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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Martes, 20 de Abril de 2010 / 08:40 h

Opinando sin política (582)

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Eduardo Badía Serra

El asunto del origen del universo continúa planteándole a la ciencia, y también a la filosofía y a la teología, las mayores interrogantes imaginables. Por ejempl o, la teoría de la relatividad restringida enuncia el hecho de que un cuerpo que se desplaza a velocidades cercanas a la velocidad de la luz, sufre una contracción en su longitud, (y paralelamente, hay en él una dilatación del tiempo y un aumento en su masa). Si un cuerpo alcanzara la velocidad de la luz, lo cual desde la misma teoría de la relatividad es algo imposible, su dimensión se reduciría a cero, el tiempo en él se haría infinito, y de igual forma, su masa también se volvería infinita. ¿Cómo puede concebirse que un cuerpo tan pequeño que no tiene ni siquiera dimensiones, pueda tener una masa tan enorme como infinita? La teoría de la relatividad restringida, también conocida como teoría de la relatividad especial, coloca al sentido común en la mayor de las confusiones y de las contradicciones.

Y sin embargo, es, como sabemos, una teoría aceptada por la ciencia. Si hubiera acciones físicas que pudieran transmitirse a velocidades infinitas, esto es, viajando en tiempos cero, esto destruiría la posibilidad de toda realidad material.

Por ello, la relatividad señala un límite a la velocidad de la luz, que es de 300,000 kilómetros por segundo. El que la longitud se contraiga, el tiempo se dilate y la masa también, ¿son realidades?, ¿hay sentido común en la relatividad?, ¿es, la teoría de la relatividad, una teoría revolucionaria? Pues realmente no. La teoría de la relatividad lo que hace es, no refutar la física clásica, la física newtoniana, sino profundizar los conceptos y nociones de la física newtoniana, con quien aparentemente pareciera entrar en contradicción, aunque en realidad lo único que hace es poner fronteras a los límites dentro de los cuales estos conceptos clásicos pudieran ser empleados sin entrar en falsedad.

Esta teoría de la relatividad, no sólo no entra en conflicto con el pensamiento bíblico de la Creación, sino que ayuda a comprobarlo.

Hay dos modos diferentes de investigación que permiten comprender la historia cósmica. Uno entra en los secretos del universo mediante la física y la cosmología; el otro se sostiene sobre la interpretación de la Biblia.

A pesar de que el objetivo es el mismo, las fuentes de información que utiliza cada uno son diferentes e incluso pudieran llevar aparente-mente a posiciones antagónicas. Pero este antagonismo es falso.

Una correcta comprensión tanto de la física y de la cosmología como de la tradición bíblica muestra que los primeros capítulos del libro del Génesis y los descubrimientos de la moderna cosmología se sostienen mutuamente y se admiten y corresponden.

¿Cómo puede afirmarse tal cosa?
Gerald L. Schroeder, físico del Massachusetts Institute of Technology, y eminente teólogo a la vez, lo demuestra en su libro Génesis y Big Bang, un extraordinario paralelo entre ciencia y religión. Sostiene Schroeder que la discrepancia entre la edad bíblica del universo, fijada en 5,700 años, y la estimación científica de 15,000 millones de años son por completo coincidentes.

La Biblia dice que Dios se tomó seis días para formar la humanidad de los materiales producidos al momento de la creación; la cosmología actual sostiene, por su lado, y demuestra además, que la naturaleza ha empleado esos 15,000 millones de años para obtener el mismo resultado. Ello quiere decir que un día del Génesis equivale a tres mil millones de años cosmológicos.

La explicación: Dios mide el tiempo en términos de humanidad, mientras los científicos de la cosmología lo hacen en términos de la relatividad. Viajando a velocidades cercanas a las de la luz, como lo hicieron las primeras partículas originadas por el Big Bang, el tiempo, como hemos dicho, se dilata; viajando a nuestras velocidades humanas, el tiempo se acorta.

Si ambas posiciones midieran bajo el mismo sistema, sus duraciones serían idénticas. El tiempo, en nuestra vida cotidiana, es, podríamos decir, constante, no así en la vida de las primeras partículas del Big Bang.

Contraigamos el tiempo a nuestras propias mediciones, y entonces, seis días de la Creación serán equivalentes a 15,000 millones de años cosmológicos. El sentido común nos dirá ¡no! Pero el sentido común es enemigo de la relatividad, y esta es una teoría aceptada y comprobada empíricamente, y por lo tanto, científicamente no rechazable.

La Biblia habla con el lenguaje del hombre... ...¡por necesidad!, dice Schroeder. La ciencia habla con el lenguaje de la relatividad…….

Es cuestión de lenguaje, de formas de expresión, pero en el fondo no hay diferencia.
El hecho es que, hablando en serio, seis días del Génesis equivalen a esos 15,000 millones de años en el origen y desarrollo del universo.

Es interesante el libro de Schroeder. Recomiendo su lectura, para aquellos que creen, y también para los que no.

A lo mejor esa lectura les hace creer, que es lo más importante.
Por eso, yo digo: Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda! Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

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