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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 24/08:55 h.

Jueves, 01 de Julio de 2010 / 08:57 h

UNA VITRINA COMERCIAL

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    A muchas personas de se les hace cada vez más evidente el aspecto comercial de la Copa Mundial de Futbol; y lo rechazan. Pero ésta es  una realidad conocida desde hace muchos años, que diferencia  — sin conflicto —  lo que es el deporte de lo que es el espectáculo.

El uno es educativo y recreativo; el otro busca un mercado que hace posible pagar los altos sueldos de los jugadores y que da empleo a miles de personas (comercios dentro de los estadios, personal que atiende asuntos administrativos y del juego y mil etcéteras más).

Béisbol, futbol americano, basket, jockey y nuestro familiar futbol, son sólo los más conocidos espectáculos que llenan con millones de espectadores los parques y estadios, en países en que las tasas de empleo permiten el gasto y el tiempo libre necesario. Naturalmente en nuestro país, choca esa bonanza con la pobreza de cientos de millones de personas.  

    Esa realidad hace posible en aquellos países, llevar dos o tres veces por semana público que en cada ciudad, promedia 30 ó 40 mil por vez, a los estadios y que posibilita la venta de espacios publicitarios en la televisión y la radio. El “deporte” espectáculo es un activador de la economía de consumo en Europa, Estados Unidos y otros países del mundo.

Pero en pequeños países como el nuestro, donde al partido de futbol asisten dos o tres mil personas una vez por semana, en dos o tres ciudades y en algunas  otras quizá sólo 500; donde continuamente se sabe de jugadores a quienes no se les paga su pequeño sueldo (500 dólares mensuales contra 30 o más millones anuales de los verdaderos profesionales), el deporte espectáculo no trae sino frustraciones. Para colmo, se pide que el Estado aporte fondos, fondos que deberían destinarse en la mayor cantidad posible al deporte de niños, jóvenes y adultos, con todos sus beneficios en salud, en esparcimiento, en desahogo de vitalidades que pueden derivar en conductas violentas pre dilictivas.

    Deporte real y espectáculo son dos cuestiones diferentes. Y nuestra gente, que a penas si gana para comer, contribuye gustosamente con su natural afición y muchas veces fanatismo, comprando camisetas (encarecidas por los “royalties”) y desde luego integrando las audiencias televisivas y radiofónicas, que permiten los “ratings” que necesitan los anunciantes para vender sus productos. Para quienes añoran ver entusiasmo en los jugadores, los espectadores de este actual campeonato, deberán esperar, pues las estrellas se administran para regresar sanos a sus Ligas, dejando el “fervor patrio y futbolero” a los jugadores segundones que buscan una mejor cotización: en este campeonato “la sangre no llega al río”, y más bien, la TV capta los acercamientos amistosos de rivales que no lo son, pues son compañeros en el equipo que militan. 

    No hay conflicto, sólo es una diferencia que debemos aceptar. Lo que deberíamos pedir, es que el Estado no mal emplee sus fondos en lo que aquí se exagera llamándolo “futbol profesional”, sino en el fomento del deporte. De otra forma seguiremos asistiendo a tristes escenas de fanáticos desgañitándose por el gane o pierde de equipos extranjeros o asimilando el amor patrio a resultados de un juego.       

    Una vez más tenemos de frente otra tarea educativa.

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