, de la dispersión familiar que hace casi imposible el fomento de los valores morales?... La voracidad de muchos empleadores y la tolerancia de los gobiernos que impone la derecha, convierten en un simple dormitorio la casa que debería cobijar un hogar: a los niños se les roba a su madre, muchas veces madres solteras, los presupuestos educativos son miserables y la escuela no puede disponer de profesorado altamente calificado, de soportes educativos como el deporte, las actividades culturales. Se crea el clima para conductas delictivas.
No diremos más, pues son todas cuestiones del dominio público que sólo ignoran quienes creen que un texto bíblico mal leído, puede sustituir la caricia de una madre, o el ejemplo de un padre trabajador con un salario decente. Lo primero que deberían hacer los diputados que proponen la lectura obligatoria de la Biblia, es entregar sus sueldos mal ganados; si exaltan la lectura de la Biblia, por qué no leen lo de “darlo todo a los pobres”?
Corolario colérico
Y como sin ser obligados, sí leemos la Biblia, recordemos que Jesús ejemplifica la indignación justificada al expulsar a los mercaderes. La nuestra, la justifica la hipocresía de los diputados.
Aparte la invasión a la consciencia familiar e individual, ¿qué buena lección puede dar un versículo que si es mal leído, pierde sentido?, ¿o el desarrollo de una hermenéutica no fundada en una disciplina teológica?... En lugar de la lectura bíblica, ¿no debería la derecha renunciar al daño que su avaricia hace a los demás?
La derecha esclaviza la mano de obra (hoy se dice flexibilidad), la derecha roba en el comercio, niega la enseñanza a los más pobres, los animaliza al acorralarlos a vivir marginados, y luego organiza escuadrones de exterminio para dominar a los inconformes o a los sospechosos de inconforme.
Una ley debería ser mandar a su casa a todos esos diputados a leer día y noche no sólo la Biblia, sino también las Homilías de Monseñor Romero, alta lección de lo que es amor al prójimo. Es gente que debería comprender lo innoble de regatear — pares con algunos Magistrados de la CSJ – hasta mínimos vales de gasolina. Amén.



