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Lunes, 19 de Abril de 2010 / 08:58 h

19 y 13 de abril en la historia de Venezuela, 1810 y 2002

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Wladimir Ruiz Tirado

El mes de abril es emblemático en la historia de Venezuela por tener dos fechas que han marcado la misma. Nos referimos al 19 de ese mes del año 1810, cuando en una magna gesta patriótica, los “blancos criollos” o “mantuanos, acompañados de otros sectores de la sociedad colonial de ese entonces,  protagonizaron la primera gesta autonómica victoriosa en suelo patrio ante el oprobioso imperio español. Y, la segunda, de más reciente data, el 13 de abril de 2002, teniendo al pueblo venezolano como sujeto revolucionario, en alianza con la oficialidad de nuestras fuerzas armadas, se restituye en el gobierno al presidente Hugo Chávez Frías, quien había sido derrocado de manera cruenta por una gran alianza opositora tutelada por el imperialismo estadounidense americano.

En ambos casos, hay que decir que estos acontecimientos tuvieron antecedentes previos, los cuales fueron factores propiciatorios de tales eventos. Tanto en uno como en otro caso, el contexto histórico de sus respectivas épocas, como la pugna entre los sectores sociales en pugna, encontraron una resolución de conflictos latentes y acumulados desde muchos años atrás.

En el preludio del proceso independentista venezolano encontramos dos grandes rebeliones contra el imperio español en América. Una, la de Túpac Amarú (José Gabriel Condorcanqui) en 1780, mediante una gran sublevación extendida en toda la sierra peruana y es proclamado como rey con el nombre de José I. Ésta fue derrotada, Túpac ejecutado y desmembrado. La otra, casi simultánea (1781) con la anterior, fue la Rebelión de los Comuneros del Socorro, liderada por José Antonio Galán, cuyas consignas contra el rey español y sus impuestos lograron integrar un vasto movimiento que llegó inclusive a las provincias venezolanas de Mérida y Barinas. 

En lo atinente a Venezuela,  el primero de los casos antes mencionados, el 19 de abril de 1810, no fue sino la culminación de una larga lucha autonómica e independentista emprendida, no sólo por los “mantuanos”, sino, además, por otros actores de la sociedad colonial que pujaban además por sus intereses particulares como clases sociales.

Fueron mucho los movimientos a lo largo de siglos de dominio imperial. Algunos propiciados por esclavos que buscaban liberarse de sus amos, otros por hacendados que se quejaban de los excesivos impuestos que imponía el Estado español y, los más cercanos a la fecha en cuestión, con programas y motivaciones de mayor acento político y autonómico.

Entre estos últimos podemos citar tres que son simbólicos. El primero de ellos en Coro, en 1795, fue la gran rebelión liderada por José Leonardo Chirinos, quién al tanto de las movilizaciones libertarias en Haití, agrupó a esclavos, libertos y mestizos en una franca confrontación contra los blancos, tanto españoles como criollos. Esta rebelión fue ahogada en sangre, pero, de hecho, quedó sembrada en la conciencia popular, como una referencia fuerte para otros momentos.

En 1797 ocurre la llamada conspiración de Manual Gual y José María España, dos criollos con intención definida de declarar la independencia de Venezuela y abolir las distinciones de clase Contaban con el apoyo de sectores diversos: oficiales, artesanos, comerciantes, funcionarios, campesinos, pescadores, entre otros. Este movimiento de carácter republicano e igualitario fue descabezado, una vez descubiertos sus jefes fueron ejecutados por el gobierno español.

En orden de importancia, en lo que atañe a los objetivos independentistas en Venezuela, fue Francisco de Miranda, quién en 1806 emprende una expedición desde los Estados Unidos de América, con escala en la recién liberada Haití, y dirigida a la liberación de Venezuela. Dicha expedición, luego de un intento fallido de desembarco en las costas de Ocumare, finalmente logra hacerlo en Coro meses después. Miranda izó por primera vez lo que es hoy la bandera tricolor nacional en el buque Leandro y dirigió proclamas a los pobladores. Al no encontrar apoyo retorno a Inglaterra en la búsqueda de internacionales para su empresa libertaría.

