Guatemala/AFP
Las autoridades de la segunda ciudad en importancia de Guatemala, Quetzaltenango, unos 206 km al oeste de la capital, inauguraron una calle en honor al poeta Otto René Castillo, un ex guerrillero torturado y asesinado durante la guerra interna (1960-1996).
"La idea es que no mueran esos pensamientos. La idea es que niños y jóvenes de hoy, mañana tengan ese norte. Ese ejemplo", afirmó el alcalde de Quetzaltenango, Rolando Barrientos, antes de develar el busto de Castillo en el marco del 76 aniversario del nacimiento del poeta.
Al acto asistieran nostálgicos revolucionarios, quienes vivieron de cerca la guerra interna de Guatemala, igual que Castillo, que tras ser herido en combate, torturado y mutilado, fue quemado vivo un 17 de marzo de 1967 en una zona militar en Zacapa, 170 km al este de Quetzaltenango.
"Yo me quedaré sin voz para que tú cantes. Yo he de morir para que tú no mueras, para que emerja tu rostro flameando al horizonte de cada flor que nazca de mis huesos", predijo Castillo en uno de sus más famosos poemas, "Vámonos patria a caminar".
El escritor de "Madre íntima", "Intelectuales apolíticos", "Nuestra voz", "Informe de una injusticia" y "Viudo mundo" vivió el exilio en El Salvador a los 18 años en 1954, tras un golpe de estado impulsado por Estados Unidos contra el ex presidente Jacobo Arbenz.
Regresa en 1958 y luego parte a Alemania a estudiar Letras en Leipzig, pero las abandona tres años después para ingresar a la Brigada Joris Ivens, un grupo de cineastas.
Nuevamente en su país, es capturado en 1965 y mandado al exilio, pero las organizaciones revolucionarias lo nombran representante de Guatemala en el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud en Argelia, por ello recorre Alemania, Austria, Hungría, Chipre, Argelia y Cuba.
En 1966 regresa al país clandestinamente, pero es herido y capturado en combate, luego quemado vivo junto con su compañera sentimental Nora Paiz.
La guerra guatemalteca dejó 200.000 muertos o desaparecidos, según un informe de las Naciones Unidas.
I
Nunca preguntéis
a un hombre
si sufre,
porque siempre
se está sufriendo
en alguna forma
y en algún camino.
Hoy,
por ejemplo,
sufro tu dolor,
patria mía,
hasta lo más alto
de mi alma.
Y no puedo
escapar,
llagado
como estoy
de tu tragedia.
Debo vivirte,
porque no he nacido
para darte
el contrapecho
de mi vida,
sino lo más noble
y provechoso que tengo:
la vida de mi vida,
la dignidad y su ternura.
II
Si alguien
sufre tanto contigo,
ese pobre hombre
tengo que ser yo,
yo que sufro tus limosneros,
tus prostitutas,
tus hambrientos,
tus asperas colonias populares,
donde tienen sus nidos
los buitresdel hambre y del frío.
Pero yo no te sufro
sólo con los ojos
abiertos,
sino con toda la herida,
tanto del alma
como del cuerpo,
porque soy, antes que nada,
el gran inconforme
que anda
debajo de la piel
de todos,
esperando su hora,
porque nadie
como los pueblos
saben,
que no se puede
renunciar jamás
a la lucha,
porque tampoco,
se puede renunciar
nunca a la victoria.



