Héctor Ismael Sermeño
Especial para Trazos Culturales
La marca que el inicio de la actividad sexual deja en muchos seres humanos puede conducir a muchos traumas, incluso a la locura, pasando por la pérdida de libertad y el daño físico acompañando al emocional. Si la violencia, el destiempo y el crimen son los factores a tomar en cuenta, esto recrudece y daña a la sociedad también; o quizá siempre sucede y no lo asimilamos.
Los medios de comunicación dan muestra constante, con diferentes tintes que van del amarillo al rojo, excepciones hechas, del fenómeno que está dañando la salud mental y física de tantos niños de uno y otro sexo, al igual que de personas en adultez. ¿Qué trasfondo puede haber en el cerebro de los victimarios? Ni la revolución sexual iniciada a finales de los sesenta y que ha llegado hasta la legislación sobre el aborto y las relaciones entre personas del mismo sexo, ha detenido los hechos a los que “El Rastro”, hace referencia. ¿Será inherente a algunos sectores de la raza humana? Mil preguntas y mil posibles respuestas. Todas según la axiología de cada uno.
El montaje
Con texto y dirección de Enrique Valencia, “El Rastro”, es una obra bastante acabada, teatralmente hablando, si bien muchas frases parecen afectadas, tal vez un exceso poético; el autor se permite la construcción dramatúrgica de la obra con muchos elementos de primer nivel: parlamentos con mucho ritmo, información mesurada, punteo escénico equilibrado. La dirección de la puesta en escena, muy notable por cierto, ayuda en gran medida a que se estremezca al espectador.
Valencia nos propone un drama serio, con análisis serio y un texto tomado en serio, evita ridiculeces seudopoéticas, como ángeles y cosas parecidas y enfrenta la situación con valentía, sin engolamientos ni cursilerías. Con la fuerza que su planteamiento escénico propicia y necesita.
Indudablemente que la construcción de personaje que lleva a cabo esa estupenda actriz en la que se ha convertido Alejandra Nolasco; impregna totalmente la puesta en escena de calidad total. No puedo concebir a “El Rastro”, sin la enorme presencia de la Nolasco, toda llena de ricos matices en las diferentes escenas, creyéndose su papel para hacer que el público lo crea a su vez. Entonando cada parlamento con la exactitud que se requiere y permitiéndose llenar el escenario como lo hacen las grandes.
Una muy atinada escenografía, toda en blanco y cargada de simbolismos, permite un movimiento en el escenario, tanto del personaje femenino como el del silencioso verdugo. En esta ocasión la música me pareció excesiva. Es decir un acompañamiento permanente como en las películas de los años cuarenta y cincuenta. No digo que sea mala, únicamente debió dosificarse. El diseño de luces es bastante bueno, solo necesitan fósforos de mayor calidad y duración.
Enrique Valencia acertó con este texto y con esta puesta en escena. Quiere decir que va por buen camino. Ojalá no se desvíe y se permita a si mismo corregir y corregir. Estoy seguro que hará mucho por el teatro salvadoreño. No deja de sentirse la urgencia.