La disputa por la hegemonía entre los imperios británicos, franceses, portugueses y españoles,  entre los siglos XVIII y XIX , ocasiona cismas, no sólo entre ellos, sino además, en caso del español, entre éste y sus colonias, hechos que fueron factores coadyuvantes en los desenlaces posteriores de la lucha independentista americana. La invasión napoleónica a España en 1808 originó una severa crisis en los mecanismos de dominación política, tanto al interior de España al quedar sin Rey, como en sus colonias, las cuales comenzaron a plantearse la forma de asumir el control del poder político.

La vieja disputa entre hacendados y comerciantes criollos con el funcionariado de la corona española se puso de manifiesto al solicitar los primeros participación en la junta de gobierno que actuaría en representación del depuesto rey. Comienza la denominada conspiración de los mantuanos de 1808, la cual tuvo como finalidad concretar ese objetivo, pero, además, con  propósito definido de tener el control de la misma.

No fue sino hasta el 19 de abril de 1810 cuando estas contradicciones comienzan a tener una resolución favorable a los intereses de los “blancos criollos” o “mantuanos”. El contexto se prestaba para eso, la invasión francesa a España, la imposición de un rey “ilegítimo”, la existencia de un Consejo de Regencia fundado inconsultamente a espalda de las provincias coloniales y el vigor y la fortaleza de la clase criolla dominante, la cual, inclusive había adquirido la prerrogativa de ejercer, no sólo el poder en las alcaldías, sino, además, interinamente el cargo de Capitán General.

Fue así como, en esa emblemática fecha del proceso histórico venezolano, apoyándose en otros sectores del pueblo, como artesanos; pardos; oficiales; curas; médicos; entre otros, con los “criollos” a la cabeza, sacaron del país a Vicente Emparan y asumieron la constitución de la Junta Suprema Defensora de los Derechos del Rey.

Decía su proclama: “La Regencia no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción sobre estos países, porque no ha sido constituida con los votos de estos fieles habitantes, cuando han sido ya declarados no colonos, sino parte integrantes de la Corona Española, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina…”

No fue sino hasta un año después cuando se logró la declaratoria definitiva de independencia, pero, es indudable que el antecedente antes descrito apuntaló la posición de poder y de creciente autonomía que adquirieron las filas patrióticas de ese entonces. Aunque la lucha por el logro independentista fue largo y cruento, el 19 de abril de 1810 quedó en el imaginario venezolano como uno de sus antecedentes más importantes.

La segunda fecha que resaltamos como hito en la historia republicana y anticolonial es la correspondiente al 13 de abril de 2002. Una insurrección del pueblo de Venezuela, incluidas sus fuerzas armadas patrióticas, dieron al traste con una dictadura que, no por  breve, había socavado la legitimidad democrática de nuestro régimen político, sino que había secuestrado al presidente Hugo Chávez y cancelado las principales instituciones consagradas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Coincidieron alrededor de los objetivos golpistas una gran alianza, nunca antes conocida en nuestro devenir, diversos actores, nacionales e internacionales, coaligados entre sí, con el fin expreso de desconocer el mandato del pueblo. FEDECAMARAS y la CTV; los partidos de la derecha en su amplio espectro; el generalato del alto mando; la oligarquía mediática; jerarcas del alto clero; y, desde luego, el inefable tutelaje del gobierno americano del norte.

A diferencia de abril de 1810, cuyo signo fue de carácter patriótico,  éste contragolpe popular del 13 de abril de 2002 estuvo cargado de una clara conciencia anti oligárquica y antiimperialista. El pueblo venezolano, agolpado en una marejada humana en las puertas del Palacio de Miraflores y en los cuarteles impidió los propósitos antinacionales y antipopulares de la referida alianza. Quedará como una impronta de nuestra historia esta magna gesta que en estos días celebramos como una victoria de profundo contenido popular.

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