Fotos y texto: Rodrigo Sura
Al unísono, el coro de las vendedoras ofreciendo su mercancía, acompañado por el fondo musical que ofrece el puesto de discos piratas, que es para Christopher, de apenas un mes de edad, su “canasúnganana, canasúnganana”. Mientras tanto, su hermana Fátima, de 7 años, realiza la tarea de ortografía en una improvisada mesa de trabajo, que comparte con unos compañeros poco usuales: paquetes de papel higiénico, detergentes y cosméticos. Todo esto sucede bajo el cuidado de su madre, Ana Carolina García, una vendedora informal que no titubea, al decir que es “un privilegio y una alegría especial, el poder ser madre”.



