Isaac Vásquez Cruz*
El reto más grande y abrumador para la humanidad en el siglo XXI, es el propio autocontrol de las medidas armamentistas que producen sus estados cada vez más inspirados por obtener la llave de la suprema hegemonía en el mundo.
El sistema internacional que después de ser completamente bipolar, se transformó en un complejo juego de poderes multipolares que vinieron abriéndose camino entre el comercio, la industria, las finanzas y por supuesto la carrera armamentista, hoy abren muchas alternativas de poder. Esta última es la que preocupa la existencia humana.
Porque de una simple fabricación de bombas de 500 libras con regular alcance, hasta la creación de las devastadoras bombas atómicas, el juego de poderes nucleares cobra importancia en la palestra geopolítica con la inminencia de acabar de lleno la raza humana o hacerla evolucionar en el terreno tecnológico.
La cuestión de las armas nucleares es el centro de las controversias de las potencias mundiales y significa la sostenibilidad de la especie o la autodestrucción de la misma.
En efecto, este conflicto nuclear recientemente ha despertado la zozobra entre dos naciones que de manera similar pero diferente en metodología buscan obtener el control de grandes estratos geopolíticos continentales: es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica y la República Islámica de Irán.
La tensión comenzó cuando el gobierno iraní decide enriquecer uranio al 20% para emplearlo en la medicina y otros usos en el ámbito científico y de investigación. Sin embargo, esta propuesta energética iraní, es confrontada por la administración de Obama, presidente de Estados Unidos, quien sostiene que el programa nuclear de Irán busca fines bélicos para crear arsenal de destrucción masiva, los cuales están siendo disfrazados mediante programas científicos.
No obstante, es menester la acción diplomática de ambas naciones en busca de alianzas estratégicas continentales que influyan en diferentes espacios hemisféricos, en los que sus políticas nucleares tengan la debida importancia y defensa por los países que las integren. Para ello, se celebraron dos conferencias de no proliferación nuclear realizadas durante el mes de abril, la primera llevada a cabo en Washington, Estados Unidos, donde Irán fue excluido a participar, y la segunda, se realizó en Teherán, Irán, quien por su parte, rechazó la participación del estado norteamericano.
En dicha conferencia, la política del gobierno norteamericano quedó muy clara; de los 47 países del bloque que utilizan energía nuclear en la ciencia, tecnología y en la carrera armamentista, Estados Unidos será el árbitro central que tomará la última decisión en momentos de crisis nuclear. Declarando que en caso extremo de amenaza a la seguridad de su nación, por parte de otro estado que posea armas nucleares, el gobierno atacaría con todo el rigor de su armamento de destrucción masiva para defenderse hasta donde sea necesario.
Por su parte, el gobierno iraní respondió días después en la Conferencia de Teherán, con la participación de 60 países, que Estados Unidos e Israel son los únicos causantes de la proliferación de armas nucleares en todo el mundo, argumentando que deberían quedar excluidos de la Agencia Internacional de Energía Atómica, e hizo un llamado a Israel para que firme el Tratado de No Proliferación Nuclear al cual se niega a pertenecer, pues solamente ese país en medio oriente posee ojivas nucleares de forma ilegal y secreta, recordando también que el único país que ha utilizado bombas atómicas en contra de otras naciones ha sido Estados Unidos, en las ciudades de Nagasaki e Hiroshima, Japón.
Este es solo un apéndice del conflicto, el cual muestra la “incapacidad voluntaria” de los Estados para llevar a una mesa de diálogo los problemas políticos internacionales que afectan las buenas relaciones de la Comunidad Internacional.
Por su parte, Irán pide un mundo sin armamento nuclear, sugerencia que Estados Unidos no aceptaría, porque la naturaleza de este gobierno es guerrerista y la carrera militar es inadmisible en la defensa de sus propios intereses.
En la misma opción estratégica nuclear puede mencionarse a Rusia, quien con Estados Unidos firmó el Tratado Estratégico de Reducción de Armas, START-2, una modificación del START-1, el cual permite mantener un nivel balanceado de fuerza nuclear entre las dos superpotencias, acordando reducir el número de ojivas nucleares de 2 200 a 1550 por cada uno, esto significa que estas dos superpotencias poseen el 90% de armas nucleares en todo el planeta. Con ello se percibe que después de finalizada la Guerra Fría, Rusia aun posee poder de influencia en las decisiones globales y no se le es refutada como en el caso de Irán.
De hecho, podría calificarse de injusta la imposición de nuevas sanciones por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra la política iraní de enriquecimiento de uranio al 20% para fines médicos, científicos y de investigación.
Sanciones que comprenden bloqueo a las transacciones bancarias iraníes para operar en otros países y la prohibición de otras naciones de actuar en Irán, asimismo, un bloqueo a todas las transacciones financieras conectadas con la Guardia Revolucionaria iraní. Estos bloqueos estratégicos han sido rechazados por dos gobiernos no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Turquía e Irán. Medida calificada por pírrica según la postura del presidente brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva, quien propuso el diálogo como medio diplomático esencial para resolver la controversia nuclear entre Estados Unidos e Irán, en efecto, así debería de encontrarse una solución a esta discrepancia política.
Finalmente, cabe la pregunta: ¿Hasta dónde llegará la confrontación internacional sobre el debate nuclear que envuelve a más de 100 Estados, quienes pudieran alinearse en tan solo dos bandos o bloques de poder?
La respuesta a esta interrogante es incierta, porque las decisiones de los Estados no son similares a las humanas, sino que son encubiertas por intereses continentales que llevan como objetivo obtener el poder geopolítico de cualquier hemisferio. Y, en esta línea de choque de civilizaciones al estilo Huntington, el conflicto nuclear comienza su apogeo, pues las demás naciones que aun no se les permite explotar este recurso energético, intentaran emular ese vasto desarrollo nuclear que por hoy solo es controlado por el imperio económico y militar de los Estados Unidos y algunos de sus aliados.
Asimismo, un mundo donde muchos estados posean armamento nuclear, se convertirá en una zona de peligro para el desarrollo de la vida humana. Porque detrás de todo tratado comercial de reciprocidad, convenciones, encuentros diplomáticos, ONG´S, y cualquier otro método político de relaciones entre las naciones en bloques regionales progresistas siempre existirán mentes bélicas que desearan encontrar un poder supremo de dominio mundial a costa de cualquier medio: donde el papel atómico no queda de lado. Con esto no me refiero exclusivamente a Irán o Estados Unidos, sino a cualquier nación que determine posible dentro de sus planes políticos, militares y económicos el desarrollo de energía nuclear en la carrera armamentista.
Lamentablemente la historia parece repetirse en algunas ocasiones, y cuando sucede no hay paradigma o teoría que explique este fenómeno internacional contradictorio, el cual nos recuerda la psicología humana-política de Thomas Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre”, en otras palabras: el Poder a costa de cualquier acción, sin importar las consecuencias sociales, políticas, y económicas que sucedan.



